
Introducción
En esta sesión ahondaremos en el tema de la disciplina de la Iglesia y concluiremos que es un medio de gracia, protección y bendición sumamente benéfico para todo creyente.
Recordemos que todo discípulo de Jesús y miembro de su iglesia ha sido comisionado por Dios como embajador o representante del Reino de los Cielos. Esto conlleva la gran responsabilidad y el enorme privilegio de proclamar el mensaje del Evangelio y de reflejar fielmente el carácter de Cristo ante las naciones.
Pero ¿Qué sucede cuando un miembro de la iglesia representa abiertamente de forma incorrecta a Jesús? La Escritura nos enseña que en esos casos, la iglesia debe ejercer la autoridad que Dios le ha delegado y disciplinar a ese creyente con el propósito de restaurar su comunión con el Señor y su testimonio cristiano ante el mundo.
Cinco preguntas que intentaremos contestar el día de hoy:
- ¿Qué es la disciplina de la Iglesia?
- ¿Por qué es necesaria?
- ¿Cuándo debe aplicarse?
- ¿Qué repercusiones trae?
- ¿Cómo debe aplicarse?
1. ¿Qué es la disciplina de la iglesia?
En términos generales, la disciplina de la iglesia es una parte del proceso de discipulado, en la cual se intenta corregir el pecado no arrepentido y se dirige al discípulo a la senda de Cristo.
Ser discipulado incluye también, entre otras cosas, ser disciplinado. Así como un profesor de matemáticas explica su lección y luego corrige los errores de sus estudiantes, así también un cristiano es instruido con la Palabra de Dios y corregido con la verdad bíblica continuamente. Esto debe suceder continuamente a través de los múltiples contextos donde se enseña la Palabra de Dios (sermones dominicales, grupos de casa, discipulados, consejerías, etc.) y donde el Espíritu Santo utiliza alguna verdad en particular para instruirnos en algo, para darnos convicción de pecado y/o corregirnos de alguna manera específica.
Cuando algún hermano está practicando algún pecado sin arrepentimiento y no atiende la voz del Señor a través de la predicación de la Palabra de Dios o las exhortaciones de otros creyentes basadas en la Biblia, el Señor llama a la Iglesia a iniciar con él un proceso de disciplina.
Esto se nos enseña claramente en Mateo 18.15-18, veamos el pasaje:
15 »Si tu hermano peca, ve y repréndelo a solas; si te escucha, has ganado a tu hermano. 16 Pero si no te escucha, lleva contigo a uno o a dos más, para que toda palabra sea confirmada por boca de dos o tres testigos. 17 Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos. 18 En verdad les digo, que todo lo que ustedes aten en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desaten en la tierra, será desatado en el cielo.
Mateo aquí nos ayuda a ver qué si uno de los miembros de la Iglesia está caminando abiertamente en pecado y otro creyente está consciente de ello:
- Este debe ir y reprenderlo a solas y llamarlo al arrepentimiento. (v.15)
- Si el hermano(a) no se arrepiente, el Señor nos pide que llevemos a 2 o 3 hermanos para que en conjunto, el creyente impenitente sea confrontado y llamado al arrepentimiento; (v.16)}
- Si el hermano(a) se niega a arrepentirse, el pasaje nos llama decirle a la iglesia, la cual a su vez le llama al arrepentimiento.
- Finalmente, si insiste en su pecado, la iglesia debe retirarle la membresía (si aplica) y a tratarlo como a un no creyente (v.17). Al hacer esto, la iglesia está declarando que ya no puede afirmar la profesión de fe de esa persona y por ello le prohíbe participar de varios medios de gracia.
Recuerden que ser miembro de la iglesia significa ser un representante de Jesucristo, la disciplina, por lo tanto, es el curso de acción apropiado cuando una persona está mal representando gravemente al Señor y rehúsa arrepentirse de ello.
2. ¿Por qué es necesaria la disciplina?
A continuación, exploraremos cinco propósitos fundamentales de la disciplina de la iglesia, todos orientados hacia un mismo fin. estos propósitos se encuentran en 1 corintios 5:1-13, otro pasaje del nuevo testamento que nos brinda una explicación clara sobre la importancia de esta práctica.
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La disciplina pretende exponer y extirpar el pecado dentro del cuerpo de Cristo (1 Cor 5:1-2). El pecado como el cáncer, tiende a ocultarse, por lo que la disciplina lo expone a la luz para que pueda ser tratado y removido lo antes posible para que así el cuerpo de Cristo sea restaurado.
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La disciplina pretende advertir al impenitente de la realidad del juicio de Dios (1 Cor 5:5). Una iglesia no ejecuta el juicio de Dios a través de la disciplina; más bien, lleva a cabo una acción que en menor escala, pero en apego a la verdad de la Palabra de Dios, representa el gran juicio venidero en el cual todo hombre dará cuentas ante Dios por la forma en la que respondió a Jesús.
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La disciplina se aplica con el fin de salvar al impenitente (1 Cor 5:5). Las iglesias recurren a la disciplina cuando ven a un miembro tomar la senda que lleva a la muerte, y por más súplicas que le presentan no logran que la persona se vuelva de ese camino. Es la opción de último recurso que pretende traer bendición y rescate a la vida de un hermano(a) en la fe.
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La disciplina tiene la finalidad de proteger al cuerpo de Cristo (1 Cor 5.6). Así como el cáncer se propaga de una célula a otra, así también el pecado tiende a propagarse con rapidez de una persona a otra. Un miembro de la iglesia que está caminando en abierta rebeldía para con Dios puede contagiar a otros y tentarlos a hacer lo mismo, por lo que Dios instituyó este medio para proteger a sus hijos del daño del pecado.
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La disciplina de la Iglesia tiene el objetivo de preservar en la Iglesia un buen testimonio de Cristo. Por extraño que parezca, la disciplina de la iglesia es buena incluso para los no cristianos, porque ayuda a conservar todo aquello que hace atractivo y que distingue al pueblo de Dios (1a Cor. 5:1). En otras palabras, la disciplina le permite a la iglesia y a sus miembros cumplir con su función de ser sal y luz en el mundo.
Al fin de cuentas, toda disciplina es un acto de amor; amor por Cristo, amor por el individuo, amor por la iglesia y amor por el mundo que observa. Una Iglesia que se detiene de aplicar disciplina a uno de sus miembros pretendiendo extender amor o compasión por la persona impenitente, está en realidad perjudicando a la persona ya que la priva de lo que el Señor mismo estableció para su bien.
Dios nos ama y sabe que la disciplina produce vida, crecimiento y salud: “pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de su santidad” (Heb. 12:10). Ciertamente es dolorosa, pero por la gracia de Dios, produce un fruto dulce en nuestras vidas.
10 Porque ellos nos disciplinaban por pocos días como les parecía, pero Él nos disciplina para nuestro bien, para que participemos de Su santidad. 11 Al presente ninguna disciplina parece ser causa de gozo, sino de tristeza. Sin embargo, a los que han sido ejercitados por medio de ella, después les da fruto apacible de justicia.
3. ¿Cuándo debe aplicarse la disciplina de la iglesia?
La respuesta breve es que una iglesia debe iniciar un proceso de disciplina cuando un hermano(a) está practicando algún pecado sin arrepentimiento. Los miembros de la iglesia deben desarrollar la habilidad de confrontar naturalmente el pecado entre ellos, de manera que llenos de amor y gracia puedan ser los instrumentos que Dios envía y utiliza, para salvar y proteger a sus hijos del daño terrible del pecado.
Esto no significa que hay que levantar el garrote y tupirle a un hermano cada vez que comete la menor infracción, recordemos que los creyentes somos llamados a soportarnos unos a otros y a ser pacientes los unos con los otros. Someter a algún hermano(a) a un llamado al arrepentimiento debe ser un proceso cuidadoso, lleno de oración, observación objetiva, investigación amorosa y espera paciente que nos permita cerciorarnos que el pecado en cuestión es grave, y que es un patrón y no un suceso aislado.
Pero ¿Cuándo debe aplicarse formalmente la disciplina de la Iglesia? La disciplina formal de toda la congregación, por medio de los ancianos de la iglesia local, está reservada para aquellos pecados de tal significancia que la iglesia ya no puede afirmar la profesión de fe de una persona. Tal vez el creyente continúa llamándose cristiano, pero por la naturaleza de su patrón de pecado no arrepentido, sus palabras ya no tienen credibilidad.
Por eso la iglesia local le retira su afirmación pública de membresía, le prohíbe participar del sacramento de la Cena del Señor y le niega el acceso a ciertos contextos de comunión.
En otras palabras, se puede decir que la disciplina formal de la iglesia se requiere en casos de pecado que, en base a lo establecido en la Palabra de Dios, es externo, grave y reincidente. Analicemos brevemente cada uno de estos aspectos:
- Un pecado debe tener una manifestación externa, y no debe ser sólo una sospecha; por ejemplo, que hay avaricia u orgullo en el corazón de alguien. Debe ser algo concreto que puede ser visto con los ojos o escuchado con los oídos, no por una suspicacia.
- El pecado debe ser grave. No a todo pecado se le debe aplicar la disciplina formal de la iglesia. En la vida de toda iglesia, debe haber lugar para practicar el amor que “cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8). Ni siquiera Dios nos disciplina cada vez que pecamos.
- Debe tratarse de un pecado persistente o reincidente, del cual la persona no se ha arrepentido. Esto significa que la persona involucrada ha sido confrontada con los mandamientos de la Palabra de Dios, y aun así rehúsa abandonar su pecado. A todas luces, la persona demuestra que valora más su pecado que a Jesús.
Es importante saber que existen algunos casos en los que la persona puede pedir perdón y afirmar que está arrepentida, y aún así la iglesia puede legítimamente aplicar la disciplina de la iglesia en la vida de esa persona. Esto pudiera ser necesario cuando, por alguna razón, la iglesia no puede creer las palabras de esa persona.
Quizá la persona se ha caracterizado por mentir habitualmente, o quizá el pecado es tan deliberado (por ejemplo un patrón de abuso por largo tiempo o un homicidio con premeditación, alevosía y ventaja), o tan horrible que las palabras de disculpa que se dicen rápidamente no pueden ser creídas.
Esto no significa que tales pecados no puedan ser perdonados, sino que se debe dejar pasar cierto tiempo para que el fruto de arrepentimiento sea demostrado, antes de que una iglesia pueda responsablemente afirmar la membresía de esa persona y permitirle participar del sacramento de la Cena del Señor o de algunos otros medios de comunión. Por otro lado, cuando una iglesia se convence de que una persona está genuinamente arrepentida, no debe proceder a aplicarle la disciplina formal de la iglesia.
4. ¿Qué repercusiones trae la disciplina de la iglesia en la vida del creyente?
Y ¿Qué sucede en la vida de un creyente cuando es disciplinado y se le retira su membresía de una iglesia local? Cuando un creyente es sujeto a un proceso formal de disciplina se está haciendo objeto de una reprensión espiritual impuesta por la iglesia local a la que pertenece, una reprensión que trae consecuencias dolorosas a su vida.
Lo primero que sucede en la vida de un creyente que es sometido a un proceso de disciplina es que es visto por parte de la congregación como “un gentil o un recaudador de impuestos” (Mt 18.17); es decir es tratado como un no creyente, lo que implica que le es retirada su membresía de la iglesia y por ende pierde la plenitud de su comunión con los otros miembros del cuerpo de Cristo.
Esta acción es dolorosa para la persona, ya que pierde el beneficio de vivir la riqueza de la vida de la Iglesia, lo que directamente afecta su vida espiritual y su gozo en el Señor. Cabe mencionar que el impenitente puede seguir asistiendo a los servicios dominicales sin participar del sacramento de la Cena del Señor, esto con la intención de que siga escuchando el Evangelio con la esperanza de que reconozca su rebeldía y proceda al arrepentimiento.
En segundo lugar, podemos mencionar que al creyente impenitente se le retira la cobertura espiritual que le brinda la iglesia local y se le da, en cierta manera, libertad al diablo para que lo aflija y dañe (“EXPULSEN AL MALVADO DE ENTRE USTEDES”, 1 Cor 5:5). Esto puede generar un daño severo y doloroso en su vida, que también tiene el objetivo de hacerlo recapacitar a fin de que vuelva al arrepentimiento (2 Cor 7.8-10), su relación con Cristo sea restaurada y su vida entera sea renovada y enriquecida de nuevo por la gracia inagotable de Dios.
5. ¿Cómo se aplica la disciplina de la iglesia?
Como vimos anteriormente, Mateo 18.15-17 describe el proceso de disciplina de la iglesia como algo que avanza de menos a más. Un proceso que sencillamente se puede explicar en 4 pasos:
- Un creyente, que está consciente del pecado de otro hermano en la fe, lo confronta en privado invitándolo al arrepentimiento. Esto debe ser llevado a cabo en el espíritu de mansedumbre y de primero examinarse a sí mismo como lo marca Gálatas 6:1 y Lucas 6:41-42
- DEBEMOS ser pacientes y amorosos tal y como el Señor Jesús ha sido con nosotros, y esperar a que el hermano(a) se arrepienta.
- Si el hermano(a) se arrepiente, el proceso finaliza en este punto y no hay más que buscarle a la situación. Pasar del paso 1 al 2 conlleva tiempo (meses).
- Si después de un tiempo razonable, el creyente confrontado no responde en arrepentimiento, el hermano que lo confrontó debe invitar a otros 2 o 3 creyentes a que juntos confronten al hermano impenitente y le llamen al arrepentimiento. Usualmente en Gracia Soberana Orizaba es en este paso en donde se involucra a alguno de los pastores de la iglesia.
- Si después de esto, el hermano confrontado aún no da muestras de un genuino arrepentimiento en un periodo de tiempo razonable, se debe llamar a la iglesia (o a una muestra representativa de la iglesia local, regularmente el grupo de miembros oficiales o quizá miembros de su grupo de casa), para que este hermano sea confrontado públicamente y así reflexione y proceda al arrepentimiento. En el caso de Gracia Soberana Orizaba, para proceder a este paso y al siguiente, es necesaria la intervención del liderazgo de la Iglesia.
- Si este hermano rehúsa arrepentirse entonces debe ser excomulgado formalmente y anunciado publicamente a la iglesia. Esto significa que a partir de ese momento deberá ser tratado como un no creyente. La excomunión significa que se le retira la membresía de la iglesia, se le pide que se abstenga de participar de la Cena del Señor y se le restringe su participación en algunos contextos de comunión con otros creyentes.
La mayor de las veces los procesos de disciplina deben avanzar lentamente, como cuando un miembro demuestra interés en luchar contra su pecado. Otras veces, el proceso de disciplina necesita acelerarse, como en 1ª Corintios 5 donde el pecado de ese hombre era flagrante y sin ninguna señal de arrepentimiento. Cabe mencionar que dependiendo del caso, lo que se trata es darle al hermano tiempo y espacio suficiente que le permita reflexionar a lo que se le ha traído y responder a ello dando frutos dignos de arrepentimiento. La meta es que el Espíritu Santo opere en el creyente confrontado, trayendo convicción de pecado y arrepentimiento genuino.
Además, no es solamente la naturaleza del pecado lo que debe ser considerado, sino la naturaleza del pecador mismo. En palabras simples, diferentes clases de pecadores requieren diferentes estrategias para ayudarlos a tratar con su pecado (ver 1ª Tes. 5:14). La iglesia debe ser un lugar en donde el creyente que ha caído en alguna trampa de pecado pueda caminar un proceso de restauración en un ambiente de aliento, soporte y paciencia.
Los miembros de la iglesia con frecuencia se preguntan cómo interactuar con el hermano que ha sido disciplinado por medio de la excomunión. El Nuevo Testamento trata con este asunto en varios pasajes, como 2ª Tes. 3:6, 14-15; 2ª Tim. 3:5; Tito 3:10. Debemos tener cuidado de no perder de vista el objetivo de la disciplina que es que el hermano sea restaurado por medio del arrepentimiento. El objetivo no es castigarlo, sino restaurarlo. Creemos que el consejo bíblico sería que el temor general de nuestra relación con un miembro disciplinado debe cambiar notablemente. Nuestras interacciones con él o ella deben dejar de ser pláticas sociales, casuales o superficiales; más bien, deben ser conversaciones intencionales de advertencia y convencimiento de un llamado al verdadero arrepentimiento, todo en una actitud de mansedumbre y mirándonos a nosotros mismos.
Por último, ¿El hermano excomulgado pierde acaso su salvación? Si es un creyente genuino atrapado en el pecado definitivamente no pierde su salvación, como es en el caso del hombre de 1ª Corintios 5, vemos que fue restaurado en 2ª Cor 2:3-11.
La disciplina de la Iglesia no tiene el poder para condenar a una persona, esa autoridad le pertenece solamente a Cristo (Rom 9.15-16). Sin embargo, también es posible que la persona en disciplina no haya sido un creyente genuino y debe ser nuestra intención que en su caso el proceso le ayude a entregarse a Cristo en arrepentimiento verdadero para salvación.
¿Puede ser restaurado un miembro en disciplina?
¡Claro que sí! De principio a fin toda la intención del proceso de disciplina de la iglesia es la restauración del creyente. En el momento en que este hermano reconoce su pecado y se arrepiente de su falta es completamente restaurado a su comunión con la iglesia local.
Una vez que una iglesia ha decidido restaurar a un miembro arrepentido a su comunión y a la participación del sacramento de la Cena del Señor, no debe haber ni debe mencionarse un período de prueba, ni un trato diferente hacia esa persona. Más bien, la iglesia debe públicamente afirmar el perdón que Cristo le ha otorgado y reflejar esa asombrosa realidad en toda conversación y trato hacia ella. Es decir, se olvida la falta y se abre un capítulo nuevo en la vida del creyente donde se celebra el amor y la gracia de Dios para con él.
Conclusión
El compromiso de una iglesia local de ejercer un proceso de disciplina a sus miembros, es en realidad una de las cosas más amorosas que puede hacer por ellos. Ya que refleja un compromiso del liderazgo de la Iglesia con la gloria de Cristo ante las naciones y con la salud espiritual real de las ovejas que le han sido encomendadas por Dios mismo.
Las iglesias locales que en amor y fe buscan íntegramente la salud espiritual de sus congregantes, no sólo practicarán la disciplina de la Iglesia, sino que serán instrumentos que formarán discípulos que reflejen cada vez más la imagen de Jesús ante el mundo teniendo así un mayor impacto en su comunidad para la gloria de Dios.
Preguntas de discusión
- ¿Qué es lo primero que se te viene a la mente cuando escuchas el término “la disciplina de la Iglesia”?
- ¿Por qué es importante enseñar acerca de este tema y más aún, de ejercer esta práctica bíblica en la Iglesia local?
- ¿Qué beneficios obtiene una persona al ser sometida a un proceso de disciplina?
- ¿Cuentas con algun hermano(a) que tenga la libertad de “hablar a tu vida” (de someterte alguna observación o confrontarte amorosamente con algún pecado)? Si no a alguien ¿Por qué? ¿A quién podrías invitar?
- ¿En qué tipo de casos crees que sea necesario que el liderazgo de la Iglesia intervenga para amorosa y formalmente disciplinar a un miembro de la iglesia? ¿Qué beneficio habrá en ello?
- Lee el Salmo 103:8-14 y responde, ¿Por qué será importante que el trato congregacional para con el hermano arrepentido refleje la gracia y el perdón que Dios le ha otorgado? ¿Cómo se ve prácticamente ese trato?