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Resumen

La disciplina de la Iglesia es el proceso, ordenado por Cristo mismo, por el cual una congregación local confronta el pecado no arrepentido de uno de sus miembros —primero en privado, luego con testigos, y finalmente ante toda la congregación— con el objetivo de restaurar al hermano, no de castigarlo. Si el pecador persiste sin arrepentirse, el paso final es la exclusión de la membresía y de la mesa del Señor, tratándolo “como al gentil y al recaudador de impuestos” (Mat. 18:17) — es decir, dejando de reconocerlo como miembro creíble del cuerpo, sin que eso signifique dejar de amarlo o buscar su restauración.

Es una de las tres marcas clásicas de una iglesia verdadera junto con la predicación fiel de la Palabra y la correcta administración de los Sacramentos (Confesión Belga, Art. 29; ver Iglesia). Heidelberg la llama, junto con la predicación, una de las “llaves del reino de los cielos”: ambas “abren” el reino cuando se predica el evangelio y se ejerce la disciplina cristianamente, y lo “cierran” cuando se declara, conforme al testimonio del evangelio, que determinada persona no tiene parte en el reino de Cristo mientras no se arrepienta (Heidelberg, P. 83, 85). La Confesión de Fe de Westminster subraya que su propósito es triple: “para la corrección y ganancia del hermano ofensor, para conservar a otros de cometer ofensas semejantes… y para recuperar el honor de Cristo” (CFW XXX) — nunca la venganza ni la humillación por sí mismas.

Bases bíblicas

  • Mateo 18:15-17 — el proceso mismo: a solas, con testigos, ante la iglesia, y como último recurso, tratarlo como quien está fuera.
  • 1 Corintios 5:1-5, 11-13 — Pablo ordena excluir de la comunión al hermano que persiste en inmoralidad flagrante y no se arrepiente: “quiten al malvado de entre ustedes mismos”.
  • Gálatas 6:1 — “si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en espíritu de mansedumbre”.
  • 2 Tesalonicenses 3:14-15 — apartarse del hermano desordenado sin dejar de amonestarlo “como a hermano”, no como a un enemigo.
  • Tito 3:10 — el hombre que causa divisiones, tras una y otra amonestación, debe ser evitado.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Libros — “Disciplina correctiva en la iglesia”

Libro — “La gloria de una verdadera iglesia”

Curso de membresía de esta iglesia