El cristiano cuya prioridad principal sea amar a Dios es la persona con la mayor motivación y capacidad para servir y llevar a cabo los propósitos de Dios. Aunque hay muchas motivaciones que nos impulsan —y muchas se recomiendan en la Escritura—, el fundamento y la prioridad de todo lo que se hace para Dios debe ser el amor por Él; de lo contrario, nuestra expresión de fe se convertirá inevitablemente en algún tipo de egoísmo que siempre nos dejará insatisfechos.
Comentario
Por lo tanto, nuestro amor, vida y Ministerio pastoral están definidos por la inmensa gracia de Dios.
Bryan Chappel, Gracia Sin Límites, (Abrir en Kindle)