Disciplina correctiva en la iglesia
El medio de gracia olvidado y descuidado1
- Introducción
Efesios 4:7-17 contiene una de las declaraciones más claras que se encuentran en toda la Escritura con respecto al hecho de que el crecimiento espiritual del creyente individual ocurre en el contexto de la vida corporativa de la iglesia. En otras palabras, el diseño de Dios para Su pueblo no es que sean “lobos solitarios”.
Dentro del marco de una iglesia que funciona como un cuerpo coordinado y bien nutrido, Dios ha colocado una actividad que ha llegado a ser designada como “disciplina eclesiástica”. Cualquier lector de estas páginas que pertenezca a una iglesia bíblicamente ordenada, lo más probable es que haya oído que, como uno de los resultados de la Reforma Protestante, se llegó a un acuerdo general en cuanto a que existen tres marcas innegables de una verdadera iglesia de Cristo. Esas marcas son: la predicación fiel de la Palabra de Dios, una visión y práctica correcta de los sacramentos (el bautismo y la Cena del Señor), y el ejercicio fiel de la disciplina eclesiástica2.
Sin embargo, debido a los abusos que han marcado periódicamente la práctica de la disciplina eclesiástica, el mismo término suele atraer sobre sí una nube oscura y amenazante de pensamientos negativos. Para muchos, el término evoca imágenes de inquisiciones, encarcelamientos, hogueras y otras actividades crueles y deshumanizantes. Para disipar esta nube de negatividad, puede ser útil ofrecer una definición amplia de lo que entendemos por “disciplina” en general, y luego abordar el tema bajo dos categorías principales: Disciplina Formativa y Disciplina Correctiva.
A. Una definición
En su sentido más amplio, la palabra disciplina simplemente significa entrenamiento. Como alguien ha observado acertadamente: “La disciplina implica instrucción y corrección; es el entrenamiento que mejora, moldea, fortalece y perfecciona el carácter.”3 Las Escrituras asumen, y afirman explícitamente, que todo hijo de Dios anhela ser conformado a la semejanza moral del Señor Jesucristo (Mateo 5:6; Romanos 7:15-25; 1 Juan 2:15-17). Con este propósito, el verdadero creyente desea beneficiarse de todos los medios ordenados por Dios que contribuyan a la perfección de su carácter, conforme al modelo de su Señor (1 Juan 2:6; Romanos 8:29).
B. Disciplina formativa
Existen otros libros y folletos que identifican e instruyen acerca de algunos de los medios que Dios ha ordenado para nuestra maduración, los cuales constituyen lo que se conoce como disciplina formativa. Me refiero a cosas como un compromiso pactado con la membresía en una iglesia confesional y ordenada bíblicamente, junto con una determinación de participar plenamente en la vida y el ministerio de esa iglesia (Hechos 2:42). También me refiero a la lectura seria de la Biblia, la oración privada, y a otras disciplinas esenciales para el crecimiento espiritual personal en la gracia.
Estas cosas, entre muchas otras, constituyen los “dedos” de Dios mediante los cuales Él nos moldea y conforma a la imagen de Su Hijo. Por esta razón, es útil considerar estas actividades como la disciplina formativa (entrenamiento) de Dios para con Sus hijos. Ignorar o descuidar el compromiso con cualquiera de ellas impedirá, en cierta medida, la obra moldeadora de Dios en nuestras vidas. Cuanto más participemos y nos beneficiemos de las disciplinas formativas —por el poder habilitador del Espíritu Santo—, menor será la necesidad de aquellas actividades que están relacionadas con lo que aquí denominamos disciplina correctiva.
C. Disciplina correctiva
Es un hecho generalmente reconocido que uno de los pecados más grandes de las iglesias en nuestros días es su fracaso en ejercer la necesaria y bíblicamente estructurada disciplina correctiva. He escrito este folleto con el propósito de cambiar esa dolorosa realidad. Al tratar de captar las principales líneas de verdad bíblica sobre este tema crucial, consideraremos cuatro categorías en la enseñanza bíblica respecto a la disciplina correctiva en la iglesia:
Footnotes
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Medios de gracia – instrumentos que Dios se complace en usar para llevar a cabo la salvación y la santificación en los corazones de los hombres: la predicación de la Palabra, la lectura y el estudio de la Biblia, la oración, el bautismo, la Cena del Señor, la comunión piadosa y la disciplina eclesiástica. ↩
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Las marcas por las cuales se conoce la verdadera iglesia son estas: si en ella se predica la pura doctrina del evangelio; si mantiene la administración pura de los sacramentos tal como fueron instituidos por Cristo; si se ejerce la disciplina eclesiástica para la corrección del pecado; en resumen, si todas las cosas se conducen conforme a la pura Palabra de Dios, se rechaza todo lo contrario a ella y se reconoce a Jesucristo como el único Cabeza de la iglesia. Por estos medios se puede conocer con certeza la verdadera iglesia, de la cual ningún hombre tiene derecho a separarse. (Confesión Belga, Artículo 29: De las marcas de la verdadera iglesia…, 1561). ↩
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Everett F. Harrison (Editor-in-Chief), Baker’s Dictionary of Theology (Grand Rapids, Michigan: Baker Book House, 1969), 167. ↩