Introducción
Tú te puedes identificar con los discípulos, porque nos parecemos mucho a ellos. Tenemos tantas bendiciones —Su Palabra, una iglesia, la presencia del Espíritu— y aun así podemos fracasar como ellos: dudamos, lloramos, tememos, aunque hayamos visto Su poder cientos de veces. Ya cumplió lo más difícil —cargar sobre Sus hombros nuestro pecado— y a pesar de eso seguimos dudando en la tormenta. Escuchamos la Palabra que nos confronta, decimos “ahora sí voy a cambiar”, y ni siquiera hemos salido de este lugar cuando ya recaímos. Los discípulos, en cierto sentido, eran hombres comunes y corrientes, como nosotros.
El cambio en Pedro
Habían pasado unos cincuenta días desde que Pedro había negado a Jesús, temblando y maldiciendo, en esa misma ciudad.
Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once apóstoles, alzó la voz y les declaró: «Hombres de Judea y todos los que viven en Jerusalén…»
El mismo hombre que, cincuenta días antes, estaba acobardado negando a Jesús, ahora se pone de pie públicamente a predicarlo. ¿Qué cambió? No fue un curso de autoayuda ni una terapia. Poco después, junto con Juan, hace un milagro —sana a un paralítico en el nombre del Señor— y los arrestan.
9 si se nos está interrogando hoy por causa del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este ha sido sanado, 10 sepan todos ustedes, y todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo el Nazareno, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos, por Él, este hombre se halla aquí sano delante de ustedes.
Aquí no queda ni rastro del hombre cobarde de los evangelios — ahora habla con poder frente a los mismos líderes que habían crucificado a Jesús. Pedro había pasado tres años con Jesús físicamente presente, y aun así falló; ¿qué produjo este cambio tan radical?
El anticipo
Pero Yo les digo la verdad: les conviene que Yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a ustedes; pero si me voy, se lo enviaré.
Los discípulos no entendían cómo podía ser mejor algo que tener a Cristo entre ellos. Pero según Cristo mismo, es mejor la presencia del Espíritu Santo. Cristo estuvo hablándole a Pedro por años y su corazón seguía duro; cuando llega el Espíritu, en un instante lo transforma.
Pero cuando Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá de venir.
Eso se cumple, en primer lugar, en los mismos discípulos, quienes escribieron los evangelios y las epístolas.
Ustedes son testigos de estas cosas. 49 Por tanto, Yo enviaré sobre ustedes la promesa de Mi Padre; pero ustedes, permanezcan en la ciudad hasta que sean investidos con poder de lo alto».
…porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días».
Fue ese “poder de lo alto” lo que transformó a un cobarde como Pedro.
Idea clave
La venida del Espíritu produjo una transformación radical en los discípulos y sigue cambiando nuestras vidas.
Hay veces que yo veo mi vida, o la de alguien más, y pienso “ese cuate ya no va a cambiar, así se va a morir” — pero eso niega la verdad bíblica: el mismo Espíritu que transformó radicalmente a los discípulos es el mismo que está presente en nosotros. La semana pasada hablamos de la nueva vida que el Espíritu trae; hoy nos vamos a concentrar en que el Espíritu Santo trajo, bíblicamente, una nueva era.
Una nueva era
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en un mismo lugar,
Pentecostés, del griego pentekosté (“cincuenta”), se celebraba cincuenta días después de la Pascua — era la fiesta de la cosecha, cuando en una sociedad agrícola, después de meses de escasez, finalmente había pan hasta hartarse. Cristo les había dicho a los discípulos que se quedaran en Jerusalén hasta ser investidos de poder de lo alto.
Todos estos estaban unánimes, entregados de continuo a la oración junto con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con Sus hermanos.
Ciento veinte personas, reunidas en un aposento alto durante mes y medio, sin Netflix ni redes sociales — usaron esos días para orar.
y de repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados.
El viento representa, desde el Antiguo Testamento, a la persona del Espíritu Santo —Cristo mismo se lo explicó así a Nicodemo—; y este ruido recuerda la visión de Ezequiel 37, del valle de huesos secos que cobran vida al profetizar sobre ellos.
Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos.
¿Qué significa el fuego? En el Antiguo Testamento se usaba para purificar.
49 »Yo he venido para echar fuego sobre la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera encendido! 50 Pero de un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!
Cuando Cristo dice que vino a traer fuego, habla de juicio — pero ese juicio caería sobre Él mismo.
Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús.
¿Qué merecían los discípulos por su fracaso? ¿Qué merecemos tú y yo por el nuestro? Todo el juicio que merecíamos ya cayó sobre Jesús. Así que si para los creyentes ya no hay condenación, el fuego de Hechos 2 no puede representar juicio — ¿qué representa, entonces?
Al fijarse Moisés, vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía.
El fuego también representa la presencia de Dios. Cuando esa llamita se posa sobre los ciento veinte, representa la presencia de Dios entre Su pueblo — el cumplimiento de la promesa: Emanuel, Dios con nosotros, primero en Cristo y ahora en el Espíritu.
Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.
Es la primera vez en toda la Biblia que se dice “todos fueron llenos del Espíritu Santo” — en el Antiguo Testamento llenaba a uno o a unos cuantos. Y empezaron a hablar en lenguas humanas para predicar a personas de otros idiomas — un Babel invertido: el juicio que Dios trajo en Babel para confundir a las naciones se revierte cuando llega el Espíritu.
Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riquezas para todos los que le invocan;
En el Antiguo Testamento, para conocer al Dios verdadero tenías que hacerte parte del pueblo de Israel; ahora la bendición prometida empieza a alcanzar a todas las familias de la tierra — este pasaje relata el inicio de eso.
Aquí tenemos una diferencia de interpretación con otros hermanos: nosotros creemos que Pentecostés fue un evento único — así como Cristo murió una sola vez, el Espíritu llegó por primera vez una sola vez, como la inauguración de un negocio. Y esto marca el inicio de una nueva era, donde el poder de Dios está en el pueblo de Dios. Nosotros distinguimos entre bautismo del Espíritu —que ocurrió una sola vez, en Hechos 2— y llenura del Espíritu.
Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.
“Fuimos” — ya pasó. Cuando alguien cree en Jesús, el Espíritu lo conecta espiritualmente con lo que ocurrió en el aposento alto — no viste una lengua de fuego sobre tu cabeza, pero la misma presencia de Dios que representaba está en tu vida. Y la mejor evidencia de ese Babel invertido somos nosotros mismos: hablamos español, sin ninguna conexión sanguínea con Israel, y sin embargo somos parte del pueblo de Dios.
Idea clave
En Pentecostés la venida del Espíritu inició una nueva era, capacitando a los creyentes a vivir en el poder y la esperanza del siglo venidero.
Aunque en tu vida y en la mía hay adversidad y dolor —hace rato orábamos con hermanos que lloraban—, lo glorioso es que la presencia de Dios ya está en ti; si has creído en Cristo, nunca vas a pasar ninguna prueba solo, porque el Espíritu de Dios no está a tu lado, está dentro de ti.
Implicaciones
El Espíritu viene de Cristo y para Cristo
Cuando venga el Consolador, a quien yo enviaré del Padre, es decir, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de Mí,
En el curso de “Arraigados”, un hermano preguntó: si esto es cierto, ¿por qué nos sigue costando tanto trabajo? La respuesta es que seguimos luchando con el pecado, y a veces olvidamos la purificación de nuestros pecados. Yo mismo, esta semana, tuve tentaciones que no vencí, y otras que sí — no porque sea “bien chido”, sino porque estoy lleno de ese poder de lo alto. La tarea más importante que hace el Espíritu en nosotros es hablarnos de Cristo — en la tentación, en el problema que nos aplasta, a veces por medio de un pasaje que brota en el corazón, un canto, o a través de otra persona.
El Espíritu nos incluye en el siglo venidero
En la antigüedad, las arras eran literalmente monedas de oro que un hombre entregaba como garantía a su prometida — “si no te cumplo, ya la armaste”.
13 En Él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en Él con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de Su gloria.
El Espíritu Santo es esa garantía, esa promesa de que vamos a salir adelante.
El Espíritu nos capacita para vencer
Rogamos que ustedes sean fortalecidos con todo poder según la potencia de Su gloria, para obtener toda perseverancia y paciencia, con gozo
No dice “fortalecidos según tu fuerza” — según la potencia de Su gloria. El Espíritu es quien nos fortalece para luchar contra el pecado y vencer.
El Espíritu nos fortalece en la debilidad
De la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. No sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
¿Alguna vez has tenido un problema tan grande que ni siquiera quieres orar, y cuando empiezas a orar, lo que sale es tu dolor y tus reclamos? Por nuestra debilidad no sabemos orar como debiéramos — pero el Espíritu intercede por nosotros.
Conclusión
Si estás en Cristo, cree esto:
Aplicacion
- Ya eres parte de una nueva era: el Espíritu ya está en ti y te capacita para vivir en Su victoria y Su poder.
- Tu pasado ya no te define — eres parte de un nuevo pacto; no digas “soy mentiroso” o “soy orgulloso” como identidad, aunque reconozcas ante Dios con qué luchas. Un creyente puede luchar con una adicción, pero no es su identidad “ser un adicto” — eres una nueva criatura.
- El Espíritu te llena de Su poder.
- Necesitamos buscarlo y depender de Él — la semana que viene hablaremos de la llenura del Espíritu.
Argumento
La venida del Espíritu Santo asegura que los creyentes somos capacitados para vivir en el poder del reino de Dios y reflejar Su poder en nuestra vida diaria.
Nos identificamos con los apóstoles, pero tenemos algo que ellos no tuvieron, al menos al principio: la persona del Espíritu ya morando en nosotros. Aquí, en esta iglesia, todos luchamos con algún pecado — no debería sorprendernos unos a otros. Lo que necesitamos es este poder de lo alto, que ya tenemos, pero que necesitamos seguir siendo llenados de él continuamente, para que nos recuerde a Cristo, Su gloria, Su sacrificio.
Si tú no has creído en Cristo, lo primero que necesitas es acercarte a Él en arrepentimiento y fe: “Señor, lléname, perdóname, soy un pecador, te necesito”. Vamos a orar para terminar.
Señor, en esta tarde te damos gloria y te alabamos por tu inmenso amor y gracia. Todos los que estamos aquí estamos luchando, todos los que estamos aquí somos débiles, todos luchamos o con el pecado o con el hecho de ser hombres débiles viviendo en un mundo tan difícil y tan duro; todos nosotros hemos llorado en esta debilidad. Así que yo te ruego, mi Rey, que este poder de tu Espíritu que ya nos diste pueda inundar nuestra vida, y puedas fortalecernos con todo poder conforme a la potencia de tu gloria, para que vivamos en gozo y en victoria en Cristo Jesús. Te lo rogamos, en el nombre de Cristo. Amén.