Cristo, el Verbo eterno
Arthur W. Pink (1886-1952)
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1).
El tema del Evangelio de Juan es la deidad del Salvador. Aquí, como en ninguna otra parte de la Escritura, la divinidad de Cristo se nos presenta tan plenamente. Lo que se destaca en este cuarto Evangelio, es la filiación divina del Señor Jesús. En este libro, se nos muestra que Aquel que fue anunciado por los ángeles a los pastores de Belén, que caminó por esta tierra durante treinta y tres años, que fue crucificado en el Calvario, que resucitó triunfante de la tumba y que, cuarenta días más tarde, partió de estos escenarios, no era otro que el Señor de la gloria. La evidencia de esto es abrumadora, las pruebas casi innumerables y, el efecto de contemplarlas, debe llevar nuestros corazones a inclinarse en adoración ante “nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tit. 2:13).
Que el Evangelio de Juan presenta la deidad del Salvador, es evidente desde las palabras iniciales del primer capítulo. El Espíritu Santo ha colocado, por así decirlo, la llave justo sobre la entrada; pues los versículos introductorios de este cuarto Evangelio, presentan al Señor Jesucristo en relaciones divinas y revelan sus glorias esenciales.
“En el principio era el Verbo1, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios2. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” (Jn. 1:1-3). ¡Cuán enteramente diferente es esto de los versos iniciales de los otros Evangelios! Juan comienza presentando, inmediatamente, a Cristo, no como el Hijo de David, ni como el Hijo del hombre, sino como el Hijo de Dios. Juan nos lleva al principio y muestra que el Señor Jesús no tuvo ningún principio. Juan va más allá de la creación y muestra que el Salvador era, Él mismo, el Creador. Cada cláusula de estos versículos, exige nuestra atención más cuidadosa y total oración.
“En el principio era el Verbo3, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios”. Aquí, entramos en un reino que trasciende la mente finita y donde la especulación es profana. “En el principio”4 es algo que no podemos comprender: Es uno de esos flujos inigualables de la inspiración que se eleva por encima del nivel del pensamiento humano. “En el principio era5 el Verbo” y tampoco somos capaces de captar su significado final. Una “palabra [verbo]” es una expresión: Por medio de palabras, articulamos nuestro discurso. El Verbo de Dios, pues, es la deidad expresándose en términos audibles. Y, sin embargo, cuando hemos dicho esto, ¡cuánto hay que dejamos sin decir! “Y el verbo era con Dios” y esto da a entender su personalidad separada y muestra su relación con las otras Personas de la bendita Trinidad. Pero, cuán tristemente incapacitados estamos para meditar sobre las relaciones que existen entre las diferentes Personas de la Divinidad. [“Y el Verbo era Dios”, literalmente] “y Dios era el Verbo”. Cristo, no sólo fue el Revelador de Dios, sino que siempre fue y sigue siendo, nada menos que Dios mismo. No sólo fue nuestro Salvador, Aquel a través de Quien y por Quien la deidad se expresó en términos audibles, sino que Él mismo era co-igual con el Padre y el Espíritu. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia (He. 4:16) y busquemos allí, la misericordia y la gracia que tanto necesitamos para que nos ayuden, mientras nos dirigimos ahora, a mirar más de cerca estos versículos: “Dios y Padre nuestro, en el nombre de tu amado Hijo, te rogamos que tu Espíritu Santo tome ahora de las cosas de Cristo y nos las muestre para alabanza de la gloria de tu gracia. Amén”.
“En el principio” o, más literalmente, “en principio”, pues no hay artículo en el griego. ¿En qué “principio”? Hay varios “principios” a los que hace referencia el Nuevo Testamento. Está el “principio” del “mundo” (Mt. 24:21); del “evangelio de Jesucristo” (Mr. 1:1); de “dolores” (Mr. 13:8); de los “milagros” (o “señales”) (Jn. 2:11), etc. Pero el “principio” mencionado en Juan 1:1 es, claramente, anterior a todos estos “principios”. El “principio” de Juan 1:1, precede a la creación de “todas las cosas” de Juan 1:3. Es, pues, el principio de la creación, el principio del tiempo. Esta tierra nuestra es antigua; cuán antigua, no sabemos… Pero “el Verbo” era antes de todas las cosas. No sólo era desde el principio, sino que ya era “en el principio”.
“En principio”, la ausencia del artículo definido6 está diseñada para llevarnos de regreso al punto más remoto que se pueda imaginar. Si entonces, Él era antes de toda la creación y existía, pues “todas las cosas por Él fueron hechas”; si Él era “en el principio”, entonces Él mismo, era sin principio, lo cual es sólo la forma negativa de decir que era eterno. En perfecta concordancia con esto, encontramos que en su oración registrada en Juan 17, Él dijo: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Como entonces, el Verbo era “en el principio” y, si era en el principio es eterno, y como nadie más que Dios mismo es eterno, la deidad absoluta del Señor Jesús está, concluyentemente, establecida.
“Era el Verbo”. Hay dos palabras distintas en el griego que, en este pasaje, se traducen ambas como “era”: Una significa “existir”, la otra “llegar a ser”. Esta última palabra (egeneto), se usa en Juan 1:3, la cual, traducida literalmente, dice: “Todas las cosas llegaron a ser por medio de él, y sin él no llegó a ser ni siquiera una [cosa] que haya llegado a ser” y, de nuevo, tenemos esta palabra egeneto en Juan 1:6, donde leemos: “Hubo [llegó a ser] un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan” y, de nuevo, en Juan 1:14: “Y aquel Verbo fue hecho [llegó a ser] carne”. Pero aquí, en Juan 1:1 y Juan 1:2, es “el Verbo era con Dios”. Como el Verbo, Él no vino a la existencia o comenzó a ser; sino que Él estaba “con Dios” desde toda la eternidad. Es digno de mención que el Espíritu Santo utiliza esta palabra era, la cual significa que el Hijo subsistía personalmente, no menos de cuatro veces en los dos primeros versículos de Juan 1. A diferencia de Juan el Bautista, que “llegó a ser (egeneto) hombre”, el “Verbo” era, es decir, existía con Dios antes de que comenzara el tiempo.
“Era el Verbo”. La referencia aquí, es a la segunda Persona de la santísima Trinidad, el Hijo de Dios. Pero, ¿por qué se designa al Señor Jesucristo como “el Verbo”? ¿Cuál es la fuerza y el significado exactos de este título? El primer pasaje que se nos ocurre para arrojar luz sobre esta cuestión es la declaración inicial de la Epístola a los Hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo” (He. 1:1-2). Aquí, aprendemos que Cristo es el portavoz definitivo de Dios. En estrecha relación con esto, está el título del Salvador que se encuentra en Apocalipsis 1:8: “Yo soy el Alfa y la Omega”, que da a entender que Él es el alfabeto de Dios, el que deletrea la Deidad, Aquel que pronuncia todo lo que Dios tiene que decir. Más claro aún, es el testimonio de Juan 1:18: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. La frase “dado a conocer”7 significa proclamar (cf. Hch. 15:14 y 21:19) y se traduce como “contado” en Lucas 24:35. Juntando estos tres pasajes, aprendemos que Cristo es Aquel que es el portavoz de Dios y Aquel que deletreó la Deidad, Aquel que ha declarado o proclamado al Padre.
Cristo, entonces, es Aquel que ha hecho comprensible, al Dios incomprensible. La fuerza de este título suyo que se encuentra en Juan 1:1, puede descubrirse, comparándolo con el nombre que se da a las Sagradas Escrituras: “El Verbo —la Palabra— de Dios”. ¿Qué son las Escrituras? Son la Palabra de Dios. ¿Y qué significa eso? Esto: Las Escrituras revelan la mente de Dios, expresan su voluntad, dan a conocer sus perfecciones y ponen al descubierto su corazón. Esto es, precisamente, lo que el Señor Jesús ha hecho por el Padre. Pero, entremos un poco más en detalles:
(a) Una “palabra” es un medio de manifestación. Tengo en mi mente un pensamiento, pero otros no conocen su naturaleza. Pero, en el momento en que convierto ese pensamiento en palabras, se vuelve cognoscible8. Las palabras, entonces, hacen objetivos, los pensamientos invisibles. Esto es, precisamente, lo que el Señor Jesús ha hecho. Como la Palabra [el Verbo], Cristo ha manifestado al Dios invisible.
(b) Una “palabra” es un medio de comunicación. Por medio de las palabras, transmito información a los demás. Por medio de las palabras, me expreso, doy a conocer mi voluntad e imparto conocimiento. Así, Cristo, como la Palabra [el Verbo], es el Divino Transmisor que nos comunica la vida y el amor de Dios.
(c) La “palabra” es un método de revelación. Por sus palabras, un orador exhibe, tanto su calibre intelectual como su carácter moral. Por nuestras palabras, seremos justificados, y por nuestras palabras, seremos condenados. Y Cristo, como la Palabra [el Verbo], revela los atributos y perfecciones de Dios. ¡Cuán plenamente, ha revelado Cristo a Dios! Desplegó su poder, manifestó su sabiduría, exhibió su santidad, dio a conocer su gracia, reveló su corazón. En Cristo, y en ningún otro lugar, Dios es revelado completa y finalmente.
“Y el Verbo era con Dios9”. Esta preposición con, parece sugerir dos pensamientos. Primero, la Palabra estaba en la presencia de Dios. Como leemos, “caminó, pues, Enoc con Dios”, es decir, vivía en comunión con Dios. Hay un hermoso versículo en Proverbios 8 que arroja su luz sobre el significado de “con” en Juan 1:1 y revela la bendita relación que se dio desde toda la eternidad entre el Verbo y Dios… Podemos añadir que la preposición griega pros, aquí traducida “con”, a veces, se traduce “hacia”, pero, más frecuentemente, “para”. El Verbo era hacia o para Dios. Alguien ha dicho significativamente: “La palabra traducida con denota una tendencia perpetua, por así decirlo, del Hijo hacia el Padre, en unidad de esencia”10.
El hecho de que se diga aquí: “El Verbo era con Dios”, nos habla de su personalidad separada: Él no estaba “en” Dios, sino “con” Dios. Ahora, obsérvese aquí, la maravillosa exactitud de la Escritura. No se dice: “El Verbo era con el Padre”, como podríamos haber esperado, sino “el Verbo era con Dios”. El nombre “Dios” es común a las tres Personas de la santísima Trinidad, mientras que “el Padre” es el título especial de la primera Persona solamente. Si se hubiera dicho: “El Verbo era con el Padre”, el Espíritu Santo habría quedado excluido; pero “con Dios”, incluye al Verbo habitando en comunión eterna con el Padre y el Espíritu. Obsérvese también que no dice: “Y Dios estaba con Dios”, pues aunque hay pluralidad de Personas en la Divinidad, no hay más que “un solo Dios”, por lo cual, la precisión minuciosa de “el Verbo era con Dios”.
“Y el Verbo era Dios” 11 o, más literalmente, “y Dios era el Verbo”. Para que la expresión figurativa “el Verbo” no nos transmita una concepción inadecuada de las glorias divinas de Cristo, el Espíritu Santo continúa diciendo: “y el Verbo era con Dios”, lo que denota su personalidad separada e insinúa su relación esencial con la Divinidad. Y, como si eso no fuera suficientemente fuerte, el Espíritu Santo añade expresamente: “Y el Verbo era Dios”. ¿Quién podría expresar a Dios, sino Aquel que es Dios? El Verbo no era una emanación de Dios, sino Dios mismo manifestado —no sólo el revelador de Dios, sino Dios mismo revelado—. Es imposible concebir una afirmación más enfática e inequívoca12 de la absoluta deidad del Señor Jesucristo.
Tomado de Exposición del Evangelio de Juan (Exposition of the Gospel of John), (Swengel, PA: Bible Truth Depot, 1923), 17-30, de dominio público.
A.W. Pink (1886-1952): Pastor, maestro itinerante de Biblia, autor, nacido en Nottingham, Inglaterra.
Footnotes
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Verbo – Ver nota de pie de página 2 del artículo Jesús y los nombres de Dios de Octavius Winslow. ↩
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Nota del editor – Este maravilloso versículo contiene tres cosas. Nos dice que nuestro Señor Jesucristo, aquí llamado el Verbo, es eterno; que es una persona distinta de Dios el Padre y, sin embargo, está íntimamente unida a Él; y que Él es Dios (Ryle, Pensamientos expositivos en Juan [Expository Thoughts on John], Vol. 1, 6). ↩
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Nota del editor – Cristo es llamado “el Verbo”, tanto aquí como en el versículo 14, y en 1 Juan 1:1; 5:7, Apocalipsis 19:13 y en otros lugares; no sólo porque Él es el tema principal de la Palabra escrita o la Escritura –siendo la gran promesa hecha y repetida, a menudo, en el Antiguo Testamento, Aquel en quien todas las promesas son sí y amén, la sustancia y la verdad de todos los tipos y sombras de la Ley, el fin de la Ley y el núcleo del Evangelio– sino también porque, como el significado de una palabra revela la mente de un hombre a otros, así Cristo, ha revelado al Padre en su propia persona, siendo “el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia” (He. 1:3); de modo que Dios debe ser asumido y conocido de forma salvífica, sólo como Él se ha revelado en Cristo y en su oficio, como Él… conoce todos los secretos del Padre, así, Él es “la Palabra” del Padre, como declarándolo a Él, su mente y voluntad, a la Iglesia en todas las épocas (Mt. 11:27; Jn. 1:18) (Hutcheson, El Evangelio de Juan [Gospel of John], 10). ↩
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Nota del editor – “En el principio”, recuerda, inmediatamente, a cualquier lector del Antiguo Testamento, el versículo inicial de la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”… Tanto en el Génesis como aquí, el contexto muestra que el principio es absoluto: El principio de todas las cosas, el principio del universo (Carson, El Evangelio según Juan [The Gospel According to John], 113-114). ↩
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Nota del editor – La expresión “era” significa “existía, estaba existiendo”. Toda la frase significa que cuando el mundo fue llamado a la existencia por primera vez, por mucho tiempo que haya pasado… en ese período, el Señor Jesucristo ya existía. Él no tuvo comienzo. Él era antes de todas las cosas. Nunca hubo un tiempo en el que Él no existiera. En resumen, el Señor Jesucristo es un Ser eterno (Ryle, Pensamientos expositivos en Juan, Vol. 1, 6). ↩
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Artículo definido – El artículo definido (en español, la palabra el) identifica o particulariza un sustantivo o un sustituto del sustantivo… Por ejemplo, en español, la frase “el hombre”, tiene el artículo definido y es específica, a diferencia del artículo indefinido en la frase “un hombre”. A diferencia del español, el griego sólo tiene el artículo definido. La ausencia del artículo denota indefinición (Heiser & Setterhom, Glosario de terminología de la base de datos morfosintáctica [Glossary of Morpho-Syntactic Database Terminology]). ↩
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Dado a conocer – (Griego = ἐξηγέομαι) contar, exponer con gran detalle, explicar (BDAG). “El término griego en este contexto, está relacionado con el término derivado en español exégesis y el enfoque del significado aquí es sobre ‘revelación clara’ o ‘explicación clara’. Es posible traducirlo en algunos idiomas: ‘Él ha dado a conocer claramente a Dios’ o ‘Él ha mostrado claramente a la gente quién es Dios’” (Newman & Nida, Un manual sobre el Evangelio de Juan [A Handbook on the Gospel of John], 27). ↩
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Cognoscible – Que se puede conocer; claramente identificable. ↩
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Con Dios – Esta frase denota la existencia de la Palabra –el Verbo– con el Padre, su relación y cercanía con Él, su igualdad con Él y, particularmente, la distinción de su Persona de Él, así como su eterno Ser con Él porque siempre estuvo con Él, y está y estará siempre. Estaba con Él en el consejo y el pacto de la gracia, y en la creación del universo, y está con Él en el gobierno providencial del mundo. Estaba con Él como la Palabra [Verbo]e Hijo de Dios en el cielo, mientras Él, como hombre, estaba aquí en la tierra; y está ahora con Él y lo estará siempre (Gill, Exposición del Antiguo y del Nuevo Testamento [Exposition of the Old and New Testaments], Vol. 7, 738). ↩
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John Wesley (1703-1791), Notas sobre el Evangelio según san Juan (Notes on the Gospel according to St. John) en Notas explicativas sobre el Nuevo Testamento (Explanatory Notes upon the New Testament), 218. ↩
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Nota de editor – Los testigos de Jehová (en su Traducción del Nuevo Mundo) intentan traducir del griego “y la Palabra era un dios”. Esto se debe a que, en la última cláusula de Juan 1:1, la palabra theos (Dios) aparece sin el artículo definido el [Griego = ho, ὁ]. Sin embargo, D. A. Carson escribe: “…el Verbo era Dios. Esa es la traducción que exige la estructura griega, theos ēn ho logos. Una larga serie de escritores ha argumentado que, dado que theos, ‘Dios’, aquí no tiene artículo, Juan no se refiere a Dios como un ser específico, sino a meras cualidades de ‘divinidad’. El Verbo, dicen, no era Dios, sino divino. Esto no es así. Hay una palabra perfectamente útil en griego para “divino” (a saber, theios). Más importante aún, hay muchos lugares en el Nuevo Testamento, donde el sustantivo predicado no tiene artículo y, sin embargo, es específico. Incluso en este capítulo, “tú eres el Rey de Israel” (Jn. 1:49) no tiene artículo delante de “Rey” en el original (cf. también Jn. 8:39; 17:17; Ro. 14:17; Gá. 4:25; Ap. 1:20). Se ha demostrado que es común que un sustantivo de predicado definido en esta construcción, colocado antes del verbo, sea anártrico (es decir, que no tenga artículo). ¡De hecho, el efecto de ordenar las palabras de esta manera, es enfatizar ‘Dios’, como si Juan dijera: ‘¡Y el Verbo era Dios! De hecho, si Juan hubiera incluido el artículo, habría estado diciendo algo completamente falso. Habría estado identificando de tal manera al Verbo con Dios que ningún ser divino podría existir aparte del Verbo. En ese caso, no tendría sentido decir (en las palabras de la segunda cláusula de este versículo) que el Verbo era con Dios” (Carson, El Evangelio según Juan [The Gospel According to John], 117). ↩
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Inequívoca – Inconfundible; que no deja lugar a dudas. ↩