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Resumen

La deidad de Cristo es la doctrina de que Jesús de Nazaret es Dios verdadero y eterno, la segunda persona de la Trinidad, de la misma sustancia que el Padre — no un ser creado, ni un semidiós, ni solo “el Hijo de Dios” en sentido adoptivo, sino Dios mismo encarnado. La Confesión Belga lo declara sin rodeos: “creemos que Jesucristo, según Su naturaleza divina, es el Hijo unigénito de Dios, engendrado desde la eternidad, no hecho ni creado… verdadero y eterno Dios, el Todopoderoso, a quien invocamos, adoramos y servimos” (Art. 10). El Catecismo Mayor de Westminster responde a cómo sabemos que el Hijo es Dios señalando que la Escritura le atribuye “los nombres, atributos, obras y adoración propios de Dios” (P. 11) — el mismo criterio con el que se confiesa la deidad del Espíritu Santo.

Negar la deidad de Cristo no es un matiz secundario: si Cristo no es plenamente Dios, Su obediencia y Su muerte no tendrían el valor infinito necesario para pagar por el pecado de Su pueblo (Heidelberg, P. 17) y Su intercesión actual carecería de la autoridad que Hebreos le atribuye. Por eso las confesiones reformadas colocan esta doctrina junto a la Trinidad como un artículo no negociable de la fe cristiana, y por eso Calcedonia y el Credo de Atanasio la defendieron explícitamente contra el arrianismo y otras negaciones antiguas de la misma verdad.

Bases bíblicas

  • Juan 1:1 — “en el principio ya existía el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”.
  • Juan 8:58 — “antes que Abraham naciera, Yo Soy”; Cristo se apropia el nombre divino de Éxodo 3:14.
  • Colosenses 1:15-17 — “imagen del Dios invisible… porque en Él fueron creadas todas las cosas… y en Él todas las cosas subsisten”.
  • Tito 2:13 — “nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús”.
  • Hebreos 1:8 — el Padre mismo se dirige al Hijo: “Tu trono, oh Dios, es por los siglos de los siglos”.

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Serie devocional — Portavoz de la gracia

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