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Resumen

El tercer mandamiento (“No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano”, Éx. 20:7; Dt. 5:11) exige el uso santo y reverente de todo lo por lo cual Dios se da a conocer —sus nombres, títulos, atributos, Palabra, ordenanzas, obras y todo lo demás por medio de lo cual se manifiesta— y prohíbe su profanación de cualquier forma. La nota Nombres de Dios (ya completa) liga explícitamente este mandamiento a la doctrina de los nombres divinos: profanar el nombre de Dios es profanar lo que ese nombre revela de su carácter. El Catecismo de Heidelberg (P. 99-100) señala que la Blasfemia —maldecir o blasfemar el nombre de Dios— es un pecado tan horrible que la ira de Dios se enciende incluso contra quienes no intentan impedirlo. Las Preguntas 101-102 de Heidelberg tratan específicamente los Juramentos religiosos lícitos e ilícitos como una aplicación de este mandamiento. Westminster Mayor (P. 112) resume los deberes exigidos como un uso santo y reverente del nombre de Dios en pensamientos, meditación, palabras y escritos —ver Reverencia— y Westminster Mayor P. 114 añade que la razón anexa (“el Señor no tendrá por inocente…”) muestra que, aunque los transgresores de este mandamiento puedan escapar del castigo de los hombres, no escaparán del justo juicio de Dios.

Bases bíblicas

  • Éxodo 20:7 — “No tomarás el nombre del Señor tu Dios en vano, porque el Señor no tendrá por inocente al que tome Su nombre en vano”.
  • Deuteronomio 5:11 — la misma prohibición y advertencia, repetida en Horeb.

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Notas y reflexiones