Creemos que nadie debe apartarse por sí solo y contentarse con estar aislado, sino que todos juntos deben guardar y mantener la unión de la Iglesia, y someterse a la enseñanza pública y al yugo de Jesucristo, dondequiera que Dios haya establecido un verdadero orden de Iglesia, aun cuando los magistrados y sus edictos le sean contrarios. Porque si no toman parte en ella, o si se separan de ella, obran contra la Palabra de Dios.