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Resumen

El juicio final es el evento escatológico en el que, al regreso de Cristo, todos los muertos serán resucitados, sus almas reunidas con sus cuerpos, y toda persona —creyente y no creyente— comparecerá delante de Cristo, quien es el Juez de todos, para recibir según lo que hizo. Para el creyente, este juicio no es una amenaza a su salvación (ya asegurada por la obra de Cristo), sino la ocasión en que sus obras son evaluadas para recompensa; para el no creyente, es el momento en que se pronuncia y ejecuta la condenación eterna.

El catecismo de Gracia Soberana lo resume con sencillez: “en el día final, los muertos serán levantados mientras sus almas son reunidas con sus cuerpos, y todas las personas comparecerán delante de Cristo, quien es el juez de todos” (P. 75), y explica el destino distinto de creyentes y no creyentes en ese juicio (P. 76). El Catecismo Mayor de Westminster enseña que Cristo, en Su exaltación, ha sido designado “para juzgar a hombres y ángeles, al final del mundo” (P. 56) —el mismo Cristo que murió como sustituto de Su pueblo es quien preside este juicio, lo cual es, para el creyente unido a Él, motivo de confianza y no de terror.

Este juicio no depende de la incertidumbre: Pablo predicó en Atenas que Dios “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por medio de un varón a quien ha designado, dando fe a todos al levantarlo de entre los muertos” (Hch. 17:31) — la resurrección de Cristo es la garantía pública de que ese día ya está fijado. La certeza del juicio venidero es, en toda la Escritura, uno de los grandes motivos para el arrepentimiento y la perseverancia santa, no una fuente de especulación ociosa sobre fechas o detalles no revelados.

Bases bíblicas

  • 2 Corintios 5:10 — “todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos”.
  • Hechos 17:31 — “ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por medio de un varón a quien ha designado”.
  • Apocalipsis 20:11-15 — la visión del gran trono blanco; los muertos juzgados “según sus obras”, conforme a lo escrito en los libros.
  • Mateo 25:31-46 — el Hijo del Hombre separando las ovejas de los cabritos, “todas las naciones” reunidas delante de Él.
  • Romanos 2:5-11 — Dios “pagará a cada uno conforme a sus obras”, sin acepción de personas.

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