
Resumen
La bienaventuranza (o dicha) de Dios significa que Dios se deleita plenamente en Sí mismo y en todo lo que refleja Su carácter — así la define Wayne Grudem. No es una emoción pasajera ni dependiente de la creación: Dios es feliz en Sí mismo desde la eternidad, antes de que existiera cualquier criatura en la que pudiera deleitarse, porque la comunión perfecta entre el Padre, el Hijo y el Espíritu ya constituía una dicha infinita. Esto conecta la bienaventuranza de Dios con Su autosuficiencia y Su aseidad: Dios no necesita de la criatura para ser feliz, y precisamente por eso Su decisión de compartir esa dicha con Su pueblo es pura gracia.
Pablo llama a Dios “el Dios bendito [bienaventurado]” (1 Tim. 1:11) y “el bienaventurado y único Soberano” (1 Tim. 6:15) — la bienaventuranza no es solo algo que Dios otorga, sino algo que Dios es. Esta verdad tiene consecuencias prácticas enormes: si la felicidad última de Dios no depende de nosotros, entonces el evangelio no es la historia de un Dios necesitado buscando ser completado por Sus criaturas, sino la de un Dios plenamente feliz que, por pura gracia, invita a Su pueblo a participar de Su gozo (ver El Deleite de Dios).
Bases bíblicas
- 1 Timoteo 1:11 — “el glorioso evangelio del Dios bendito [bienaventurado]“.
- 1 Timoteo 6:15 — “el bienaventurado y único Soberano, el Rey de reyes y Señor de señores”.
- Salmo 16:11 — “en Tu presencia hay plenitud de gozo; en Tu diestra hay deleites para siempre”.
- Hechos 17:25 — Dios “no es servido por manos humanas, como si necesitara de algo”; Su dicha no depende de la criatura.