Cristo también ha dado a su Iglesia la autoridad de recibir y excomunicar a cualquier miembro, y este poder es dado a cada congregación y no a una persona en particular, sea miembro u oficial, sino a la totalidad de la Iglesia.
Hch. 2:47; Rom. 16:2; Mat. 18:17; 1 Cor. 5:4; 2 Cor. 2:6-8.