
Compromiso 4
No le impondré mis deseos o preferencias a la iglesia
Cuando algunos cristianos ven a su iglesia local como un club social o de servicio, es natural que esperen que se cumplan sus gustos o preferencias personales. Sin embargo, olvidan que el Señor Jesucristo no nos llama simplemente a “afiliarnos”, sino a someternos a la iglesia. Ser un miembro fiel significa renunciar a nuestras preferencias para seguir el camino del servicio.
Esto no quiere decir que los miembros no puedan opinar o sugerir mejoras. Al contrario, esas aportaciones son valiosas. Pero nunca debemos olvidar que nuestra razón de estar en la iglesia es servir a los demás, contribuir a sus necesidades y vivir en entrega y sacrificio. Como ciudadanos del reino de Cristo tenemos muchos privilegios, pero sobre todo somos llamados a ser siervos. Y un siervo se dedica a servir a su Señor, no a exigir que se cumplan sus gustos ni a quejarse cuando no se cumplen.
Incluso los primeros discípulos tuvieron que aprender esta lección. En una ocasión discutían entre ellos quién sería el más importante. Entonces Jesús les corrigió con estas palabras en Marcos 9:33-35:
Marcos 9:33-35
Llegaron a Capernaúm; y estando ya en la casa, Jesús les preguntaba: «¿Qué discutían por el camino?». 34 Pero ellos guardaron silencio, porque en el camino habían discutido entre sí quién de ellos era el mayor. 35 Jesús se sentó, llamó a los doce discípulos y les dijo: «Si alguien desea ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos».
Los discípulos de Cristo eran algo testarudos, así como nosotros, y en el siguiente capítulo se volvieron a pelear porque dos de ellos se atrevieron a pedirle al Señor que les concediera sentarse a su derecha y a su izquierda en Su gloria, y todos los demás se enojaron contra ellos. Y en Marcos 10:42-45 el Señor una vez más les repite cuál debe ser su actitud y su prioridad si quieren ser grandes en Su reino:
Marcos 10:42-45
Llamándolos junto a Él, Jesús les dijo: «Ustedes saben que los que son reconocidos como gobernantes de los Gentiles se enseñorean de ellos, y que sus grandes ejercen autoridad sobre ellos. 43 Pero entre ustedes no es así, sino que cualquiera de ustedes que desee llegar a ser grande será su servidor, 44 y cualquiera de ustedes que desee ser el primero será siervo de todos. 45 Porque ni aun el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos».
Las palabras que el Señor Jesucristo dirigió a sus discípulos también nos alcanzan hoy a ti y a mí. Como miembros fieles de la iglesia, nuestra motivación principal no debe ser que se cumplan nuestros gustos o preferencias, sino entregarnos con humildad al servicio de los demás. Recuerda: el llamado es a servir, no a ser servidos.
La palabra siervo aparece más de cincuenta veces en el Nuevo Testamento. A veces describe una función doméstica, pero la mayoría de las veces señala la actitud que todo cristiano debe asumir. Del mismo modo, el verbo servir y sus derivados se repiten más de cincuenta veces, subrayando un mensaje claro: para Dios, el servicio es esencial en la vida de sus hijos.
El verdadero gozo en la iglesia no se encuentra en exigir que se cumplan nuestras preferencias. Jesús nos enseñó que el camino al gozo es elegir ser el último y servir a todos. Lo paradójico es que la mayor alegría llega cuando renunciamos a nuestros derechos y preferencias para bendecir a los demás.
Cuando nuestra actitud no refleja la de un siervo, y el servicio deja de ser nuestra prioridad, aparecen conductas como estas:
- Mis conversaciones giran más en torno a intereses materiales que a temas espirituales.
- Me incomoda cuando cambian programas o actividades que antes me beneficiaban.
- Comparo a pastores o líderes y no recibo con la misma disposición a todos.
- Espero atención pastoral inmediata y me quejo si no la recibo.
- Participo en la alabanza solo si la música y las canciones son de mi agrado.
- Me enojo con facilidad cuando otros miembros no cumplen mis expectativas.
- Me apasionan más mis metas y pasatiempos personales que compartir el evangelio con los perdidos.
Esta lista refleja una actitud centrada en el “yo”, lo opuesto a ser un miembro fiel. La verdadera fidelidad consiste en asumir la mente de Cristo, quien se hizo siervo y nos dejó el ejemplo que debemos seguir, como lo enseña Filipenses 2:5-11.
5Filipenses 2:5-11
5 Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, 7 sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. 8 Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. 9 Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Este versículo debería generar la siguiente pregunta: ¿Cuál fue la actitud del Señor?
- “Siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse”
- “Sino que se despojó a sí mismo y tomó forma de siervo…”
- “Se humilló a sí mismo”
- “Y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.
Asumir este compromiso no es nada fácil, pues en cuanto lo hagas, te encontrarás con hermanos(as) cuya actitud no se parece en nada a la de Cristo. Te dirán por qué está mal la música, la predicación, el pastor, o cualquier otra cuestión. Pero Cristo te llamó a amar y a servir aun a esos miembros quejosos e insoportables, lo cual te será imposible hacer sin el poder de Su Espíritu y de Su palabra.
Por lo tanto, ora y suplícale por su poder y sabiduría. Cuando creas que ya no puedes o ya no quieres servir a todos los demás y hacer sacrificios por el bien de ellos, recuerda la cruz. En la medida que te dejes sobrecoger por el inmenso e inmerecido amor de Jesús por ti, que lo llevó a sacrificar su propia vida por salvarte a ti, y a no aferrarse sino a despojarse de sus privilegios, serás capaz de hacer lo mismo por los demás.
Compromiso 5
Honraré, me someteré y oraré por mis pastores
En Hechos 20:28 leemos que es el Espíritu Santo el que designa a los pastores como obispos o supervisores de la iglesia:
Hechos 20:28
Tengan cuidado de sí mismos y de toda la congregación, en medio de la cual el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con Su propia sangre.
Esto significa que a los pastores y ancianos Dios mismo les ha encargado la tarea de cuidar y velar por la vida de la iglesia, y esa tarea incluye equipar, proteger y gobernar a la iglesia. Para llevar a cabo esta tarea, es necesario que los miembros de la iglesia se relacionen con sus pastores honrándolos, sometiéndose a su liderazgo y orando por ellos.
Honraré a mis pastores
El honrar a las personas que por su edad, autoridad o función deben ser honradas, es algo que en nuestra cultura se ha ido perdiendo en los tiempos recientes. Pero así como la Biblia llama a los hijos a honrar a sus padres, así también llama a los miembros de la iglesia a honrar a sus pastores.
En 1a Tesalonicenses 5:12-13 se nos dice:
1a Tesalonicenses 5:12-13
Pero les rogamos hermanos, que reconozcan a los que con diligencia trabajan entre ustedes, y los dirigen en el Señor y los instruyen, 13 y que los tengan en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo.”
Lo mismo se nos repite en 1a Timoteo 5:17:
1a Timoteo 5:17
Los ancianos que gobiernan bien sean considerados dignos de doble honor, principalmente los que trabajan en la predicación y en la enseñanza.
El dar honor es una expresión de nuestra fe en la soberanía y sabiduría de Dios, y de nuestra gratitud por la provisión de Dios, quien da dones a los hombres para el bien de todos los miembros. Y es también la respuesta adecuada ante el reconocimiento de la difícil labor de un líder.
Me someteré a mis pastores
El Nuevo Testamento establece que cada cristiano es llamado por Dios a integrarse como miembro fiel a una iglesia local, sometiéndose a los líderes designados por Dios en esa congregación. Los siguientes dos versículos del libro de Hebreos deben guiar nuestro entendimiento de lo que significa vivir la vida en Cristo como un miembro fiel de una iglesia local:
Hebreos 13:7
Acuérdense de sus guías que les hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imiten su fe.
Una manera sencilla y concreta de someternos a nuestros pastores y líderes es tener siempre presentes los principios bíblicos que nos han enseñado y ponerlos por obra en nuestras propias vidas imitando su ejemplo.
Pero tal vez el principio más relevante en cuanto a la relación entre un miembro fiel de la iglesia y sus pastores es lo que Dios nos manda en Hebreos 13:17:
Hebreos 13:17
Obedezcan a sus pastores y sujétense a ellos, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuenta. Permítanles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para ustedes.
El obedecer lo anterior será de bendición para todos los miembros, pues facilitará a sus pastores la tarea de velar por sus almas por medio de la oración, la consejería y la exhortación que brindan a todas aquellas ovejas que Cristo encomendó a su cuidado. Y también traerá bendición a sus pastores, quienes velarán por los miembros de sus iglesias con alegría y gratitud a Dios por el privilegio de servir a su pueblo y contribuir a que se cumplan los propósitos que Él tiene para sus ovejas.
Algunos cristianos nunca se someten porque no entienden que la autoridad de la iglesia local es autoridad delegada por Dios mismo, y se privan a sí mismos del crecimiento y las bendiciones que sólo pueden venir a través de someterse a los pastores de su iglesia local, como bien lo explica Bill Hull:
“Para ser franco, hay poca esperanza para la persona que no acepta la autoridad de la iglesia local. Esa persona responderá o resistirá cuando quiere. Vivirá una vida llena de puntos ciegos que le impedirán obtener lo mejor que Dios tiene para él, y le vendrá sufrimiento innecesario porque no aceptó la protección de sus hermanos en Cristo. Y esa persona tiene otra falla, cree que existe una diferencia entre la autoridad de Dios y la autoridad de la iglesia local. Pero a pesar de que Dios no comete errores y los pastores y líderes sí, su autoridad es la autoridad de Dios porque proviene de Dios, y desobedecer, resistir o negar su autoridad significa rebelarse en contra de Dios.”
Oraré por mis pastores
Es interesante que inmediatamente después de exhortar a los creyentes a obedecer y someterse a sus pastores, en el siguiente versículo el autor inspirado, quien probablemente era un pastor en alguna iglesia, dice:
Hebreos 13:18
Oren por nosotros, pues confiamos en que tenemos una buena conciencia, deseando conducirnos honradamente en todo.”
Ora por ellos y sus familias
Uno de los versículos más desafiantes para los pastores es 1a Timoteo 3:5:
1a Timoteo 3:5
pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?
Las presiones y responsabilidades propias del ministerio, hacen a los pastores muy vulnerables a descuidar su propia familia por atender las interminables necesidades de las ovejas. Además, pocas familias enfrentan el tipo de presiones y expectativas que afectan a las familias de los pastores. Por todo esto es tan necesario que todo miembro fiel ore continuamente por sus pastores.
Ora por su protección
Los requisitos que Dios demanda de los pastores son muy altos, como leemos en 1a Timoteo 3:2-4:
1a Timoteo 3:2-4
Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, 3 no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso.”
Sólo la gracia y el poder de Dios nos puede capacitar para responder al llamado de Dios. Y por si esa lista no fuera razón más que suficiente para orar por los pastores, en el v.7 Pablo agrega,
1a Timoteo 3:7
“Debe gozar también de una buena reputación entre los de afuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo.”
Un lazo es una trampa tendida intencionalmente y eso significa que el diablo tiende trampas para hacer caer a los pastores, pues son una amenaza para él. Hará todo lo posible por dañar su reputación. Pero una de las maneras por las que el Señor obra y protege a los pastores es mediante las oraciones de su pueblo, y como miembro fiel de tu iglesia, Dios te llama a orar por la protección de tus pastores.
Ora por su salud mental, emocional y física
Servir y dirigir fielmente una iglesia consume todas las energías de un pastor. Como sus servicios pueden ser requeridos todos los días a cualquier hora del día, con frecuencia descuidan su propia salud. Además, todas las semanas, los pastores deben tomar muchas decisiones que requieren discernimiento y gracia. También necesitan sabiduría para estudiar la Biblia, preparar mensajes y luego predicar enseñando esos mensajes y para dar consejería bíblica que ayude a fortalecer y equipar a los creyentes.
Si eres un miembro fiel de tu iglesia, Dios te ha dado el privilegio y la responsabilidad de orar por la salud integral de tus pastores, quienes están sujetos a estrés y presiones permanentes, y tus oraciones harán posible que ellos tengan la paz que sólo Cristo les puede dar.
Preguntas de discusión
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¿En qué aspectos de tu vida en la iglesia tiendes más a imponer tus preferencias o a quejarte cuando no se cumplen? ¿Qué factores crees que influyen en ello?
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¿Qué acciones prácticas podrías tomar para dejar de enfocarte en tus propios gustos y aprender a servir más a los demás?
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¿Sientes la libertad y confianza para compartir tus inquietudes o sugerencias con los pastores? Explica por qué sí o por qué no.
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¿Con cuáles actitudes o conductas contrarias al espíritu de servicio te identificas más, y qué impacto tienen en tu vida espiritual?
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Al leer Filipenses 2:5-11: ¿Qué aspecto del ejemplo de Cristo te impacta más y cómo puedes crecer para reflejar esa misma actitud en tu vida?
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¿Qué formas concretas y prácticas conoces para honrar a tus pastores en el día a día?
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¿Qué dificultades encuentras al someterte a la autoridad de tus pastores? ¿Qué pasos podrías dar para crecer en esta área?
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¿Por qué crees que los pastores necesitan de manera especial las oraciones de los miembros de la iglesia?
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¿Qué compromisos personales puedes asumir para interceder con mayor constancia y responsabilidad por tus pastores y líderes?