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Resumen

La ley de Dios es la expresión de su voluntad moral, escrita primero en la conciencia humana (Ro. 2:14-15) y revelada de manera definitiva en los diez mandamientos entregados en el Sinaí (el Decálogo). La Confesión de Fe de Westminster (cap. 19) y la Confesión Bautista de 1689 (cap. 19) distinguen tres clases de ley dada a Israel: la moral (permanente y universal), la ceremonial (tipos que prefiguraban a Cristo, ya abrogados) y la judicial (ligada al estado político de Israel, caduca salvo en su equidad general). Solo la ley moral obliga para siempre a todos los hombres, justificados o no.

Según estas confesiones, la ley moral tiene tres usos para el creyente: revela el pecado y la necesidad de Cristo, restringe la corrupción, y sirve como regla de vida que dirige la gratitud — nunca como pacto de obras para ganar la vida, porque “si un hombre hace lo bueno… porque la ley le manda… no es evidencia de que esté bajo la ley, sino bajo la gracia” (CFW 19.6). Cristo no abolió la ley, la cumplió perfectamente en lugar de su pueblo (Mt. 5:17), y por el Espíritu capacita al creyente para obedecerla “alegre y voluntariamente” (CFW 19.7).

Frente a la ley, la tradición reformada rechaza dos errores simétricos: el Legalismo, que convierte la obediencia en medio de justificación, y el Antinomismo, que la descarta como irrelevante para el ya justificado. La Libertad cristiana es la posición media: libre de la ley como pacto de obras, pero no libre para pecar.

Bases bíblicas

  • Mateo 5:17-19 — Cristo no vino a abolir la ley sino a cumplirla.
  • Romanos 3:20 — por la ley viene el conocimiento del pecado, no la justificación.
  • Romanos 7:7-12 — la ley es santa, pero expone la corrupción del pecado.
  • Romanos 13:8-10 — el amor es el cumplimiento de la ley.
  • Gálatas 3:10-13,24 — la ley como maldición para quien la quebranta y como preceptor que conduce a Cristo.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Notas y reflexiones

Devocional / curso

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