El fundamento de toda felicidad
Thomas Boston (1676-1732)
Procedo ahora a la aplicación de este tema. Les exprimiré el jugo de esta granada para usos de información, prueba y exhortación.
USO: de la información. Nos informa,…
1. Con respecto a los santos en general, que son altamente dignificados más allá de todo el resto del mundo. Todos son miembros de Cristo, de la sangre real del cielo, incluso aquellos de ellos con los que algunos desdeñarían codearse (Ef. 5:30). Así pues, tenemos estas lecciones:
(1) Ay de los que maltratan, oprimen o persiguen a alguno de los santos. Porque lo que hacen contra ellos, lo hacen contra Cristo, como si lo hicieran contra los miembros del cuerpo de Cristo (Hch. 9:4). Y Él se resentirá y defenderá la causa de ellos como la suya propia, con precisión y exactitud, para hacer a los hombres responsables por las omisiones del deber para con ellos [y] mucho más por las comisiones del mal contra ellos (Mt. 25:42-45). Los santos tienen buenas razones para dejar de lado todo pensamiento de venganza, pues su Redentor es poderoso.
(2) Las mejores obras son las que se hacen a los piadosos por causa de Cristo. Porque así como se hacen a ellos, se hacen a Cristo, puesto que son uno con Él. Nuestro Señor lo tomará así y lo recompensará con mucha gracia (Mt. 25:35-40). Por eso, el Apóstol exhorta: “Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gá. 6:10). ¿Tienen ustedes algo de amor por Cristo? El amor es comunicativo1: Ustedes no pueden llegar a la Cabeza, pero a los miembros los tienen siempre con ustedes. No digan pues, que les falta ocasión para dar testimonio de vuestro amor a Él. Es la mejor semilla que pueden sembrar y dará la cosecha más abundante.
(3) Los creyentes somos miembros los unos de los otros (Ef. 4:25). Hay una verdadera y real hermandad2 entre todos los piadosos, como la hay entre los brazos y las piernas de un cuerpo o entre una pierna y otra. En efecto, puesto que todos están unidos a Cristo, se deduce necesariamente que todos están unidos entre sí (1 Co. 12:12). Por eso, se les llama “un solo pan”, teniendo entre sí una unión y comunión, sellada por la [ordenanza de la Cena del Señor]. ¡Oh! Si se creyera esta gran verdad, ¡qué amor, qué simpatía, qué cuidado por el bienestar temporal y espiritual de los demás habría entre los piadosos! No habría entre ellos tal desinterés, distanciamiento de afectos o una despreocupación como la de Caín por los demás.
(4) Es un oficio ingrato romper y dividir la Iglesia de Cristo, rasgar la túnica sin costuras de Cristo. Muchos no dudan en… abandonar la comunión con aquellos que, sus conciencias deben reconocerlo, aún permanecen unidos a Cristo. Dicen [que] no pueden tener comunión con ellos sin pecado. Concedo que si una pierna se hunde en el lodazal y se contamina, la otra no debe seguirla; ni [debe] un santo comulgar con otro en pecado. Pero ay3, ningún hombre en su sano juicio cortaría una de las piernas en ese caso. Mas el Cuerpo de Cristo no se trata con tanta ternura, aunque le debemos más ternura que a nuestros cuerpos naturales. No, pero aunque los hombres aborrezcan la comunión con los tales tanto como quieran, [deben] tener la más estrecha e íntima comunión con ellos o no tendrán ninguna con Cristo [porque] ¡no hay dos Cristos para encabezar los cuerpos separados! Si ambos están unidos a un solo Cristo, tienen la más íntima unión y comunión el uno con el otro.
2. Nos informa acerca de algunos grandes e importantes principios de nuestra santa religión, claramente deducibles de este gran punto.
(1) Los santos perseverarán en la gracia y nunca podrán caer, total o definitivamente, de ella. Porque existe una unión indisoluble entre Cristo y ellos. Esto asegura la vida del creyente: Nunca puede perderse (Col. 3:3). El Espíritu, vínculo de esta unión, nunca abandona su morada (Jn. 14:16; 4:14). Esto mantiene siempre en él una “simiente” para Dios (1 Jn. 3:9). Y Cristo no perderá ninguno de sus miembros (Jn. 17:12). Es verdad [que] si la firmeza de esta unión dependiera enteramente de la sujeción que el pecador tiene de Cristo por la fe, podría romperse; pero depende de la sujeción que Cristo tiene del pecador por su Espíritu, como la nodriza sostiene al bebé en sus brazos.
(2) La fe en Cristo es el gran deber evangélico integral. Muchos tienen pensamientos mezquinos de la fe en comparación con otros deberes. Pero la Escritura le da preferencia (Jn. 6:29; 1 Jn. 3:23). Cuando les pedimos [que] crean, les pedimos [que] obtengan todos los privilegios y cumplan todos los deberes porque creer es el camino para ambas cosas, en cuanto une el alma a Cristo, lo cual es el privilegio fundamental de los santos. Si creen, lo hacen todo en efecto, como quien se sujeta del primer eslabón de una cadena se sujeta de todos los eslabones. Si no creen, nada hacen porque sin fe están sin Cristo y separados de Cristo nada pueden hacer (Jn. 15:5; cf. He. 11:6).
(3) Existe una base sólida y racional para la doctrina de nuestra justificación por la justicia imputada de Cristo. Dejemos que los hombres profanos se burlen de ella como… [una] justicia imaginaria4 y [una] justificación para dar paso a sus propias obras; y dejemos que los corruptores de la doctrina protestante establezcan la fe, el arrepentimiento y la nueva obediencia como nuestra justicia evangélica sobre la cual somos justificados como cumplimiento de la ley evangélica —nosotros no necesitamos otra justicia para la justificación que la de Cristo—. Porque el creyente está unido a Cristo por la fe. Teniendo esta unión con Él, tenemos una comunión con Él en su justicia que es nuestra, puesto que somos uno con Él. Y siendo nuestra, [ésta] debe sernos imputada o contada como nuestra sobre la base más sólida. Cristo es la Fianza del creyente por el propio acto voluntario de Él [y] el consentimiento del deudor por la fe… ¿Qué es entonces más racional que esta justicia sea imputada al creyente y él, por lo tanto, justificado?
(4) La manera de obtener el verdadero arrepentimiento y la santificación es creer. Porque éstos son los beneficios de la redención de Cristo (Hch. 5:31; Mt. 1:21) y éstos son aplicados por el Espíritu que obra la fe en nosotros y, así, nos une a Cristo en nuestro llamamiento eficaz. ¿Cómo puede uno pensar en arrepentirse verdaderamente o en ser santo si no está unido a Cristo (Jn. 15:5)? ¿O [cómo puede uno pensar] estar unido [a Él] sin fe? Es más fácil que el rocío que cae atraviese la roca que uno sea capaz de hacer cualquiera de estas cosas fuera de Cristo, a Quien el Padre ha constituido la Cabeza de las influencias y de Quien depende toda nuestra fecundidad.
(5) Por último, los cuerpos de los creyentes tendrán una resurrección gloriosa (Ro. 8:11). Hay una unión entre Cristo y los cuerpos de los creyentes que la muerte no rompe (1 Ts. 4:14). Por lo tanto, no yacerán siempre en el polvo; ni Cristo perderá ninguno de sus miembros…
3. Esta doctrina nos informa acerca de la felicidad de los santos: Estar unidos a Cristo es el fundamento de toda felicidad y de los más ricos privilegios.
(1) Cristo es de ellos. “Mi amado es mío”, dice la esposa (Cnt. 2:16). Ellos tienen un interés en su Persona. Él es su Señor, su Hermano mayor, su Esposo, sí, su Cabeza. Lo que sea que Él es… pueden considerarlo como suyo para hacerlos felices. La plenitud de la Divinidad habita en Él y, por eso, Dios es el Dios y Padre de ellos (Jn. 20:17). Su misericordia es para ellos, para compadecerse de ellos, su poder para protegerlos, su ojo que todo lo ve para dirigirlos, etc. Así, tienen una fuente a la que acudir que nunca se seca, un tesoro que nunca se extingue, una mesa que nunca se agotará, etc.
(2) Lo que Cristo tiene es de ellos y Él es el heredero de todas las cosas, así que todo es de ellos (1 Co. 3:22-23). [Tienen todas las cosas aquellos que tienen] a Aquel a quien pertenecen todas las cosas. La unión implica una comunión entre Cristo y los creyentes. Su obediencia activa y pasiva es de ellos para su justificación, como si lo hubieran hecho ellos mismos. Su Espíritu, su Palabra y sus providencias son de ellos para su santificación. Su poder en el cielo es de ellos para su glorificación. En una palabra, su amplio pacto, con todas las preciosas promesas que contiene, es de ellos para hacerlos felices aquí y en el más allá (2 P. 1:4).
(3) Están perfectamente a salvo de la ira de Dios. “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Ro. 8:1). Sus pecados siguen siendo muy desagradables a los ojos de Dios y merecen la misma condenación que los de los demás. Pero al estar en Cristo, están fuera del alcance de la maldición de la Ley… Están bajo el suave gobierno del Pacto de la Gracia, el cual amenaza con el enojo paternal y los castigos temporales en caso de transgresión, pero nada más (Sal. 89:30-33).
(4) El Señor se complace y acepta sus personas, gracias y deberes, aunque estén acompañados de múltiples imperfecciones. Sus personas son aceptadas, [aunque] los rodee un cuerpo de muerte (Ef. 1:6). Sus gracias, aunque tengan mucha escoria, son aceptadas porque en ellas está la imagen de Cristo (Cnt. 5:1). Sus deberes, aunque estén lejos de la perfección que exige la Ley, son aceptados (Cnt. 2:14)…
(5) Todas sus [necesidades] descansan sobre Cristo (Col. 2:10). Así como la unión les da una comunión con Él en lo que es de Él, así, Él tiene comunión con ellos en lo que es de ellos. Cristo responde por todas las deudas, pobreza y necesidades de ellos como el que se casa con la viuda endeudada. Así que ellos lo buscan y pueden acudir a Él para todo —para la sabiduría, la justicia, la santificación y la redención (1 Co. 1:30)—.
USO: Por esto pueden [examinar] si el Espíritu les ha aplicado la redención adquirida por Cristo. Si es así, entonces están unidos a Cristo. Si los hombres sólo se aplican esa redención a sí mismos, se hallará presunción, no fe, y ninguna unión con Cristo… Pueden [examinar] si están unidos a Cristo o no por estas marcas. La marca general es [ésta]: Si están separados de aquello a lo que antes estaban unidos y llevados a Cristo para siempre… Pueden abordar esto en estas tres cosas:
1. Han renunciado a la Ley como pacto de obras y se han entregado totalmente a la gracia de Cristo en el [Nuevo] Pacto. Es decir, han muerto a la Ley y se han casado con Cristo (Ro. 7:4). Se han despojado de todas sus confianzas naturales delante del Señor —fundadas en cualquier cosa que no sea Cristo o en Cristo— y [han puesto] toda su confianza delante del Señor en Él, de modo que Él es todo su punto de confianza delante del trono (Fil. 3:8). Ésta es una evidencia segura (Fil. 3:3; Mt. 5:3)…
2. Sus corazones están separados y desligados del pecado, y trabajando para tomar su descanso eterno en Cristo como el centro de sus deseos (Sal. 119:128; 73:25). Los deseos de los hombres van, naturalmente, tras el mundo y sus concupiscencias; si tienen algún deseo tras Cristo, no es sino un deseo de Él unido con sus concupiscencias. Pero la gracia, vuelve el corazón contra éstos y enciende deseos de Cristo, en vez de concupiscencias (Mt. 13:45-46). Ésta es una evidencia segura (Mt. 5:6). Es cierto [que] mientras están aquí, los santos no están exentos de la acción del pecado (Sal. 65:3); pero en sí lo están en sus afectos (Ro. 7:24). En ese sentido, Cristo tiene la corona y los deseos [tienen] la cruz (Gá. 5:24)…
3. Son llevados de ustedes mismos a Jesucristo (Mt. 16:24). Para un hombre natural, su dulce yo es su todo. Pero la gracia saca al yo del trono y establece a Cristo en su lugar. Mientras el hombre está separado de Cristo, tiene intereses separados de Él; pero cuando es unido a Cristo, todos ellos son absorbidos por el interés por Cristo como los ríos cuando van al mar y ya no tienen sus cauces separados… Tal es la diferencia entre uno separado de y uno unido a Cristo.
Tomado de De la unión con Cristo en Las obras completas de Thomas Boston (Of Union with Christ in The Complete Works of Thomas Boston), Vol. 1, reimpreso por Tentmaker Publications, www.tentmaker.org.uk.
Thomas Boston (1676-1732): Ministro y teólogo presbiteriano escocés; nacido en Duns, Berwickshire, Escocia.
Footnotes
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Comunicativo – Inclinado o dispuesto a comunicar o hacer regalos. ↩
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Hermandad – Relación; parentesco. ↩
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Pero ay – Indicando un acuerdo temporal con una afirmación para refutarla: “Estoy de acuerdo con tu afirmación en apariencia, sin embargo…”. ↩
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Nota del editor – En los días de Boston y en los nuestros, algunos teólogos y ministros niegan la justicia imputada de Cristo como una “ficción legal”. ↩