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Resumen

El celo de Dios quiere decir que Dios continuamente procura proteger Su propio honor (Grudem). No es un defecto —como lo sería el celo humano nacido de la inseguridad— sino la perfección por la cual Dios, siendo digno de toda adoración, no tolera que esa adoración se dé a otro. El segundo mandamiento lo hace explícito: tanto el Catecismo Menor de Westminster (P. 52) como el Catecismo Mayor (P. 110) y el Catecismo de Keach (P. 57) fundamentan la prohibición de la idolatría precisamente en “el celo que Dios tiene por Su propio culto/adoración”, citando Éxodo 20:5 (“yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso”). El celo de Dios por Su gloria y el celo de Dios por Su pueblo son la misma perfección vista desde dos ángulos: Dios no comparte Su gloria con ídolos (ver Gloria de Dios), y por eso tampoco abandona a los Suyos a otros amores.

Bases bíblicas

  • Éxodo 20:4-5 — segundo mandamiento: “Yo, el Señor tu Dios, soy Dios celoso”.
  • Deuteronomio 4:24 — “el Señor tu Dios es fuego consumidor, un Dios celoso”.
  • Nahúm 1:2 — “Dios celoso y vengador es el Señor”.
  • Zacarías 8:2 — “he celado a Sión con gran celo, sí, con gran furor la he celado”.
  • 2 Corintios 11:2 — Pablo, “celoso… con celo de Dios”, presenta a la iglesia como virgen pura desposada a un solo esposo, Cristo.

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