
Compromiso 3:
Compromiso:
Manejaré el dinero y los bienes materiales de acuerdo con los principios establecidos en la palabra de Dios
Para muchos cristianos es incomodo que en la iglesia se hable sobre el dinero y las posesiones. Esto se debe, en gran medida, a que desconocen la importancia que Dios le da a este tema en Su palabra, así como la relevancia y urgencia de que todo creyente conozca y aplique los principios bíblicos en la administración de sus finanzas y bienes.
Para sorpresa de muchos, la Biblia habla más acerca del dinero y las posesiones que acerca del cielo y el infierno juntos. De hecho, después del amor, el tema que más se menciona en la Palabra Dios no es la salvación, la oración ni la adoración, sino el dinero y las posesiones. Hay al rededor de dos mil versículos que abordan este tema, y de las 38 parábolas de Jesús, 16 están directamente relacionadas con el dinero o los bienes materiales.
Dios no habla en vano, por lo que esto demuestra la enorme importancia que Él le da a esta área de nuestra vida, importancia que todos los que, por Su gracia, somos Sus embajadores, discípulos y miembros de Su familia (la iglesia), también debemos reconocer. En lugar de sentir incomodidad al escuchar enseñanzas bíblicas sobre el dinero y las posesiones, nuestra respuesta debe ser buscar con diligencia conocer, comprender y aplicar esos principios en nuestra vida diaria.
Randy Alcorn apunta:
“La perspectiva que tenemos del dinero y cómo lo manejamos, es la prueba decisiva de nuestro verdadero carácter. Es un indicador de nuestra vida espiritual. La manera como cuidamos y administramos el dinero revela profundamente la historia de nuestra vida. El uso que le damos al dinero y a los bienes materiales, es una afirmación decisiva de nuestros valores eternos y revela a cuál reino pertenecemos.”
Desarrollando una perspectiva eterna en cuanto al dinero y nuestras necesidades físicas
En Mateo 6:19-34, parte del Sermón del Monte, el Señor Jesús ofrece enseñanzas profundas sobre las riquezas y nuestra tendencia a angustiarnos por lo material. En los versículos 19 al 21 leemos:
19 »No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; 20 sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; 21 porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Contrario a lo que promueve nuestra cultura, Jesús advierte contra la obsesión por acumular riquezas terrenales –inciertas y pasajeras– que nos distraen de buscar los tesoros eternos. Para dejar claro que no es posible perseguir ambos, el Señor en el versículo 24 afirma enfáticamente:
24 »Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o apreciará a uno y despreciará al otro. Ustedes no pueden servir a Dios y a las riquezas.
La forma en que gastamos, ahorramos y compartimos nuestros recursos revela a quién servimos realmente. Aunque los cristianos proclamamos a Jesucristo como Señor, el dinero suele competir por ese lugar en nuestro corazón. Lo cierto es que muchas veces permitimos que el dinero se convierta en nuestro amo, en un ídolo o en un dios falso, cuando:
- Priorizamos buscar hacer dinero o más dinero por encima del reino de Dios.
- Basamos nuestra seguridad o identidad en las finanzas más que en el Señor.
- Recordemos: Si Jesús no es Señor de tu dinero, no es Señor de tu vida.
En el resto del pasaje, Jesús cuatro veces nos ordena no angustiarnos por nuestras necesidades básicas (comida, bebida, vestido), ilustrando su punto con ejemplos de la naturaleza que nos muestran la fidelidad de Dios en cuidar y proveer para toda su creación. En Mateo 6:26 dice:
Mateo 6:26
»Miren las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros, y sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No son ustedes de mucho más valor que ellas?
Después en los versículos 28 al 30 añade:
Mateo 6:28
28 Y por la ropa, ¿por qué se preocupan? Observen cómo crecen los lirios del campo; no trabajan, ni hilan. 29 Pero les digo que ni Salomón en toda su gloria se vistió como uno de ellos. 30 Y si Dios así viste la hierba del campo, que hoy es y mañana es echada al horno, ¿no hará Él mucho más por ustedes, hombres de poca fe?
Nuestro problema es que nos afanamos tanto con los quehaceres y las presiones de la vida, que dejamos de observar la provisión de Dios en lo cotidiano, y una consecuencia inevitable de esto es que nuestra fe se debilita.
El Señor resume su enseñanza en Mateo 6:33-34, dándonos otra gran razón para no preocuparnos por estas cosas, y diciéndonos cómo debemos vivir para tener la certeza de que Dios siempre suplirá para nuestras necesidades básicas:
Mateo 6:33 - 34
33 Pero busquen primero Su reino y Su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas. 34 Por tanto, no se preocupen por el día de mañana; porque el día de mañana se cuidará de sí mismo. Bástenle a cada día sus propios problemas.
Dios nos llama a vivir libres de toda ansiedad por nuestras necesidades, y nos dice que la única manera de lograrlo es:
- Dándole a Él la más alta prioridad en nuestras vidas a buscar su reino y su justicia, (discernir y obedecer Su voluntad con todo nuestro corazón en todas las áreas de nuestra vida), y
- Confiar en Su fidelidad. A quienes practican esto, Dios les promete que todas sus necesidades básicas serán suplidas.
Guardándonos de toda avaricia y codicia
“El materialismo no empieza con una visión equivocada de las cosas materiales; más bien ahí termina. Empieza con una visión equivocada de Dios, que a su vez produce una visión equivocada del hombre y una visión equivocada de las cosas materiales.”
Tal vez como nunca en la historia de la humanidad, vivimos en una sociedad cada vez más obsesionada con las cosas materiales, y esclavizada por deseos egoístas de acumular la mayor cantidad posible de dinero y posesiones, con el fin de disfrutar el mayor nivel de entretenimiento, diversión y/o placer sensual o emocional.
Un factor crucial que ha contribuido en gran parte al desarrollo de esta mentalidad materialista de nuestra sociedad, ha sido la gran influencia que ejercen sobre ella los diversos medios de comunicación masiva. Por todos lados somos implacablemente bombardeados con mensajes de publicidad, encaminados a producirnos insatisfacción con lo que ya tenemos, y a estimular deseos por adquirir y disfrutar incontables bienes y servicios en su mayoría superfluos, con la falsa promesa de que seremos “felices” solamente cuando compremos y disfrutemos esos bienes y servicios.
Por todo lo anterior, nos es cada vez más difícil resistir las continuas tentaciones a la codicia y a la avaricia, pues ambos pecados son ahora pecados aceptables y aún “respetables” en nuestra cultura occidental, ya que ahora hasta el “éxito” de una persona se mide en base al dinero y la cantidad y calidad o “marca” de posesiones materiales que posee o ha acumulado.
En Su palabra Dios nos manda clara y repetidamente resistir toda codicia y avaricia. el décimo mandamiento del Decálogo es:
Éxodo 20:17
No codiciarás la casa de tu prójimo. No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo»
Y en el Nuevo Testamento, en Dios nos dice:
Hebreos 13:5
“Sea el carácter de ustedes sin avaricia, contentos con lo que tienen, porque Él mismo ha dicho: «NUNCA TE DEJARÉ NI TE DESAMPARARÉ»”
Para ayudarnos a detectar y resistir las tentaciones relacionadas con estos pecados, es útil entender la diferencia entre la codicia y la avaricia.
- La codicia es un deseo excesivo por riquezas y otras cosas que no tenemos.
- La avaricia es el ansia (deseo excesivo) por adquirir y acumular riquezas, o más riquezas de las que ya tenemos, aunque no las necesitemos.
Como discípulos obedientes de Cristo y como miembros fieles de Su iglesia, debemos creer y tener siempre presentes las palabras de advertencia que nuestro Señor Jesucristo nos dirige en
Lucas 12:15
«Estén atentos y cuídense de toda forma de avaricia; porque aun cuando alguien tenga abundancia, su vida no consiste en sus bienes».
Aprendiendo a vivir con contentamiento
El estilo de vida al que Dios llama a todo verdadero discípulo y miembro fiel de la iglesia es totalmente contrario a lo que la sociedad actual promueve. En lugar de vivir con una constante actitud de insatisfacción y falta de gratitud por lo que tenemos, Dios nos llama a vivir con un profundo y continuo contentamiento y sentido de gratitud por todo aquello que por Su gracia nos ha concedido.
En 1a Timoteo 6:6 Pablo lo expresa así:
1a Timoteo 6:6
“Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento.”
Luego, en los versículos 7-8, a fin de ayudarnos a cultivar este contentamiento, nos da la perspectiva correcta con la cual debemos ver todo lo que tenemos y lleguemos a disfrutar en esta vida:
1a Timoteo 6:7 - 8
7 “Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. 8 Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos.”
Después en los versículos 9 y 10 Dios nos vuelve a advertir por medio de Pablo, acerca de los peligros y graves consecuencias tanto de la avaricia como de la codicia, las cuales son siempre los más grandes enemigos del contentamiento:
1a Timoteo 6:9-10
“Pero los que quieren enriquecerse (avaricia) caen en tentación y lazo y en muchos deseos (codicias) necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores.”
Es importante entender bien que Pablo no está diciendo aquí que el dinero sea malo, o la raíz de todos los males. Lo malo no es el dinero, sino el amor al dinero, detrás del cual siempre se encuentran las raíces de la avaricia y/o de la codicia, que llevan a las personas a apartarse de la fe. Y sin fe en Dios es imposible vivir con contentamiento y gratitud, pues lo único que nos capacita para vivir “contentos con lo que tenemos” es creer que Dios es fiel y siempre cumple todas sus promesas, entre las cuales están “Nunca te dejaré ni te desampararé”, y muchas otras.
Recordando que somos dueños de nada y administradores de todo
Un administrador o mayordomo es alguien a quien se le ha confiado el cuidado de la riqueza y propiedades de alguien más, y es responsable de administrarlas para avanzar los intereses del dueño.
“El concepto de mayordomía no es una subcategoría de la vida cristiana. Más bien, la vida cristiana es mayordomía. Porque ¿qué es la mayordomía, sino el hecho de que Dios nos ha confiado la vida, el tiempo, los talentos y los dones, el dinero, los bienes materiales, la familia, Su gracia, y aún a su propio Hijo? En cada una de estas cosas Él nos evalúa en base a lo que hacemos con todo lo que nos ha confiado.”
En 1 Corintios 4:2 Dios nos dice lo que espera de todo administrador:
2 Ahora bien, lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel.
Como cristianos, nos gusta pensar que somos hijos amados de Dios, lo cual es cierto, pero debemos tener siempre presente que también somos siervos y mayordomos de Dios, y que un día nos pedirá cuentas de nuestra mayordomía de todo lo que nos ha encomendado, pues todo proviene de Él y le pertenece a Él, como leemos en 1 Corintios 4:7:
1 Corintios 4:7
“¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?”
Debemos ser humildes y siempre recordar y reconocer que absolutamente todo lo que tenemos nos ha sido concedido por Él, incluso nuestros dones, talentos y capacidad para generar riquezas, lo cual Su palabra lo declara en Deuteronomio 8:18:
Deuteronomio 8:18
“Pero acuérdate del SEÑOR tu Dios, porque Él es el que te da poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto, el cual juró a tus padres como en este día.”
Recordar esto nos ayudará a mantenernos humildes y a ser mayordomos fieles en administrar todo aquello que el Señor nos ha concedido y encomendado PARA contribuir a avanzar su reino en esta tierra.
Manteniendo un corazón dispuesto a dar con gozo para avanzar sus propósitos
Nuestro Dios es un Dios increíblemente generoso, que se deleita en darnos y en derramar bendiciones sobre toda su creación, como leemos en el Salmo 103:2-5 (y en muchos otros pasajes):
Salmo 103:2-5
“Bendice alma mía al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es el que perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus enfermedades; el que rescata de la fosa tu vida, el que te corona de bondad y compasión; el que colma de bienes tus años, para que tu juventud se renueve como el águila.”
Y Él nos llama a reflejar Su carácter e imitar su ejemplo siendo dadores alegres y generosos, pues en 2 Corintios 9:6-7, nos dice:
2 Corintios 9:6-7
“El que siembra escasamente, escasamente también segará; y el que siembra abundantemente, abundantemente también segará. 7 Cada uno dé como propuso en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.”
Fieles en dar el diezmo regularmente a la iglesia
En Iglesia Cristiana Gracia Soberana Orizaba enseñamos el principio del diezmo pues nuestra fidelidad en el dar debe empezar con ser fieles en diezmar, que significa dar a Dios un porcentaje de todos los ingresos que recibimos (el 10% puede ser un buen punto de arranque).
1. Antes de la Ley, fue un acto de gratitud y reconocimiento
- a. Abraham dio a Melquisedec “los diezmos de todo” (Gén. 14:20) como una respuesta espontánea de adoración y gratitud a Dios por la victoria.
- b. Jacob prometió dar el diezmo (Gén. 28:20–22) como señal de dependencia y compromiso con el Señor.
Idea Clave:
El diezmo no empezó como un impuesto, sino como una ofrenda voluntaria que reconoce que Dios es la fuente de toda bendición.
2. Bajo la Ley: una instrucción para el pueblo de Dios
- a. Dios instituyó el diezmo para sostener el ministerio levítico y las necesidades del templo (Levítico 27:30; Números 18:21–24). En Levítico 27:30 leemos, “Así pues, todo el diezmo de la tierra, de la semilla de la tierra o del fruto del árbol, es del Señor; es cosa consagrada al Señor.”
- b. Había diezmos adicionales para ayudar a los pobres, huérfanos y extranjeros (Deuteronomio 14:28–29).
Idea Clave:
El diezmo era una expresión comunitaria de obediencia, adoración y cuidado del pueblo de Dios.
El diezmo bíblico es un recordatorio de que TODO lo que tenemos o recibimos PROVIENE de DIOS y le PERTENECE a DIOS, y el darlo FIELMENTE es una manera de honrar Su nombre y de demostrar nuestra confianza en que Él siempre suplirá para todas nuestras necesidades.
Proverbios 3:9
Honra al Señor con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos.” Como el diezmo es una parte proporcional de nuestro ingreso, ya sea que ganemos mucho o poco, todos lo podemos dar.
3. Los profetas: el corazón detrás del diezmo
- a. Malaquías 3:8–10 confronta al pueblo por retener el diezmo, llamándolo un robo a Dios, pero también les promete bendición si obedecen.
- b. La obediencia no era solo cumplir la norma, sino honrar a Dios con alegría y fidelidad.
Idea Clave:
El diezmo no es valioso sin un corazón que ame a Dios y confíe en Él.
La motivación de la bendición material en el N.T., tiene un énfasis diferente al que se encuentra en Malaquías y en el A.T. Dios bendice al cristiano para dar, no a causa de dar. También es diferente la aparente falta de orientación sobre la cantidad a dar.
- En ninguna parte del N.T., ni siquiera en los capítulos de 2 Corintios dedicados al tema, se instruye al cristiano a dar un “diezmo” o “décima parte”.
- Dado que el requisito de dar ya no es una obligación externa requerida como “cuota” de cada miembro de la comunidad del pacto, sino que debe ser la expresión de amor de un corazón regenerado y redimido, tampoco se especifica la cantidad.
¿Cuánto debe dar entonces el cristiano? Dado que el N.T. carece de instrucciones específicas sobre la cantidad que se debe dar, aunque, por otro lado, continúa el principio de dar según la prosperidad de cada uno y de acuerdo con sus medios, y dado que la entrega de la décima parte es el patrón utilizado en el A.T., incluso antes de la fundación del pacto mosaico (Gn 14:20), el uso de la décima parte debe considerarse una pauta inicial para el dar en el Nuevo Testamento.
4. En el Evangelio: Cristo como centro
- a. Jesús aprobó el diezmo, pero enseñó que la justicia, misericordia y fe son más importantes que el simple acto mecánico.
- b. En Cristo, todo lo que tenemos le pertenece (2 Cor 8:9; 9:6–8). La gracia nos impulsa a dar con generosidad más allá de un porcentaje.
Bible
El diezmo ahora se entiende como punto de partida para una vida de generosidad motivada por el evangelio.
El diezmar no aparece como un mandamiento explícito en el N.T., tampoco se nos dice que dejemos de hacerlo. De hecho, el Señor Jesús alabó la práctica de dar el diezmo por parte de los fariseos, aunque no su motivación (Mateo 23:23); y bajo el nuevo pacto, Dios nos llama a un mayor nivel de santidad y entrega a Dios en toda nuestra manera de vivir, incluyendo nuestro dar.
5. Principio básico final
El diezmo es reconocer a Dios como dueño, darle lo primero y lo mejor, y confiar en su provisión, todo esto como respuesta agradecida a la gracia de Cristo, quien dio no solo un porcentaje, sino su vida entera por nosotros.
Por lo tanto, el diezmar fielmente debe ser sólo el principio de nuestra fidelidad en imitar a Dios siendo dadores alegres y generosos, conscientes de que no sólo el diezmo, sino todo lo que tenemos y somos le pertenece a Él.
Así como en el A.T. el diezmo debía ser traído al templo y hacía posible que se cumplieran los propósitos de Dios para su pueblo, así también ahora nuestros diezmos se deben traer a la iglesia de la cual somos miembros, y al darlos fielmente contribuimos al sostenimiento de la iglesia y al avance de los propósitos de Dios a través de la proclamación del evangelio.
Para todo discípulo fiel y miembro de iglesia, el diezmar no sólo es un recordatorio constante de que todo es de Dios, una excelente manera de resistir el amor al dinero o de romper su yugo, y una forma de fortalecer nuestra fe y aprender a confiar en Dios, sino además es un gran privilegio al permitirnos contribuir al cumplimiento de los propósitos de Dios para nuestra nación y el resto de las naciones.
Fieles en dar ofrendas regularmente
Además de diezmar fielmente, Dios nos llama a reflejar su carácter generoso siendo fieles en dar ofrendas para suplir las necesidades de la iglesia o de algunos de sus miembros.
- Las ofrendas son lo que damos por encima del diezmo regular.
- En cierto sentido, nuestro verdadero dar comienza con las ofrendas, ya que el diezmar, más que dar, es simplemente devolverle a Dios lo que ya le pertenece.
Las ofrendas contribuyen a establecer fondos para plantar iglesias, para apoyar a otras iglesias ya existentes, para equipar y capacitar pastores y líderes, para iniciar o sostener nuevos ministerios, para llevar a cabo proyectos especiales, y para ayudar a los más necesitados de nuestra congregación.
La escasez no debe ser nunca una excusa para no dar, pues en 2 Corintios 8:1-4 tenemos el gran ejemplo de la generosidad de los Macedonios, quien a pesar de vivir en profunda pobreza, le suplicaron a Pablo el poder dar sacrificialmente una ofrenda para ayudar a otros creyentes cuya necesidad era aún mayor que la de ellos:
2 Corintios 8:1-4
“Ahora, hermanos, les damos a conocer la gracia de Dios que ha sido dada en las iglesias de Macedonia. 2 Pues en medio de una gran prueba de aflicción, abundó su gozo, y su profunda pobreza sobreabundó en la riqueza de su liberalidad. 3 Porque yo testifico que según sus posibilidades, y aun más allá de sus posibilidades, dieron de su propia voluntad, 4 suplicándonos con muchos ruegos el privilegio de participar en el sostenimiento de los santos.”
Que Dios nos conceda más de Su gracia, para reflejar cada vez más la generosidad de Su carácter en nuestra manera de diezmar y ofrendar, sabiendo que al hacerlo estamos disfrutando el privilegio de invertir en el Reino de Dios, y acumulando tesoros en el cielo.
Preguntas para discusión
- Antes de esta lección, ¿cuál era tu actitud cuando se hablaba del dinero en la iglesia, y cómo te ha ayudado esta lección a tener una actitud más bíblica?
- ¿Con cuáles necesidades básicas tiendes a afanarte más y por qué? ¿Qué debes hacer para vencer ese afán?
- ¿En cuáles áreas de tu vida eres más vulnerable a la codicia o a la avaricia y por qué?
- ¿Cuál es la manera bíblica más eficaz de resistir las tentaciones a la codicia o a la avaricia, y cómo podemos cultivar esa virtud en nuestras vidas?
- ¿Qué implica el hecho de que para Dios somos mayordomos de todo lo que nos ha concedido, y cuál es nuestra principal responsabilidad? ¿Por qué nos es difícil reconocer lo anterior?
- ¿Cómo es tu fidelidad actual en cuanto al diezmar y por qué? ¿Cómo puedes crecer en este aspecto de tu fidelidad a Dios?
- ¿Por qué es tan importante desarrollar el hábito de ofrendar y dar generosa y sacrificialmente por encima del diezmo? ¿Qué pasos puedes dar para desarrollar este hábito?