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Resumen

Como sacerdote, Cristo “se ofreció a Sí mismo una sola vez como sacrificio para satisfacer la justicia divina y reconciliarnos con Dios, y continúa intercediendo por nosotros” (Catecismo Mayor de Westminster, P. 44). Su sacerdocio no es según el orden levítico, sino “según el orden de Melquisedec” (Sal. 110:4) — estable y perfecto para siempre, a diferencia de los sacerdotes levíticos que morían y debían ser sustituidos (Heb. 7:23-25). La Confesión bautista de Londres de 1644 lo explica con precisión: Cristo fue a la vez sacerdote, sacrificio y altar — sacerdote según Sus dos naturalezas, sacrificio según Su naturaleza humana (por eso se atribuye a Su cuerpo y sangre), y la eficacia del sacrificio dependió de Su naturaleza divina, “por eso es llamado la sangre de Dios” (Art. 18).

Este oficio tiene dos momentos: la ofrenda, consumada una sola vez en la cruz (ver Expiación), y la intercesión continua a la diestra del Padre, que nunca termina (Heb. 7:25; ver Intercesión de Cristo). La Confesión Belga lo resume: Cristo es “nuestro único Sumo Sacerdote”, quien “con un solo sacrificio… ha quitado los pecados” (Art. 21).

Bases bíblicas

  • Salmo 110:4 — “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec”.
  • Hebreos 4:14-16 — tenemos un gran Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades.
  • Hebreos 7:24-25 — Cristo “puede salvar perpetuamente” porque Su sacerdocio es permanente y vive siempre para interceder.
  • Hebreos 9:11-14 — Cristo entró una sola vez al lugar santísimo celestial con Su propia sangre, obteniendo redención eterna.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Notas y reflexiones

Serie devocional — Portavoz de la gracia

Sermones

Ver también