Pedro señala que hay personas que conocen al Señor, pero cuyas vidas no producen el fruto de fe esperado. Sus vidas no se caracterizan por relaciones pacíficas y amorosas, una adoración dulce y natural al Señor día a día, una relación sana y equilibrada con las cosas materiales y un crecimiento espiritual continuo. En cambio, estos creyentes dejan un rastro de relaciones rotas, un caminar con Dios informado pero impersonal, una lucha con las cosas materiales y una clara falta de crecimiento personal. Algo anda mal con esta cosecha; contradice la fe que se supone es su fuente.
Cómo cambia la gente