El evangelio es “buenas nuevas de gran gozo… para todo el pueblo” (Lucas 2:10). Cuando los creyentes escuchan y abrazan las buenas nuevas de la salvación sólo por gracia, la respuesta natural es regocijarse. En el evangelio, Dios nos entrega a sí mismo, y en su presencia hay plenitud de gozo y deleites para siempre (Salmo 16:11). A los cristianos se les ordena “estar siempre gozosos en el Señor” (Filipenses 4:4) ya que el evangelio es una fuente de gozo que ninguna circunstancia de la vida puede alterar. Incluso en nuestro sufrimiento y tristeza podemos regocijarnos, sabiendo que “Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación” (2 Corintios 4:17). Este tipo de gozo se vuelve contagioso en las iglesias locales y se refleja especialmente en nuestra adoración corporativa.

Fruto del Espíritu

Prédicas y estudios:

El gozo y el evangelio|

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