El evangelio
El evangelio son las buenas nuevas de Jesucristo y todo lo que Él hizo en su vida, muerte, resurrección, y ascensión para lograr la salvación para la humanidad.1 Por lo tanto, el evangelio no es una acción o logro humano sino más bien un logro divino,2 objetivo, histórico, que permanece cierto e inmutable sea cual sea la opinión o respuesta humana. El evangelio permanece como el mensaje central de la Biblia, la cual en todas sus partes testifica de los actos salvíficos de Dios culminando en la persona y obra de Cristo.3 Estas buenas nuevas son el poder de Dios para salvación a todo aquel que cree,4 ofreciendo esperanza para el perdido5 y consuelo constante y fortaleza para el creyente.6 No hay salvación fuera de Cristo Jesús, pues no hay otro nombre dado bajo el cielo por el cual podamos ser salvos.7
Llamamiento Eficaz, Regeneración, y Conversión
Dios manda que el evangelio sea proclamado a todas las personas en todo lugar,8 pero todas las personas están espiritualmente muertas y son incapaces de responder a estas nuevas de salvación.9 Por lo tanto, Dios por su gracia llama eficazmente a sí mismo a aquellos que Él eligió salvar en Cristo.10 A través de la proclamación del evangelio, el Espíritu Santo regenera a los elegidos y los trae a una unión viva con Cristo, concediendo nueva vida espiritual,11 abriendo sus ojos para ver la gloria de Dios en Cristo,12 y capacitándolos para responder al evangelio en fe y arrepentimiento.13 Con un corazón y una mente renovados,14 nosotros recibimos a Cristo y confiamos plenamente en Él para salvación, volviéndonos de nuestro estilo de vida pecaminoso, egoísta, para amar y seguir a Cristo en obediencia gozosa.15 Solamente aquellos que responden al evangelio de esta manera serán salvos,16 aunque aún esta respuesta es un don de la gracia misericordiosa de Dios, lo cual asegura que sólo Él reciba la gloria por nuestra salvación.17
Justificación y Adopción
En su unión con Cristo, los creyentes reciben gratuitamente todos los beneficios del evangelio.18 A aquellos a quienes Dios llama eficazmente a sí mismo, Él los justifica en Cristo,19 perdonando todos sus pecados,20 y declarándolos justos y aceptables delante de Él.21 Esta es una declaración judicial, la cual no se refiere a nuestra naturaleza sino a nuestro estatus con respecto a la ley de Dios;22 es definitiva, ya que no se puede obtener gradualmente ni se puede perder;23 y es por gracia, un regalo gratuito de la justicia de Dios que no está basado en nada obrado en o por nosotros, sino que es recibido gratuitamente por fe.24 La única razón para nuestra justificación es la justicia de Cristo, cuya vida de obediencia perfecta es imputada a nosotros y cuya muerte sustitutoria a nuestro favor satisfizo completamente las demandas de la justicia de Dios en relación a nuestros pecados.25 Aquellos a quienes Dios justifica, Él adopta como miembros de su familia, otorgándoles todo el estatus, todos los derechos y todos los privilegios de hijos amados.26 Como hijos de Dios, nosotros recibimos su nombre,27; Deut 28:10; 2 Chron 7:14; Hech 11:26; 2 Tim 2:19; 1 Ped 4:14, 16.] disfrutamos acceso a su presencia,28 experimentamos su cuidado y disciplina,29 y ansiosamente aguardamos la herencia gloriosa que Él ha prometido a los suyos.30
Santificación, Perseverancia y Glorificación
Como el todo-suficiente Salvador, Cristo también santifica a su pueblo, limpiándolos de la impureza del pecado y apartándolos para Dios y su servicio.31 La obra renovadora del Espíritu Santo rompe su esclavitud al pecado y a Satanás y los levanta a vida nueva, haciendo posible que los creyentes mortifiquen el pecado y crezcan en semejanza a Cristo.32 La santificación es por consiguiente tanto un acto definitivo de Dios33 como una obra progresiva del Espíritu.34 Los creyentes deben perseverar en fe y obediencia a fin de ser salvos,35 Sin embargo, esta perseverancia es también un don de Dios en Cristo, quien preserva a los suyos y los guarda a salvo por siempre.36 La meta suprema de la santificación es nuestra conformidad plena a la imagen de Cristo, la cual se alcanzará definitivamente cuando los creyentes sean levantados físicamente con Cristo en gloria, libertados del pecado y regocijándose en la presencia de Dios para siempre. 37
Footnotes
-
Rom 3:23-26; 1 Cor 15:3-5; Apo 1:5; 5:5, 9-12. ↩
-
Rom 1:3-4; 1 Cor 15:3-5. ↩
-
Luc 24:44-47; Juan 5:39; 1 Ped 1:10-12. ↩
-
Rom 1:16. ↩
-
Mat 4:16; Hech 4:12; Rom 1:16. ↩
-
Rom 5:1-5; 8:31-39; 2 Cor 1:3-5. ↩
-
Hech 4:12. ↩
-
Mat 28:19-20; Luc 24:47; Hech 17:30; Rom 10:14-17; 15:20. ↩
-
Juan 6:44; Efe 2:1-3, Col 2:13. ↩
-
Rom 8:30; 1 Cor 1:24; Efe 4:4. ↩
-
Juan 3:5-6, 8; 6:63; 2 Cor 3:6; Rom 10:14-17; Tito 3:5. ↩
-
Juan 16:13-14; 2 Cor 3:16-18; 4:4, 6. ↩
-
Efe 2:8-9; Fil 1:29. ↩
-
Rom 12:2; 1 Cor 2:16; Efe 4:23. ↩
-
1 Tes 1:9. ↩
-
Hech 4:12; Col 1:23. ↩
-
Efe 2:8-9; Fil 1:29; 1 Cor 1:26-29. ↩
-
Efe 1:3. ↩
-
Rom 8:29-30. ↩
-
Rom 4:7; Col 1:14; Heb 8:12. ↩
-
Rom 3:26; 5:19; 2 Cor 5:21. ↩
-
Hech 13:39; Rom 3:26; 8:1-2. ↩
-
Rom 3:28; 4:6. ↩
-
Rom 3:22-26; 5:15-17; 1 Cor 1:29; Efe 2:8-9. ↩
-
Rom 3:22-26; 1 Cor 1:29; 2 Cor 5:21; Efe 2:8-9. ↩
-
Rom 8:15, 23; Gal 4:4-7; Efe 1:5; 1 Juan 3:1-2. ↩
-
Num 6:27 (cf. Mat 28:19 ↩
-
Rom 5:2; Efe 1:18. ↩
-
Heb 12:5-11. ↩
-
Rom 8:23-26; 1 Ped 1:3-5. ↩
-
1 Cor 1:30; Efe 5:25-26; Heb 10:10, 14. ↩
-
Rom 6:6-7, 18; 7:6; 8:12-13; Gal 5:1. ↩
-
Heb 10:10, 14. ↩
-
2 Cor 7:1; Fil 2:12; 1 Tim 6:11; 2 Tim 2:22; Heb 12:14. ↩
-
Mat 10:22; 24:13; Marcos 13:13; Col 1:23; Heb 3:14. ↩
-
Rom 8:29-30; 1 Cor 1:8; 1 Tes 3:13; 1 Ped 1:5; Judas 24. ↩
-
Rom 8:29; 2 Cor 3:18; 1 Juan 3:1-3. ↩