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Resumen

El Espíritu Santo no es una fuerza, una influencia o una “energía” impersonal de Dios: es una persona plena — con intelecto, voluntad y afectos — y a la vez Dios mismo, la tercera persona de la Trinidad. (Su deidad como tal ya se desarrolla en Espíritu Santo; esta nota se enfoca específicamente en Su personalidad, no solo en Su divinidad.)

Que es una persona, y no una fuerza, se evidencia en que la Escritura le atribuye lo que solo puede predicarse de alguien con voluntad propia: puede ser entristecido (Ef. 4:30) —algo que no se puede hacer con una energía—, escudriña y conoce los pensamientos profundos de Dios (1 Co. 2:10-11), habla, oye y da testimonio (Jn. 16:13-14; Hch. 13:2), intercede con gemidos (Rom. 8:26), y reparte dones “según Él quiere” (1 Co. 12:11) — una decisión, no un mecanismo automático. Además, se le puede mentir y ofender como se ofende a una persona: cuando Ananías mintió al Espíritu Santo, Pedro le dice que no ha mentido a los hombres, “sino a Dios” (Hch. 5:3-4), identificando así al Espíritu como Dios personal, no como un atributo abstracto de Dios.

Dentro de la Trinidad, el Espíritu es distinguible del Padre y del Hijo por Su relación de origen (la tradición occidental, siguiendo Juan 15:26, confiesa que el Espíritu “procede del Padre y del Hijo” — la cláusula filioque), sin ser por eso menos Dios ni menos persona que Ellos: los tres comparten una sola esencia divina indivisa, distinguiéndose solo en sus relaciones eternas.

Bases bíblicas

  • Efesios 4:30 — “no entristezcan al Espíritu Santo de Dios”; solo una persona puede ser entristecida.
  • Hechos 5:3-4 — “¿por qué ha llenado Satanás tu corazón para mentirle al Espíritu Santo?… no has mentido a los hombres, sino a Dios”.
  • 1 Corintios 2:10-11 — el Espíritu “todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios”; tiene conocimiento propio.
  • Juan 16:13-14 — “hablará… oirá… dará a conocer… me glorificará”; verbos de una voluntad personal.
  • Romanos 8:26 — “el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles”.
  • Juan 15:26 — “el Consolador… el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre”.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Serie devocional — Portavoz de la gracia

Sermones