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Resumen

Como profeta, Cristo cumple la promesa de Deuteronomio 18:15 — “un profeta como yo” que Dios levantaría — y revela plenamente la voluntad y el consejo secreto de Dios para la salvación de Su pueblo. No es un mensajero más entre otros: es la Palabra misma hecha carne (Jn. 1:1,14), el punto final y definitivo de la revelación de Dios (Heb. 1:1-3). El Catecismo Mayor de Westminster lo resume así: ejecuta este oficio “revelándonos, por Su Palabra y Espíritu, en todas las épocas, la voluntad de Dios para nuestra salvación” (P. 43). La Confesión bautista de Londres de 1644 añade que por este oficio Cristo es llamado no solo profeta y maestro, sino “la sabiduría de Dios, en quien están escondidos todos los tesoros de sabiduría y ciencia” (Art. 15).

Este oficio no terminó con Su ascensión: Cristo sigue enseñando a Su Iglesia hoy por Su Palabra y por Su Espíritu (ver De los oficios de Cristo en general).

Bases bíblicas

  • Deuteronomio 18:15 — la promesa de “un profeta como yo” que Dios levantaría, cumplida en Cristo.
  • Juan 1:1,14 — Cristo no solo trae la revelación de Dios, es la Palabra de Dios hecha carne.
  • Hebreos 1:1-3 — Cristo como la revelación final y superior de Dios, por encima de los profetas del Antiguo Testamento.
  • Hechos 3:22 — Pedro identifica explícitamente a Jesús como el profeta prometido por Moisés.

Recursos del vault

Confesiones y catecismos

Notas y reflexiones

Serie devocional — Portavoz de la gracia

Ver también