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Resumen

La eternidad de Dios es Su existencia sin principio ni fin, y sin sucesión de momentos como la experimenta la criatura — Dios no está simplemente dentro del tiempo por mucho tiempo, sino que es el Creador del tiempo mismo, y se relaciona con él de una manera que la mente humana, limitada al “antes” y “después”, no puede terminar de captar. El Catecismo menor de Westminster lo incluye entre las perfecciones que definen quién es Dios: “infinito, eterno e inmutable en Su ser” (P. 4). Es un aspecto de Su infinitud: así como Dios no tiene límites en el espacio (Omnipresencia), tampoco los tiene en el tiempo.

Esta doctrina no es un dato abstracto de teología filosófica: es la base del consuelo de un pueblo que vive rodeado de lo temporal, lo frágil y lo que se acaba. “Antes que naciesen los montes… desde la eternidad hasta la eternidad, Tú eres Dios” (Sal. 90:2) es precisamente el versículo con el que Moisés abre un salmo sobre la brevedad de la vida humana — la eternidad de Dios es el refugio seguro precisamente porque todo lo demás, incluidos nosotros, es pasajero.

Bases bíblicas

  • Salmo 90:1-2 — “desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios”; el Dios eterno como refugio del hombre frágil y mortal.
  • Salmo 102:25-27 — “ellos perecerán, pero Tú permanecerás… Tú eres el mismo, y Tus años no tienen fin”.
  • 1 Timoteo 1:17 — “al Rey eterno, inmortal, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos”.
  • 2 Pedro 3:8 — “para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”; la relación de Dios con el tiempo no es la nuestra.
  • Isaías 57:15 — “así dice el Alto y Sublime, que habita la eternidad, cuyo nombre es Santo”.

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Clásico — A Body of Modern Divinity

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