De los oficios de Cristo en general

Thomas Boston (1676-1732)

“El edificará el templo de Jehová, y él llevará gloria, y se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado; y consejo de paz habrá entre ambos” (Zacarías 6:13).

Basándome en el texto de Zacarías, trataré ahora el tema de los oficios que Cristo cumple como nuestro Redentor. El versículo 11 de este capítulo menciona una acción típica de coronar con dos coronas a un sumo sacerdote, en este caso Josué, acto realizado y explicado en los versículos que le siguen como representando a Cristo y sus oficios, que lleva sobre su cabeza muchas coronas. El versículo 12 contiene una profecía de la encarnación de Cristo en la metáfora de un Renuevo, que brota de la simiente de David y viene al mundo con humildad, “como raíz de tierra seca” (Is. 53:2). En el versículo que enfocamos tenemos los oficios que ejecutaría como nuestro Redentor, que son tres:

1. El oficio de Profeta: “Edificará el templo de Jehová” (Zac. 6:12) o sea, su propia Iglesia —de la cual el templo era un tipo— por el mensaje del evangelio, que le toca promover como Profeta porque los que forman la Iglesia están “edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Ef. 2:20) y, además, es el Revelador de las verdades que los profetas y los apóstoles enseñaban.

2. El oficio de Sacerdote: Es expiar16 los pecados de su pueblo, adquirir la paz para ellos y defender su causa ante Dios.

3. El oficio de Rey: Porque tiene un trono, denota que tiene un oficio real. Él “se sentará y dominará en su trono, y habrá sacerdote a su lado” (Zac. 6:13). Esta expresión describe la recompensa por sus sufrimientos y la elevada dignidad que le es dada como consecuencia de su humillación y sus sufrimientos [en satisfacción por la culpa de los pecados]. También es descrito como “sentado en su trono” (1 R. 22:19), no un Rey de nombre solamente o un monarca inactivo, sino realizando actos de su dominio que le corresponden a su gobierno. En él, se une toda la gloria de estos oficios, los cuales tendrá y cumplirá a pesar de toda oposición: se sentará y dominará en su trono.

El texto da fundamento a la siguiente doctrina:

Doctrina**: Cristo, como nuestro Redentor, ejecuta los oficios de Profeta, Sacerdote y Rey, en su estado de humillación, al igual que de exaltación.** Sobre esta doctrina, demostraré: I. La verdad de estos oficios en Cristo, II. La necesidad de que los cumpla como nuestro Redentor. III. Cuándo cumplió estos oficios y, por último, IV. Deducir algunas inferencias.

I. Demostraré la verdad o realidad de estos oficios en Cristo. Afirmo pues, que Cristo como nuestro Redentor realmente está investido de estos oficios. Es verdaderamente un Profeta, un Sacerdote y un Rey; y que los ejecuta, es decir, realiza las funciones correspondientes a estos oficios. Esto se ve claramente en lo siguiente.

A. Del testimonio claro de las Escrituras: (1) De que poseía estos oficios: es un _Profeta,_aquelque anunció Moisés, quien debía ser escuchado en todas las cosas que decía y de quién las decía: “toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo” (Hch. 3:22-23). El apóstol Pedro aplicó este pasaje sólo a Jesucristo y a ningún otro más que él, quien enseñaba con autoridad y poder sin paralelos (Jn. 7:46). Es un Sacerdote. Las Escrituras dicen de él expresamente: “Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec” (He. 5:6) y, en otros lugares de esa epístola, donde la realidad, naturaleza y finalidad de su sacerdocio es ampliamente descrito. Es un Rey.“Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte” (Sal. 2:6). “Domina en medio de tus enemigos” (Sal. 110:2). Tiene todos los símbolos de autoridad real: la ceremonia de inauguración o ungimiento para su oficio… (Sal. 2:6); una corona (Sal. 21:3); una espada (Sal. 45:3); un cetro (Sal. 65:6); súbditos (Lc. 1:33; Jn. 1:49).

(2) Las Escrituras testifican de que cumplió estos oficios. Por tanto, dice él mismo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6). Por su muerte, es el camino a la vida y la felicidad, la verdad en su Palabra, la suma y sustancia de toda verdad revelada y la vida en su Espíritu, dando vida y preservando a su pueblo con su poder. Dios lo hizo “sabiduría, justificación, santificación y redención” (1 Co. 1:30): sabiduría como Profeta, justificación como Sacerdote y _santificación_y redención como Rey.

B. Aprendemos también esto de su nombreCristo oMesías**, que significael Ungido.** Tres tipos de personas eran ungidas bajo la Ley, a saber: Profetas [como Jehú] (1 R. 19:16); sacerdotes como Aarón (Éx. 29:7) y reyes como David y otros. Estos tres oficios se dan en Cristo, quien fue ungido para cumplir los tres. Por eso dice él mismo (Is. 61:1) “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel”. Ha sido ungido, como Profeta, para predicar las buenas nuevas a los humildes; como Sacerdote, para _vendar a los quebrantados de corazón_y como Rey a publicar libertad. No fue ungido con óleo material, como los profetas, sacerdotes y reyes lo eran bajo la dispensación del Antiguo Testamento, sino con óleo del Espíritu: “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová”. Y dice Salmos: “Con óleo de alegría más que a tus compañeros” (Sal. 45:7). Ahora bien, esta unción significaba (1) que fue apartado para ser Mediador y para cumplir estos oficios: el Padre lo “santificó y envió al mundo” (Jn. 10:36). (2) Por contar totalmente con los dones y calificaciones adecuados para estos oficios en lo que atañe a su naturaleza humana, a la cual fue dado el Espíritu sin medida (Is. 11:1-2, etc.), con toda plenitud, no sólo lo suficiente, sino en abundancia, no la simple llenura de una vasija, sino la de un manantial para compartir generosamente con su pueblo (Jn. 1:16). Fue solemnemente instaurado en estos oficios cuando fue bautizado (Mt. 3:17), en su transfiguración (Mt. 17:5) y en su exaltación (Hch. 2:36). Y fue llamado a estos oficios con solemnidad: “Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón. Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy” (He. 5:4-5).

II. Consideremos ahora la necesidad de ejercer estos oficios. La encarnación de Cristo y el hecho de que aceptara la obra de nuestra redención fueron enteramente voluntarios, sin la menor sombra de una imposición y compulsión; sino que estuvo dispuesto a ser nuestro Redentor por su gran bondad hacia nosotros y cumplir estos tres oficios necesarios para nuestra salvación. A continuación, veremos esto con claridad.

**A. Consideremos nuestra desdicha por nuestro pecado, ignorancia, culpabilidad y esclavitud.**Por nuestra ignorancia, desconocemos cuál es el camino para regresar a Dios; por lo tanto, Cristo como nuestro Profeta, nos tiene que enseñar. No podemos mirar a Dios cara a cara por estar cargados de culpa. Por lo tanto, Cristo como Sacerdote, tiene que hacer expiación y quitar la culpa. Somos esclavos del pecado y de Satanás, y no podemos volver a Dios, ni librarnos de nuestras cadenas; por lo tanto, Cristo como Rey nos libera, nos regresa, llevando cautiva la cautividad. Como Profeta da luz al ciego, como Sacerdote, mérito y como Rey, poder.

**B. Consideremos la salvación de la que participan los escogidos.**Era necesario que les fuera revelada porque ellos mismos, siendo ciegos e ignorantes, nunca podrían descubrirla. Por lo tanto, nuestro Redentor fue un Profeta para revelarnos las cosas que conciernen a nuestra salvación e instruirnos sobre ellas. Era necesario que la salvación fuera comprada para los pecadores quienes, siendo débiles e incapaces de realizar ninguna obra espiritual, nunca podrían comprársela ellos mismos. Por lo tanto, fue un Sacerdote para comprarnos vida y redención eterna. Era necesario que fuera aplicada por el poder de su Espíritu porque los pecadores no pueden comprar la salvación y mucho menos aplicarla a sí mismos. Por lo tanto, Cristo fue un Rey. Los esclavos nunca podían pagar su propio rescate, ni saber después que ya había sido pagado, por lo que no creían que podían dejar su esclavitud. Por todo esto, fue necesario que nuestro Redentor se invistiera de estos tres oficios.

C. Consideremos a Cristo como el Mediador del pacto, quien tuvo que tratar con ambas partes a fin de unirlas. Agraviamos a Dios con nuestro pecado y culpabilidad; por lo tanto, por nosotros tuvo que ser un Sacerdote para satisfacer la ley y la justicia, e interceder para que fuéramos perdonados. No sabíamos los planes del Padre y el Hijo; por lo tanto, era necesario que fuera revelador de esa gracia y estrategia misericordiosa. No estábamos dispuestos a tratar con Dios; por lo tanto, era necesario que como Rey consiguiera que nos sometamos y aceptáramos su gobierno. Fue necesario que comprara, revelara y administrara los beneficios del pacto.

D. Consideremos la obra de conversión. El alma tiene que recibir iluminación, por la convicción que le da el Profeta, para ver su propia desdicha y lo adecuado del remedio. Viendo su propia desdicha, el alma se desesperaría si no fuera por la sangre del Sacerdote para rociar la conciencia y la voluntad nunca cedería si no sintiera el poder de su espada conquistadora.

E. Consideremos nuestras necesidades cotidianas. ¿Acaso no nos falta algún conocimiento de algo todos los días? ¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos al gran Profeta al cual recurrir para instrucción y dirección? Cada día agregamos una culpa nueva; ¿cuál sería nuestro consuelo si no tuviéramos un mérito duradero y un Abogado permanente? ¿Acaso no necesitamos siempre protección contra nuestros enemigos? ¿Cómo, pues, podríamos vencer las huestes del infierno si nuestro Rey no estuviera en nosotros para subyugarlos?

F. En último lugar**, consideremos las promesasque son la vara y el cayado de la vida cristiana, sin el cual los salvos nunca podrían alcanzar la victoria. Los oficios de Cristo son el origen y el manantial de todo esto. ¿Cuánto valen las promesas de iluminación, guía, dirección, etc., para el ciego y para los que no conocen el camino? Estas fluyen del oficio profético de Cristo. “He aquí que yo lo di por testigo a los pueblos, por jefe y por maestro a las naciones” (Is. 55:4). ¿Cuán preciosas son las promesas de paz, perdón y reconciliación para aquellos llenos de desasosiego por sus temores, su culpa y su pecado? Estas fluyen del oficio de Sumo Sacerdote. Y las promesas de protección y libertad a los cautivos fluyen de su oficio como Rey.** Todas las promesas se basan en la compra de la sangre de Cristo y todas son sí y amén en él, y fluyen de él y a través de él (ver 2 Co. 1:20).

III. Veamos ahora cuándo fue que Cristo cumplió estos oficios. Así como ha sido el Redentor de la Iglesia a través de las edades, también ha cumplido los demás oficios en todas las épocas de la Iglesia. En el Antiguo Testamento, fue el gran Profeta de la Iglesia, como dice Juan 1:18 “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”. Trajo buenas nuevas de salvación a los pecadores en cada revelación, desde la primera promesa evangélica hasta su manifestación en la carne. Y él, no sólo revela las cosas concernientes a la salvación de los hombres, sino que también las enseña y da el entendimiento para comprenderlas y conocerlas. Fue Profeta a la Iglesia en el desierto; pues como dice Éxodo 23:20: “He aquí yo envío mi Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado”. Y leemos en 1 Pedro 3:19 que “fue y predicó a los espíritus encarcelados”; esto se refiere a los pecadores en la antigüedad que, a pesar del ministerio de Noé, no se arrepintieron y entonces, para el tiempo cuando el Apóstol escribió estas palabras, eran prisioneros en el infierno. Cristo fue también su Sacerdote, intercediendo por su pueblo en el futuro, con base en sus sufrimientos futuros. Tenemos un ejemplo digno de notar en Zacarías 1:12: “Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalén, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?”. Y fue su Rey, el Capitán de las huestes del Señor, quien los libró de la esclavitud en Egipto, los guió por el inhóspito desierto, los asentó en Canaán e instituyó todo su culto de adoración y servicio religioso, etc.

No obstante, Cristo cumplió estos oficios más específicamente después de su encarnación, tanto en su estado de humillación como de exaltación. Estos son los dos estados de los cuales habla el Apóstol en Filipenses 2:8-9: “Estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre”.

Fue Profeta mientras estaba en la tierra y, por medio de su Palabra y su Espíritu, sigue revelando la voluntad de Dios para la salvación de su pueblo. Enseñó toda la doctrina de la Biblia; y él es el que ha comunicado todo conocimiento salvador hasta este día y seguirá haciéndolo hasta el final de los tiempos.

Fue un Sacerdote en su estado de humillación, al igual que en su estado de exaltación. Su sacrificio fue ofrecido en la tierra y, por lo tanto, fue un Sacerdote aquí. Por eso dice el Apóstol en Efesios 5:2: “Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante”. No ascendió al cielo hasta que por su sacrificio efectuó “la purificación de nuestros pecados” (He. 1:3). Y continúa siendo un Sacerdote intercesor para siempre (He. 7:25).

Fue también Rey en su estado de humillación. Nació como Rey (Mt. 2:2), su entrada a Jerusalén fue como Rey, cumpliendo así una antigua profecía sobre él (Mt. 21:5); se presentó como Rey ante Pilatos (Mt. 27:11). Fue el Señor de gloria quien fue crucificado (1 Co. 2:8). Y está ahora exaltado en su trono, es llamado “REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Ap. 19:16) y reinará hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies (He. 10:13) y todos sus súbditos sean llevados a la gloria.

Cabe señalar que no se deben dividir estos tres oficios que Cristo cumple, especialmente cuando los cumple de una manera eficaz para la salvación de las almas. Puede ciertamente revelar de manera objetiva la voluntad de Dios y dar leyes a su Iglesia como Profeta, sin darles la unción por la cual Dios les enseña a conocer todas las cosas necesarias para alcanzar salvación. Y puede cumplir su oficio real, como Juez, infligiendo juicios y calamidades terribles, sin someterlos a esa obediencia y sujeción a él, que es el privilegio de los creyentes auténticos. No obstante, es una verdad indubitable que en cualquier momento que ejecuta uno de estos oficios para salvar al hombre, lo hace cumpliendo los tres. En este sentido, aunque los oficios son distintos, no están divididos porque todo el que es enseñado por él como Profeta, para salvación, es redimido para Dios por su sangre como Sacerdote y es sometido por su poder como Rey, de manera que lo hace voluntariamente. Y todos aquellos cuyos pecados son expiados por él como Sacerdote, a su tiempo serán enseñados por él como Profeta y hechos súbditos voluntarios de él como Rey en el día de su poder (Sal. 110:3).

Concluimos este tema con algunas deducciones.

A. ¡Cuán grande y cuán glorioso es nuestro Señor Jesucristoquedesempeñó estos tres oficios a la vez y los cumplió puntualmente, de manera que ninguno de ellos afectara ni estuviera en desacuerdo con el otro! Es ciertamente glorioso aquel que esparció a la perfección toda su gloria entre las personas especiales. Si fue un honor para Melquisedec ser, tanto sacerdote como rey, y para David ser, tanto rey como profeta, ¡cuánto más glorioso es que nuestro divino Mediador sea Profeta, Sacerdote y Rey! Realmente poseyó estos oficios y los cumplió en su totalidad de una manera más eficaz de lo que pudiera haberlo hecho cualquiera que jamás haya sido investido con alguno de ellos sobre esta tierra.

**B. Sea esto para usted una recomendación de Cristo como un Salvador adecuado y sin paralelos.**No existe ningún problema del pobre pecador, que no pueda encontrar la solución en uno de estos oficios de Cristo. Oh pecador, ¿vive bajo la oscuridad espiritual y la ignorancia? Puede usted obtener conocimiento e instrucción de él. Él es la luz del mundo (Jn. 8:12) y puede darle un entendimiento para que lo conozca a él, que es la verdad, puede darle el Espíritu de sabiduría y revelación y el conocimiento de Cristo (Ef. 1:17). ¿Se encuentra bajo culpa y condenación, cargado de pecado que le hundirá en el infierno? Hay justificación en él como Sacerdote para borrar su culpa. Él es la expiación y propiciación por el pecado (1 Jn. 4:10). Él salva del pecado y de la ira. ¿Es usted un esclavo del pecado y de Satanás? Jesucristo es el Rey que vino para destruir las obras del diablo: puede romper el dominio del pecado en usted, quitarle los grilletes y someter a todos sus enemigos espirituales.

C. No puede usted aceptar a Cristo como su Redentor, si no acepta todos sus oficios. Es la única manera como se ofrece a sí mismo para salvar a los pecadores. Y lo que Dios juntó no lo separe el hombre. Muchos pretenden aceptar a Cristo como Salvador para que los salve del infierno y la ira, pero no le escuchan como Profeta para que les enseñe el conocimiento salvador de Dios, ni se han sometido a sus leyes y mandamientos. ¿Cuántos llaman “su Señor” a Cristo, pero no hacen lo que él ordena? ¡Terrible necedad la de los que rechazan las enseñanzas de Cristo diciendo: “Apártate de nosotros porque no queremos saber nada de tus caminos”! ¡Ay la estupidez de aquellos que rechazan a Cristo como Sacerdote y piensan encomendarse al favor divino por sus propias obras de justicia, en lugar de la justicia de él! ¡Ay la locura de aquellos que desprecian a Cristo como Rey, negándose a someterse a su autoridad real y a sus leyes y su gobierno! ¡Y qué tontos son los príncipes de este mundo que no quieren que Cristo reine libremente en sus dominios y, en cambio, usurpan su autoridad y elaboran e imponen leyes contrarias y en desacuerdo con las de él!

D. ¿Acepta usted a Cristo en todos sus oficios?¿Renuncia a sí mismo para que, como Profeta, él le enseñe todo lo que se relaciona con su salvación, haciendo a un lado su propio conocimiento y sabiduría; a ser justificado por su justicia y limpiado por la sangre de Cristo, renunciando a su propia justicia como trapos de inmundicia, diciendo: “en el Señor solo está la justicia”? ¿Cuenta todas las cosas como pérdida y basura para poder ganar a Cristo no teniendo su propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe en Cristo, la justicia que es de Dios por la fe (Fil. 3:9)? ¿[Renuncia a sí mismo] para ser guiado y conducido, regido y gobernado por él como su Señor y Rey Soberano, obedeciendo de corazón y con alegría todas sus leyes y sus mandamientos, diciendo: “Otros señores fuera de ti se han enseñoreado de nosotros; pero en ti solamente nos acordaremos de tu nombre” (Is. 26:13).

E. Utilicemos todos los oficios de los cuales está investido este Redentor poderoso y que, como Mediador, cumple para beneficio de la raza humana en ruinas. Nuestra necesidad de estos oficios es absoluta. Somos tontos y necios, necesitamos su sabiduría para guiarnos y dirigirnos; y somos ignorantes, tanto en cuanto a nosotros mismos como a Dios, por lo que requerimos conocimiento e instrucción. Somos pecadores culpables y condenados, sí, transgresores cotidianos y necesitamos perdón, sí, perdón continuo. Somos débiles, no tenemos fuerza para combatir contra adversarios espirituales y necesitamos la obra de su gran poder como Rey de reyes para poder vencer a nuestros adversarios. Si nos conocemos a nosotros mismos y practicamos la santidad, veremos la necesidad absoluta de todos los oficios de Cristo para lograr nuestra salvación. También querremos bendecir a Dios cada día por un Redentor total y todo suficiente. ¡Hagan uso de él diariamente en todos sus oficios gloriosos y hónrenle poniendo todo en sus manos como su Profeta, Sacerdote y Rey!

Tomado de “An Illustration of the Doctrines of the Christian Religion” (Una ilustración de las doctrinas de la religión cristiana), Parte 1, en The Whole Works of Thomas Boston(Las obras completas de Thomas Boston), Tomo 1, Tentmaker Publications, www.tentmakerpublications.com.


Thomas Boston (1676-1732) Pastor y erudito presbiteriano escocés; nacido en Duns, Berwickshire, Escocia.

Hay el Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres en uno. Entonces el Padre es mi Dios; él me ha amado, me ha escogido, me ha engendrado, ha provisto para mí, es mi Padre, mi todo. Entonces, también el Hijo adorado es mío. Jesús, el Redentor, el Profeta, Sacerdote y Rey, el Intercesor, el Juez, mi todo. Entonces el Espíritu Santo es mío; el Instructor, el Dador de Vida, el Santificador, el Consolador. Rocío, fuego, viento, paloma —sea cual fuere la metáfora bajo la cual se esconde— él es mi todo. El Padre, el Hijo, el Espíritu Santo; a estos tres amados y gloriosos de la única e indivisible Deidad, la fe dice: “Mi Dios”. —Charles Spurgeon

[Dios] lo ha exaltado, constituyéndolo Profeta, Sacerdote y Rey de su Iglesia, invistiéndolo de poder, levantándolo de entre los muertos y sentándolo a su diestra. Al que Dios escoge y utiliza, a éste exaltará. Él lo ungió, lo hizo apto para su oficio y lo confirmó dándole el Espíritu, no con medida, sino sin medida, infinitamente más que sus prójimos. Es llamado Mesías o Cristo el Ungido. Con todo esto, lo designó para ser su propio siervo, para cumplir su propósito eterno y adelantar los intereses de su reino entre los hombres. —Matthew Henry