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Resumen

La omnipresencia de Dios es Su presencia total e ilimitada en todo lugar — no una presencia distribuida en partes, como si un poco de Dios estuviera aquí y otro poco allá, sino la totalidad de Su ser presente en cada punto del espacio, sin ser contenido ni limitado por él. Conviene distinguir dos conceptos hermanos: la inmensidad es que Dios trasciende todo espacio y no está confinado por él, mientras que la omnipresencia es esa misma inmensidad vista en relación con la creación — Berkhof lo resume así: la inmensidad mira la relación de Dios con el espacio en sí, la omnipresencia mira Su relación con el espacio creado. No hay lugar en el universo donde Dios esté ausente.

Este atributo tiene dos filos pastorales opuestos y necesarios. Para el que huye de Dios, es la verdad más incómoda: no hay dónde esconderse (Sal. 139:7-12; Jer. 23:23-24). Para el que confía en Dios, es el consuelo más profundo: nunca estamos solos, en ningún lugar, en ninguna circunstancia. El propio Salomón, al dedicar el templo, reconoce la paradoja: “los cielos, y los cielos de los cielos, no te pueden contener, ¡cuánto menos esta casa que he edificado!” (1 R. 8:27) — ni el edificio más magnífico puede alojar a un Dios que ya llena el universo entero.

Bases bíblicas

  • Salmo 139:7-12 — “¿A dónde me iré de Tu Espíritu, o a dónde huiré de Tu presencia?”; el texto clásico sobre la omnipresencia, imposible de evadir.
  • Jeremías 23:23-24 — “¿Soy Yo Dios solo de cerca… y no Dios de lejos?… ¿No lleno Yo los cielos y la tierra?“.
  • 1 Reyes 8:27 — la oración de Salomón: ni los cielos de los cielos pueden contener a Dios.
  • Hechos 17:27-28 — “no está lejos de cada uno de nosotros, porque en Él vivimos, nos movemos y existimos”.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Notas y reflexiones

Libro — La Práctica de la Presencia de Dios (Hermano Lawrence)

Clásico — A Body of Modern Divinity

Sermones