La Persona del Espíritu Santo
El Espíritu Santo es la tercera persona1 de la Trinidad, quien procede eternamente del Padre2 y del Hijo.3 Él es igual en deidad, atributos y naturaleza con el Padre y con el Hijo,4 y con ellos ha de ser adorado y glorificado. El Espíritu manifiesta la presencia activa de Dios en el mundo, impartiendo vida en la creación5 y en la nueva creación de Dios.6 Existiendo por siempre con el Padre y con el Hijo, el Espíritu es el agente de toda bendición para las criaturas de Dios y quien hace posible la comunión con Él.
La Obra del Espíritu Previa a la Venida de Cristo
El Espíritu eterno estaba presente en el principio de la creación de Dios,7 llevando a cabo la palabra creativa de Dios8 y dando vida9 a todas las cosas. En la obra de Dios bajo el antiguo pacto, el Espíritu estaba presente con el pueblo de Dios10; Sal 51:10-12; Isa 63:7-13; Hag 2:5; Zac 4:6.] para consagrar, liberar, guiar, y conceder fe salvadora en las promesas de Dios.11 Él empoderó a los profetas para revelar la Palabra de Dios,12 designó ancianos para emitir juicio,13: Num 11:16-17, 25.] levantó jueces para traer liberación,14 ungió a sacerdotes y reyes como sus representantes, e inspiró el registro de la revelación bajo el antiguo pacto.15 A través de todas las instituciones y funciones del Antiguo Testamento, la obra del Espíritu apuntaba a la revelación final de Dios a través de su Hijo, Cristo Jesús.16
La Obra del Espíritu en Cristo y el Nuevo Pacto
La obra del Espíritu en el nuevo pacto se centra en Cristo y en la iglesia. Es por el Espíritu que Jesucristo fue concebido y nacido de una virgen,17 ungido para cumplir su ministerio terrenal,18 empoderado para ofrecer su vida como un sacrificio,19 y levantado con poder de resurrección.20 Después de que Cristo ascendió a la diestra del Padre, el Espíritu Santo prometido descendió en Pentecostés e introdujo la nueva era de la plenitud del Espíritu,21 viniendo a morar en los creyentes y empoderándolos para la vida y el servicio.22 El Espíritu glorifica a Cristo y da testimonio de Él, redarguyendo al mundo de pecado, de justicia, y de juicio.23 Él inspiró el registro de la revelación del nuevo pacto24 y la hace efectiva en los corazones de las personas a través del don de la regeneración.25 Él ilumina la Palabra de Dios para su pueblo,26 les asegura el amor de Dios,27 los consuela con su presencia,28 intercede a su favor,29 y los santifica para conformarlos a la imagen de Cristo.30 El Espíritu es el lazo de nuestra unión con Cristo,31 el sello de nuestra salvación,32 las primicias de nuestra redención,33 y la garantía de nuestra herencia.34
Footnotes
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La Escritura enseña que quienes pretender ser seguidores de Cristo deben ser “(bautizados* en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mat 28:19), lo cual implica una igual autoridad y dignidad del nombre del Espíritu Santo, el cual representa a su persona. Además, la Escritura consistentemente le atribuye al Espíritu características y actividades que apropiadamente le corresponden a una persona, por ej., Isa 63;10; Mat 12:24; Luc 12:12; Juan 14;26; Hech 5:3-4,9; 7:59; 13:2-4; 20:28; Ef 4:30; 2 Cor 3:17-18. ↩
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Prov 1:23; Isa 42:1; Luc 11:13; Juan 14:16-17, 26; 15:26; 1 Cor 2:10-12; Gal 3:5; 1 Juan 3:24. ↩
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Juan 5:21; cf. Juan 6:63; 15:26; 16:7, 13-15; Hech 2:17-18, 33; Rom 8:9-11; Gal 4:6; 1 Ped 1:11; Juan 15:26. ↩
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Lev 11:45; cf. Sal 51:11; 19:2; 139:7; 143:10; Isa 40:13-14; 63:1-11; Mic 3:8; Marcos 10:18. Vea también Neh 9:20; Hech 1:8; Rom 1:4; 1 Cor 2:10-11; Tito 3:5; Heb 9:14; Apo 4:8. ↩
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Gen 2:7; 6:3; Job 33:4; 34:14-15. ↩
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Juan 3:1-15; 6:63; 7:37-39; Rom 8:11 ↩
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Gen 1:2. ↩
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Sal 33:6, 9; 104:30. ↩
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Job 33:4; 34:14-15; cf. Isa 32:14-17. ↩
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Deut 32:11-12 (cf. Isa 31:5; Gen 1:2 ↩
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Gen 15:6; cf. Gal 3:5-6; Heb 11:8-10. ↩
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Mat 22:43; Hech 1:16; 2 Ped 1:21. ↩
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[^13 ↩
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Jue 3:9-10; 6:34; 11:29; 13:24-25; 15:14. ↩
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1 Sam 10:9; 16:13; 2 Chron 24:20; 2 Tim 3:16. ↩
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Heb 1:1-2; 7:23-24; 9:12; Mat 5:17-18; Marcos 7:18-19; Luc 24:27; Juan 2:19, 21; 4:21, 23; 5:39, 46; Rom 10:4; 2 Cor 1:20. ↩
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Mat 1:18-20; Luc 1:35. ↩
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Isa 11:1-3; 61:1; Mat 3:16; 12:28-32; Marcos 1:10; Luc 3:22; 4:16-21; Juan 1:32-34; Hech 1:2; 10:38; Heb 2:4. ↩
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Heb 9:14-15. ↩
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Rom 1:4; 8:11; 1 Ped 3:18-20 ↩
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Juan 14:2-4, 16, 25-26; 16:5-7; Hech 1:4, 8; 2:1-4, 16-21, 33. ↩
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Luc 4:16-21; Juan 6:63; 16:13-14; Hech 1:8; 2:17-21; 1 Cor 12-14; Rom 14:17; 1 Tim 4:14; 1 Tes 5:19-21. ↩
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Juan 16:8-11. ↩
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Juan 14:17, 26; 16:13-15; 1 Cor 2:10-13; 2 Tim 3:16-17; 2 Ped 3:15-16; 1 Tim 5:18; cf. Luc 10:7; Mat 10:10; Deut 25:4. ↩
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Juan 3:5-8; Tito 3:5. ↩
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Efe 1:17-18; 1 Cor 2:12-14. ↩
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Rom 5:5; Gal 4:6; Efe 3:16-19. ↩
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Juan 16:7; Hech 9:31; 2 Cor 3:17-18; 13:14. ↩
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Rom 8:26-27; Juan 16:7. ↩
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Rom 8:13; 2 Cor 3:18; Gal 5:22-23. ↩
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Efe 4:3; 1 Cor 12:12-13; Gal 4:6. ↩
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2 Cor 1:21-22; Efe 1:13; 4:30. ↩
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Rom 8:23; 1 Cor 15:20, 23. ↩
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Efe 1:13-14; cf. 2 Cor 1:22; 5:5 ↩