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Artículo 3

Por lo tanto, todos los hombres son concebidos en pecado y por nacimiento hijos de ira, incapaces de ningún bien salvífico, e inclinados al mal, muertos en pecados y esclavos del pecado; y no quieren ni pueden volver a Dios, ni corregir su naturaleza depravada, ni pueden ellos mismos disponerse a corregirla sin la gracia del Espíritu Santo, que es quien regenera.