• La unión con Cristo inicia la transformación en la imagen de Cristo que se completará en el escatón.
    • Se cumple la promesa
    • Calvino usa regeneracion como la renovacion conntinua
    • En el s. XVII se refirio como “la inauguración de la nueva vida por la actividad soberana y secreta de Dios”
  • palingenesia solo aparece en 2 pasajes
    • Mat 19:28: renovacion de todas las cosas, resurrecion final
    • Tit 3:5: Lavamiento de la regeneracion Esta última interpretación parece probable y, si es válida, sugiere una conexión asombrosa entre la regeneración del individuo y el comienzo de la nueva era, ya que la función del único otro uso de “renovación” (anakainosis, Romanos 12:2) es hacer hincapié en el contraste entre el orden mundial presente y el del siglo venidero.

Nueva creación, nueva vida

  • La regeneración, aunque no se asocia estrictamente con el Espíritu Santo en el Nuevo Testamento, es fundamental en la teología de Juan, donde se describe como nueva vida forjada por el Espíritu. (Juan 1:12-13)
  • Jesús enfatiza que el nacimiento espiritual es esencial para entrar en el reino de Dios.
  • “La regeneración está arraigada causalmente en la resurrección de Cristo (1 Pedro 1:3). Lo semejante produce lo semejante; nuestra regeneración es el fruto de la resurrección de Cristo”
  • La regeneración tiene una naturaleza escatológica, vinculando a los creyentes con el poder del eón venidero y la llegada del Espíritu en Pentecostés:

Monergismo divino

  • El Nuevo Testamento enfatiza la regeneración como una acción soberana y monergística del Espíritu, donde el nacimiento espiritual no es autónomo, sino decidido por Dios. No nacemos por nuestra voluntad, sino por la voluntad divina, y el hombre, en su condición de “carne”, no puede generar vida espiritual. (Juan 1:12;1 Juan 2:29; 3:9; 4:7; 5:1, 4, 18; Santiago 1:18).
  • Jesús, en su conversación con Nicodemo, subraya que sin el nuevo nacimiento, nadie puede ver o entrar en el reino de Dios, destacando la incapacidad humana. La “carne” se refiere a la fragilidad y debilidad del ser humano, que necesita nacer de nuevo para acceder al reino del Espíritu. La incapacidad del hombre para comprender las realidades espirituales se ilustra en la confusión de Nicodemo.
  • El hombre no puede entrar en el reino por su propia voluntad, sino que necesita la intervención divina. La regeneración es esencial para la vida eterna y debe ser realizada desde arriba, indicando que el ser humano no puede concebirse o nacer espiritualmente por sí mismo.

Aspectos de la regeneración

  • La regeneración es una obra radical del Espíritu que implica varios elementos.

  • Primero, conlleva una ilustración intelectual, donde el reino de Dios se vuelve visible para los creyentes a través de la “unción” recibida, permitiéndoles conocer la verdad sin mediación humana, a diferencia del antiguo pacto. Esto no significa que comprendan todo de inmediato, sino que su entendimiento espiritual se ilumina gradualmente. (1 Juan 2:20, 1 Juan 2:27, Jeremías 31:33).

  • En segundo lugar, la regeneración libera la voluntad del hombre de la esclavitud del pecado, permitiéndole entrar en el reino de Dios. Antes de la regeneración, el individuo no puede venir a la luz, pero tras ella, sí lo hace. (Juan 3:5, 20)

  • Además, la regeneración tiene un aspecto purificador, relacionado con la expresión “nacido de agua” (Jua 3:5), que se interpreta mejor a la luz de la promesa del nuevo pacto, donde el Espíritu da nueva vida y purifica el corazón simultáneamente. La purificación se enfatiza en varios pasajes bíblicos, donde “lavados” y “santificados” se asocian con la regeneración (Ezequiel 36:25–27, Tito 3:5, 1 Cor 6:11)

  • La obra del Espíritu es total y afecta a todo el ser del individuo, cumpliendo la promesa de un nuevo corazón. La regeneración es tan generalizada como la depravación, invirtiendo esta última y llevando a una renovación moral y física, culminando en la resurrección. Este cambio es profundo, no solo intelectual, sino una transformación de la naturaleza caída, otorgando un nuevo corazón.

La soberanía del Espíritu

  • El nuevo nacimiento tiene una naturaleza misteriosa y soberana.

    • Se compara la actividad del Espíritu con el viento, enfatizando que sus efectos son visibles, pero su origen y destino son desconocidos.
    • La regeneración, según las formulaciones protestantes, no compromete la integridad humana ni el monergismo divino, ya que Dios ilumina la mente y renueva la voluntad de las personas, permitiéndoles responder libremente a Cristo. : Dios alumbra la mente de los hombres
  • Se plantea una tensión entre la soberanía divina y la actividad humana, sugiriendo que ambos operan simultáneamente en la vida del individuo.

  • La regeneración no es un evento abstracto, sino que involucra la mente, la voluntad y las emociones de la persona.

  • Dios alumbra la mente de los hombres… espiritualmente y de forma salvadora para comprender las cosas de Dios; quitando su corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando su voluntad, y determinándolos a través de su gran poder hacia lo que es bueno; y atrayéndolos eficazmente hacia Jesucristo; de esta forma vienen más libremente, con disposición por medio de su gracia.

  • La fe surge en el contexto de la palabra de Dios, que actúa como un medio instrumental en la regeneración, sin diluir la soberanía del Espíritu. Se menciona que la regeneración tiene dimensiones tanto subconscientes como conscientes, y que la palabra de Dios y el Espíritu trabajan en conjunto. La regeneración individual es análoga a la resurrección escatológica, donde el poder del Espíritu y la palabra de Dios se combinan. En resumen, la obra del Espíritu en la regeneración es soberana y monergística, pero se manifiesta a través de la palabra, lo que no compromete su eficacia ni su soberanía.

Implicaciones

El texto aborda la obra del Espíritu en la regeneración y su relación con la fe y el arrepentimiento, destacando la unión con Cristo. Se menciona que, a través del Espíritu, los creyentes participan en la muerte del viejo hombre y la resurrección del nuevo, lo que implica una transformación en su vida. Los que tienen el Espíritu viven conforme a él, enfocándose en lo espiritual y rechazando el viejo orden.

Resolvemos nuestra salvación porque, y cuando, Dios el Espíritu obra en nosotros a fin de que nuestros deseos y actos consigan su beneplácito (Filipenses 2:12–13). Así pues, los que tienen el Espíritu viven de acuerdo al mismo y centran su atención en las cosas de este; ponen sus afectos sobre las cosas de arriba (Romanos 8:5; Colosenses 3:1–2). El rechazo del viejo orden y un deseo del nuevo escatológico se hacen evidentes (cp. Ezequiel 36:25–26).

Sinclair B. Ferguson, El Espíritu Santo, trad. Loida Viegas Fernández, 1a edición., Biblioteca José M. Martínez (Barcelona, España: Andamio; CEEB, 2016), 138.

Se menciona que el cristiano, al nacer del Espíritu, no peca de manera habitual, sino que se vuelve justo en áreas específicas.

Además, el nuevo nacimiento transforma la relación del creyente con el mundo, permitiéndole vencerlo a través de la fe. La fe y el nuevo nacimiento son aspectos de una misma realidad, reflejando la acción divina y la respuesta del individuo.