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Resumen

La Encarnación es el acto por el cual el Hijo eterno de Dios, “cuando vino la plenitud del tiempo” (Gá. 4:4), tomó para sí una naturaleza humana real y completa — cuerpo y alma racional — sin dejar de ser plenamente Dios. El Catecismo de Gracia Soberana lo confiesa en dos preguntas consecutivas: “el Hijo de Dios se hizo hombre al tomar para sí mismo una naturaleza humana plena. Jesús fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María, permaneciendo completamente Dios y completamente hombre, aunque sin pecado” (P. 30), y explica que esto fue posible porque “las naturalezas humana y divina de Jesús no fueron mezcladas o cambiadas, sino unidas en una sola en la persona del Hijo de Dios” (P. 31) — ver Unión hipostática para el desarrollo de esa unión.

La Confesión Belga (Art. 18) insiste en que esta humanidad asumida fue real, no solo el cuerpo sino también “un alma humana verdadera, para que pudiera ser un hombre real” — “ya que tanto el alma como el cuerpo se perdieron, era necesario que Él tomara ambos sobre sí, para salvar a ambos” — y lo confiesa expresamente contra los anabaptistas que negaban que Cristo tomara la carne humana de María. La Confesión Gala (Art. 14) añade la misma precaución en la otra dirección, contra Miguel Servet, que “confunde y destruye las dos naturalezas” al negar una humanidad real en Cristo.

¿Por qué era necesaria la Encarnación? Hebreos lo explica con la lógica de la sustitución: “por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte… y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud” (Heb. 2:14-15) — el que había de pagar la deuda y morir en nuestro lugar tenía que ser, Él también, verdaderamente humano (ver Catecismo Mayor de Westminster, P. 39). Filipenses 2:6-8 describe el movimiento mismo del Hijo: “existía en forma de Dios… se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres” — no un despojo de la deidad, sino la asunción voluntaria de la humanidad y de la condición de siervo (ver Humillación de Cristo, ya completada en otra tanda).

Bases bíblicas

  • Juan 1:14 — “el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria”.
  • Gálatas 4:4 — “cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley”.
  • Filipenses 2:6-8 — “existía en forma de Dios… se despojó a sí mismo tomando forma de siervo”.
  • Hebreos 2:14-15 — la necesidad de que Cristo participara “de carne y sangre” para vencer la muerte por medio de la muerte.
  • Lucas 1:35 — el anuncio a María: “el Espíritu Santo vendrá sobre ti… por lo cual el Santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios”.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Serie devocional — Portavoz de la gracia

Sermones