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No solo que no profanemos ni abusemos el nombre de Dios maldiciendo o jurando en falso, sino que tampoco lo hagamos jurando precipitadamente, y que no participemos con nuestro silencio o complicidad en este horrible pecado cuando otros lo cometen. También se requiere, de forma resumida, que nunca usemos el santo nombre de Dios sin temor y reverencia, a fin de que podamos confesar y adorar a Dios correctamente, y que Él sea glorificado en todas nuestras palabras y acciones.