
Sin duda alguna, pues no hay un pecado mayor ni que provoque más a Dios que la profanación de Su nombre. Por eso, Él ha ordenado que este pecado sea penado con la muerte.

Sin duda alguna, pues no hay un pecado mayor ni que provoque más a Dios que la profanación de Su nombre. Por eso, Él ha ordenado que este pecado sea penado con la muerte.