Dios bendito para siempre
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981)
“Que son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9:4-5 LBLA1).
Hemos estado considerando2 el argumento presentado por las nuevas traducciones que convierten la última parte del versículo 5 en una doxología dirigida a Dios, en lugar de ser una descripción del Señor Jesucristo. Hemos visto que debemos enfrentarnos a esto porque, hoy en día, muchos del pueblo de Dios están siendo engañados y desorientados por varias religiones y cultos falsos. Realmente, no podemos permitirnos estar inseguros con respecto a este asunto. ¿Cómo, entonces, tratamos este argumento?
Mi primera respuesta es que es muy interesante observar que estas personas que se niegan a atribuir esas palabras al Señor Jesucristo y que las atribuyen sólo a Dios como una doxología, no intentan basar su posición en motivos gramaticales. Ahora, gran parte de los cambios en las traducciones modernas respecto a la Versión Autorizada [King James], se hacen por tales motivos —dicen que, sólo por la gramática, estamos obligados a hacer esto y lo otro, y a cambiar así la gran enseñanza del Nuevo Testamento—. Pero aquí no dicen eso, por la muy buena razón de que no pueden hacerlo. Por lo tanto, tienen que recurrir a esta declaración más general, que es algo que el apóstol Pablo no hace en sus escritos. Se trata de un argumento general, en lugar de uno particular, en términos de gramática. De hecho, encontraremos que la gramática está, ciertamente, en contra de ellos y del lado de la traducción de la Versión Autorizada.
En segundo lugar, esta variación en la traducción, tampoco se basa en una cuestión de los distintos manuscritos del Nuevo Testamento. Los comentarios se refieren, a menudo, a esos manuscritos y los comparan, por lo que es importante que sepamos algo sobre ellos. Se trata de la crítica textual… La crítica textual indica que hay que examinar y comparar esos diversos manuscritos antiguos. Es importante para los fines de la traducción que obtengamos los manuscritos más precisos que estén disponibles y, sin duda alguna, se ha hecho un excelente trabajo en esa dirección durante los últimos ciento cincuenta años, aproximadamente… Me refiero a todo esto, sólo para indicar que aquí, en el versículo 5, las variaciones propuestas en las traducciones, no se basan en una cuestión de manuscritos. Siempre debemos prestar seria atención a las evidencias manuscritas; pero aquí, no hay tal evidencia porque lo que decide la traducción aquí es, en última instancia, una cuestión de puntuación —ya sea que se ponga un punto después de “carne” o una coma—. Así que no tiene nada que ver con los manuscritos porque la puntuación de las Escrituras no llegó sino hasta el siglo III…
Es importante entonces, que veamos que el argumento a favor de estas traducciones modernas no es, en absoluto, una cuestión de “erudición”. ¡Qué intimidados estamos por la “erudición”! Pero aquí no entra la crítica literaria gramatical ni, sobre todo, la textual, porque no hay ninguna evidencia en esa línea. Así que no se puede justificar en esos términos.
Ahora, para que nadie piense que sólo estoy dando mi propia opinión, permítanme citar a algunas grandes autoridades. Aquí está lo que dice el comentario escrito por Sanday y Headlam3 —y ninguno de estos hombres era cristiano evangélico—. “Puede ser conveniente señalar de inmediato que la cuestión es de interpretación y no de crítica”. Ahora, esa es una declaración de dos grandes autoridades en todo el asunto de la crítica, de modo que estamos en la feliz posición de que no podemos intimidarnos ni asustarnos por las palabras erudición o crítica. No se aplican aquí. Por lo tanto, aquellos que quieren disputar la traducción de la Versión Autorizada, tienen que recurrir a esta declaración general, que no es la costumbre del Apóstol describir a nuestro Señor como Dios.
Así que ahora, podemos pasar a los argumentos particulares. ¿Por qué deberíamos defender esta traducción de la Versión Autorizada? Bueno, si lo miramos de forma superficial y general, una de las razones es que sería muy poco natural, introducir una doxología repentina a Dios en este punto porque no hay nada que conduzca a ella ni nada que la requiera. El Apóstol está expresando su sentimiento de tristeza y demás, y se refiere aquí al Señor Jesucristo. De modo que no hay nada que indique alguna razón para pronunciar, de repente, una doxología a Dios.
“Pero”, puede alguien decir, “¿no hace eso mismo en el primer capítulo, en el versículo 25, donde leemos: ‘Porque cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en lugar del Creador, quien es bendito por los siglos. Amén’?”. Pero eso no es un paralelismo porque en Romanos 1, versículo 25, el Apóstol se está refiriendo a Dios el Padre —el Creador—. Y habiéndose referido al Creador, dice: “Quien es bendito por los siglos”. No está cambiando de una persona a otra, de modo que eso no supone diferencia alguna para nuestro argumento. Por lo tanto, esa es la primera razón, especialmente unida al hecho de que aquí, el Apóstol, debido al propio tema que está tratando, obviamente, no está con un humor o estado de ánimo que lo haga estallar, repentinamente, en una doxología a Dios el Padre.
Luego, en segundo lugar —y aquí estamos tratando con la gramática— miren estas palabras el cual: “… de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas”. O, si se toma la otra forma de traducirlo, “de los cuales vino Cristo en cuanto a la carne, el cual es sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos”. Ahora, “el cual” significa “quien”. Y, seguramente, por todas las reglas de la gramática que indican que un pronombre relativo debe referirse siempre al antecedente más cercano, entonces este “el cual”, se refiere, claramente, al Señor Jesucristo: Él es el antecedente4 más cercano. El Apóstol está escribiendo y hablando acerca de Él y cuando dice “el cual”, naturalmente, se entiende que se refiere a la misma persona; Aquel que, según la carne, vino de estas personas. Ese es Aquel al cual se refiere y sobre el cual, ahora, va a decir ciertas cosas más…
Luego, añadimos un tercer argumento, que es muy importante. El Apóstol, en la primera parte de la declaración, nos dice algo sobre el Señor Jesucristo: “…de quienes, según la carne, procede el Cristo”. Así que uno esperaría que, si él ha hecho el énfasis en “según la carne” o “en cuanto a la carne”, entonces, tiene un contraste en su mente —¿cuál es el otro lado de Cristo?—. Cristo tiene dos naturalezas en una sola persona; entonces, Pablo pasa a completarlo “según la carne”. Él ha venido de los hijos de Israel, pero, por otro lado, Él es Dios sobre todo, Dios bendito por siempre. Ahora, esto no es sólo un paralelismo natural aquí para completar una declaración equilibrada; es, por supuesto, una repetición exacta de lo que encontramos que el Apóstol dice sobre Él, al principio mismo de la epístola en el capítulo 1. Aquí están los primeros cuatro versículos: “Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que Él ya había prometido por medio de sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo” (Ro. 1:1-3a). Luego, habla de Cristo así: “…que nació de la descendencia de David según la carne, y que fue declarado Hijo de Dios con poder, conforme al Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos: nuestro Señor Jesucristo,…” (Ro. 1:3b-4). Como ves, él empieza todo así. Está ansioso por que sepamos que, en esta bendita Persona, existen estas dos naturalezas. Él es verdaderamente hombre, pero también es verdaderamente Dios. Hay algo que es cierto de Él “según la carne”; hay algo que es cierto de Él “según el espíritu”. Y aquí, en Romanos 9, tenemos una repetición de, exactamente, el mismo paralelo, los dos lados de la misma declaración, la antítesis —“carne”, “espíritu”; natural, humano, divino, eterno, espiritual… —.
El cuarto argumento, de nuevo, es muy interesante. Fíjate en la posición relativa de las palabras Dios y bendito. “Cristo, el cual está sobre todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén”. ¿Cuál es el significado de la posición relativa de estas dos palabras? Bueno, en las doxologías, el orden de las palabras es, exactamente, el opuesto al de aquí. Ésta es una doxología típica: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. El “bendito” viene primero, “Dios” le sigue. Charles Hodge ha estudiado este asunto muy a fondo, y otros han hecho lo mismo. Charles Hodge dice que no hay ninguna excepción a ese orden en las Escrituras griegas o hebreas5…
Hasta ahora, hemos tratado este punto en términos, puramente, de gramática y sintaxis; pero, ¿qué pasa con el otro argumento —que el Apóstol nunca se refiere al Señor Jesucristo como Dios y que esa enseñanza sólo viene después?—. Se dice también que no se acostumbra describir a nuestro Señor como “sobre todas las cosas” porque Él estaba subordinado al Padre y se sometía a la voluntad del Padre; y que todo el tenor de la enseñanza en el Nuevo Testamento es que el Hijo está subordinado al Padre y, el Espíritu, subordinado al Hijo y al Padre. ¿Qué hay de este argumento?
Bueno, hay mucho que decir en respuesta a este argumento también. Lo primero es que el Apóstol Pablo describe con mucha frecuencia al Señor Jesucristo como la Cabeza de toda la creación. Tomemos, por ejemplo, 1 Corintios 11:3: “Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios”. Allí, Pablo nos recuerda que, simplemente, para los propósitos de nuestra salvación, la bendita santísima Trinidad ha dividido el trabajo entre ellos. A menudo, describimos esto como la “Trinidad económica”, pero en 1 Corintios 11, el Señor Jesucristo es descrito como “la cabeza de todo hombre”. Ese es el punto importante allí.
Luego, encontramos, exactamente, lo mismo en 1 Corintios 15:28: “Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquel que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”. De nuevo, las dos ideas entran; pero el punto es que Pablo está enseñando allí que todo está sujeto a Él. También tenemos lo mismo en Filipenses 2:5-11, especialmente, en los versículos 10 y 11: “Para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre”.
La misma verdad se encuentra, exactamente, en Colosenses 1:15-17: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen”. Hay una declaración, perfectamente clara, sencilla y explícita, del hecho de que Él está sobre “todas las cosas” y es característica de la enseñanza del Nuevo Testamento…
Entonces, tomemos de nuevo esa tremenda declaración de Filipenses 2:6: “El cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse”. Esto significa que esta igualdad con Dios que era propia en Él, no la consideró como un premio al que aferrarse y retener a toda costa. No, por el contrario, se despojó a Sí mismo de su reputación. Pero la afirmación es que era igual a Dios. Esto no significa otra cosa y es un argumento muy poderoso. Noten los términos: Forma de Dios e igual a Dios.
Fíjense también, en la afirmación de Colosenses 2:9: “Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él”. No podemos decir nada más allá de eso. Hebreos 1:3 dice lo mismo: “Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza”. Nuevamente, se obtiene la noción asociada con esto, de que el Hijo es “a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo” y quien “sostiene todas las cosas por la palabra de su poder”. Por lo tanto, hay términos que deberían satisfacernos respecto a que aquí se usan expresiones en relación a Él que indican, claramente, que es Dios, que es igual a Dios; en forma de Dios, con la misma apariencia que Dios. Estas afirmaciones sólo tienen un sentido…
Esas son, entonces, las importantes respuestas a los argumentos que se esgrimen contra esta traducción que tenemos en la Versión Autorizada. Así que permítanme cerrar este estudio, citando, íntegramente, los comentarios hechos sobre este versículo por Sanday y Headlam, quienes hemos visto que no tenían ningún hacha para moler6 —Sanday en particular—. Ninguno de estos hombres era, ni mucho menos, un creyente evangélico; pero eran grandes eruditos y ésta es su conclusión. Aquí, tenemos a dos profesores pertenecientes a la Universidad de Oxford, una universidad que es famosa por su cuidado, por su equilibrio, por su temor a comprometerse, regocijándose en “la mente equilibrada”. ¡Así que noten lo cuidadosos que son! “A lo largo de todo el texto, no ha habido ningún argumento que nos haya parecido del todo concluyente, pero el resultado de nuestras investigaciones sobre la gramática de la frase y la dirección hacia donde va el argumento, nos inclina a creer que las palabras se referirían, naturalmente, a Cristo, a menos que Dios sea tan definitivamente un nombre propio que emplee un contraste en Sí mismo: Hemos visto que no es así. Incluso, san Pablo no utilizó, en ningún otro lugar, la palabra de Cristo, aunque, ciertamente, se utilizó así en un período no muy posterior. La fraseología de san Pablo nunca es fija; no tenía ninguna razón dogmática para no usarla. En estas circunstancias, con una leve —pero sólo leve— ‘vacilación’…” —¡nótese la calificación de la calificación sobre la calificación!— “…nosotros adoptamos la primera alternativa y traducimos: ‘De quien es el Cristo en cuanto a la carne, el cual es Dios sobre todo bendito por los siglos. Amén’”…
Ahora, ¿no es interesante que sobre una base tan endeble, estos traductores modernos no duden en ir en contra de lo que se ha creído a lo largo de los siglos? ¿Qué les lleva a hacerlo? Es un interés teológico solamente. Hay algo en ellos que les hace aprovechar cualquier oportunidad de desvirtuar la certeza del hecho de que Jesús de Nazaret fue el Hijo eterno de Dios. No hay otra razón… entonces, no deberíamos dudar en adoptar esta traducción de la Versión Autorizada y darnos cuenta de que el Apóstol está diciendo aquí que el privilegio supremo que se le dio a la nación de Israel fue que, de ellos según la carne, vino Aquel, Quien es Dios sobre todo, bendito por siempre, el Mesías, el Señor Jesucristo.
Tomado de Sermón 7, pp. 79-90, en Romanos: Una exposición del capítulo 9 (Romans: An Exposition of Chapter 9), The Banner of Truth Trust, www.banneroftruth.org.
David Martyn Lloyd-Jones (1899-1981): Conocido predicador expositivo y ministro de Westminster Chapel, Londres, Inglaterra (1938-68); nacido en Gales, Reino Unido.
Footnotes
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LBLA (Siglas de La Biblia de las Américas) – Aunque, por lo general, no usamos la LBLA, ésta coincide aquí, literalmente, con el original griego y el inglés de la KJV (Versión Autorizada). La traducción de este versículo en la Reina Valera 1960, versión que normalmente usamos, no permite exponer en toda su relevancia [porque lo da por sentado explícitamente: “de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Ro. 9:5)], el pensamiento original del autor en sus vitales y profundos argumentos para demostrar la deidad de Cristo y para oponerse a algunas traducciones modernas en inglés (Revised Standard Version, Good News Bible, Living Bible, etc.), las cuales hacen de la referencia a Cristo como Dios, una doxología separada. También, para darle uniformidad al texto, todas las citas bíblicas de este artículo provienen de LBLA. ↩
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Nota del editor – En un sermón anterior, el dr. Lloyd-Jones, había comenzado el argumento que ahora completa en detalle. ↩
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A. C. Headlam & W. W. Sandlay, Un crítico y exegético comentario a la Epístola a los Romanos (A Critical and Exegetical Commentary on the Epistle to the Romans), ICC (Edinburgh: T. & T. Clark, 1895). ↩
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Antecedente – Sustantivo o su equivalente, al que se refiere un pronombre relativo. ↩
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Charles Hodge (1797-1878), Comentario a la Epístola a los Romanos (Commentary on the Epistle to the Romans), The Banner of Truth Trust. ↩
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Hacha para moler – Modismo en inglés que significa tener una fuerte opinión sobre algo que quieres que la gente acepte y que es la razón por la que haces algo. ↩