
En primer lugar, para que durante toda nuestra vida conozcamos cada vez mejor nuestra naturaleza pecaminosa y así busquemos más sinceramente la remisión de pecados y la justicia en Cristo. En segundo lugar, para que nos esforcemos constantemente y le pidamos a Dios en oración la gracia del Espíritu Santo para que seamos renovados más y más en conformidad a la imagen de Dios, hasta que en la vida venidera lleguemos a la perfección que nos es propuesta.