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Resumen

La santidad de Dios es Su separación absoluta de todo pecado y Su trascendencia total por encima de toda la creación — es el único atributo que la Escritura repite tres veces seguidas para enfatizarlo (“santo, santo, santo”, Is. 6:3; Ap. 4:8), algo que no ocurre con ningún otro atributo divino. Tiene dos sentidos complementarios: separación (Dios es absolutamente distinto de la creación, moralmente puro, sin mancha de pecado) y consagración (Dios aparta para Sí lo que declara santo). Por eso la santidad no es solo uno más entre los atributos comunicables — con frecuencia se describe como el atributo que cualifica a todos los demás: el amor de Dios es un amor santo, la justicia de Dios es una justicia santa, la ira de Dios es la reacción justa de un Dios santo ante el pecado.

Es la santidad de Dios la que hace que el pecado sea un problema tan grave: no se trata de romper reglas arbitrarias, sino de ofender directamente el carácter de un Dios que “no puede tener ninguna relación con el pecado” (como se predicó en la serie de 1 de Juan, a partir de 1:5). Precisamente por esto, la santidad de Dios explica tanto la necesidad de la Propiciación como la gravedad del llamado del creyente a ser santo, “porque Yo, el Señor su Dios, soy santo” (Lv. 11:44-45).

Bases bíblicas

  • Isaías 6:1-5 — la visión del trono: “santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos”; la reacción de Isaías es temor y confesión, no solo asombro.
  • Levítico 11:44-45 — “sean, pues, santos, porque Yo soy santo”; el fundamento de todo el llamado a la santidad práctica de Israel.
  • 1 Pedro 1:15-16 — el mismo llamado aplicado a la iglesia del Nuevo Testamento.
  • Habacuc 1:13 — “muy limpio eres de ojos para mirar el mal, y no puedes ver la opresión”; la pureza moral absoluta de Dios frente al pecado.
  • Apocalipsis 4:8 — los cuatro seres vivientes que nunca cesan de proclamar la santidad de Dios ante Su trono.

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Confesiones y catecismos

Notas — serie “Realmente crees”

Sermones