Creemos que las ordenanzas de la ley llegaron a su fin con la venida de Jesucristo; pero aunque las ceremonias ya no están en uso, su sustancia y verdad permanecen en la persona de aquel en quien se cumplieron. Y, además, debemos buscar ayuda en la ley y en los profetas para el gobierno de nuestras vidas, así como para nuestra confirmación en las promesas del evangelio.