El Dios uno y trino, no atado a ninguna necesidad interna, ni a ninguna sed de completarse a sí mismo, creó la maravillosa Mancha de polvo y agua en la que nosotros habitamos, junto con miles de millones de galaxias, solo por puro amor a todo… y a nosotros Lo creó todo para su gloria, pero no necesitaba exhibir su gloria de esta manera. El amor y la gloria se vuelven virtualmente indistinguibles, como la motivación y el fin último del acto creador de Dios. La gloria de Dios, es su amor, y su amor es su gloria.
Michael Horton
Redescubrir el Espíritu Santo