Introducción
Y algo que quiero decir antes de ir al texto, y tiene que ver un poco con el texto: hay amigos que nos han sostenido. Necesitamos la cercanía del Señor, y la cercanía del Señor muchas veces se ve por medio de personas que se acercan a nosotros. En los momentos de necesidad necesitamos que la gente ore por nosotros, necesitamos hermanos que nos sostengan.
Y hace dos años nosotros pasamos un momento extremadamente difícil —yo me enfermé, Katy se enfermó, hubo otras situaciones— y el Señor nos ha sostenido. Hemos tenido amigos ticos —yo no sé si está aquí, yo tengo un amigo, Chespi; hermanos, todo el mundo necesita un Chespi— él tomó un avión, fue a visitarme simplemente para decirme “quiero ver si estás bien”. Álvaro, David y Abigail, ellos atendieron a mi hijo por un mes, para verlo crecer en la fe. Tengo amigos en Jordania, Juanjo, que me escribía constantemente para saber de nosotros. Había amigos en República Dominicana, su mujer estaba pendiente de nosotros, pendiente de Katy —muchas veces pasamos estas cosas y la gente se olvida de la esposa, de que está sucediendo algo—. Joan Veloz, y Miguel: cuando a mí me dio el problema en Perú, Miguel estuvo conmigo caminando todo el proceso hasta que llegué a los Estados Unidos. Amigos de Estados Unidos: Rive, que quizás nadie conoce aquí, un amigo que estuvo presente; Rich Richardson, no lo veo; Jeff, me escribía para saber cómo yo estaba. Pero principalmente teníamos amigos mexicanos —yo sé que los puertorriqueños y los mexicanos a veces tenemos como un poquito de rivalidad— pero Carlos también: Carlos, hace unos meses estuvimos en una reunión, y yo creo que él no está consciente de cuánto Dios lo usó para animar mi vida. Pero, importante, tenemos amigos en nuestra iglesia local —y no voy a decir nombres porque voy a cometer el error de dejar nombres, pero ellos saben quiénes son— que nos sostuvieron y caminaron con nosotros.
Y realmente, el estar en este lugar es un sentido de cómo Dios sostiene a personas débiles. Yo creo que muchas veces decimos que somos débiles, pero hay momentos en que lo experimentamos. Y hemos experimentado eso, pero hemos experimentado la cercanía y cómo Dios sostiene en medio de esos momentos. Así que gracias a cada uno de ustedes que oraron, gracias por el sinnúmero de mensajes que recibimos por diferentes medios —no los pude responder todos, pero sentíamos la cercanía y el amor del Señor en todos esos momentos—. Les mando un saludo de mi familia, especialmente de Katy: ella realmente quería estar acá, pero era imposible para ella estar en este momento.
Si pueden abrir sus Biblias en 1 Corintios capítulo 15 —yo tengo el distintivo privilegio de predicar después de Sugel Michelén, gracias Carlos, y a la hora en que todo el mundo acaba de almorzar y están medio dormidos, gracias Carlos, ese es el regalo que te dan—. Aunque Sugel oró, yo quiero orar:
Señor, sosténnos. Tú sostienes a los débiles. Y abre nuestros ojos a ver la realidad de que, cuando estamos adorándote, estamos delante de ti y tú estás actuando. Ayúdanos a entender que la adoración verdadera surge, nace, es impulsada por la realidad del evangelio. Que no hagamos simplemente actos, movimientos, sino que lo que hagamos esté informado por lo que Cristo hizo en la cruz, por la tumba vacía, por la realidad de que caminó con nosotros, por la realidad de que Él ahora gobierna y un día vendrá por su iglesia. Trabaja en nuestros corazones, Señor. En el nombre de Jesús. Amén.
El sol de México es boricua
Voy a hacer una advertencia —y mis amigos mexicanos, esperen a que termine la ilustración antes de que respondan, porque puedo hacer algo similar a lo que Carlos hizo ayer con los comentarios de los bachilleres— así que esperen que termine. Recuerden que soy medio golondrina.
El 19 de abril de 1970 nació Luis Gallego Basteri en la ciudad de San Juan de Puerto Rico, hijo de Luis Gallego Sánchez y de Marcela Basteri. Luis Gallego Basteri es mejor conocido como Luis Miguel: “El Sol de México”. Nació en Puerto Rico, de padre español y madre italiana. ¿Cuál es su nacionalidad? El Sol de México es boricua. Se naturalizó en 1991, hizo un cambio de ciudadanía, se hizo mexicano. La realidad fue que nació en un lugar, pero él es ahora mexicano: hubo un cambio de identidad. Así que el Sol de México realmente es el Sol de México, no porque sienta que es el Sol de México —porque somos muy postmodernistas, “yo puedo sentirme mujer, yo puedo sentir ser hombre”— no; yo no puedo simplemente sentir ser mexicano, tengo que ser mexicano. Pero él se hizo mexicano, se naturalizó: su identidad ahora está atada a este hermoso país. No me fue tan mal, ¿verdad?
Los creyentes tenemos un cambio de identidad. Nuestra nación cambia cuando venimos a la fe. Hay un cambio de identidad, y una adoración centrada en el evangelio nace de este cambio de identidad. El mensaje del evangelio es central para poder adorar a Dios por lo que Él ha hecho, y solamente cuando ha habido este cambio de identidad, este mensaje hace sentido para adorar a Dios.
Esta ilustración no la tenía, pero viene a mi mente: había una hermana en la iglesia en que yo me crié, la hermana Valentina. No sabía leer ni escribir, pero algunos domingos ella salía gritando y decía: “¡Gracias, Señor!” Y yo, a los 15, 16, 17 años, me reía de ella, hasta que entendí por qué decía “gracias, Señor”. Su profunda adoración salía de una realidad, de su cambio de identidad. No eran técnicas, no había un tipo de “así es como se adora”: era un sentido de que ella entendía que no merecía la gracia que había recibido, y eso impulsaba sus gritos de gozo.
Nuestra adoración es saturada por la Palabra, pero la Palabra es saturada de Cristo. Y por eso debe nacer de un sentido de que nuestra identidad ha cambiado. Podemos ser mexicanos, bolivianos, ticos —quizás acá habrá varios mixtos— pero al final somos hijos del reino. Nuestra identidad ha cambiado, y lo que impulsa nuestra adoración es esa realidad. Ya no somos lo que éramos; ahora le pertenecemos a un Rey, ahora somos de alguien, y eso hace que nuestra adoración tenga sentido.
No es acerca de técnicas
Vivimos en este mundo donde todo lo personalizamos. Yo me acuerdo cuando yo era pequeño: a mí me daban de comer lo que había. Si íbamos a comprar algo, había que escoger de lo que teníamos; ahora podemos ir y escoger entre varias cosas, vamos a las plazoletas y pedimos cosas diferentes. Hermanos, la adoración no es algo personalizado. La adoración es algo que hacemos que nace de la revelación de nuestro Dios, y que nace de la realidad de algo que ha sucedido en nosotros, que ha transformado nuestro ser. Te podemos decir técnicas, te podemos decir formas, pero al final del día lo que tiene que suceder es un milagro en nuestros corazones que cambia nuestra identidad, y esa identidad nos convierte en adoradores. Y por eso podemos decir “gracias, Señor”, porque entendemos que, haya música o no haya música, Él merece nuestra adoración. En cierta forma, yo estoy contento de que empezamos sin música esta sesión, porque lo que estamos diciendo al final del día, hermanos, no es acerca de ritmos, de tempos —hermano, yo no soy nada músico, no me pidan que cante, porque ahí sí había un problema— pero no es acerca de eso: es acerca de corazones que han sido transformados, que sencillamente entienden que merecían el eterno infierno y ahora, por la gracia de Dios, tenemos comunión con el Padre.
Cuando termina la reunión dominical, cuando termine este tiempo que tengamos, la pregunta central es: ¿qué recibí yo de esta reunión? La pregunta es: ¿he adorado yo al Señor? ¿He respondido de una manera que glorifica al Padre que envió al Hijo y nos da el adorado Espíritu Santo para ver el acto de redención?
Hermanos, la predicación es un acto de adoración al Señor. Y la predicación no es una charla acerca de un Cristo del pasado, sino la voz por la que Cristo del presente nos ofrece vida hoy. Eso no lo dije yo, eso lo dijo alguien llamado Gustaf Wingren.
Yo he pasado los últimos cuatro años, o cuatro años y medio de mi vida, estudiando un tema —tuve una interrupción por un aspecto de enfermedad— pero estudiando lo que Sugel predicó en una hora. Yo dije: ¿para qué dediqué cuatro años y medio, si lo que tenía que escuchar era el sermón de Sugel? Pero si Dios habla, y Él habla a su pueblo, y vamos los domingos, hermanos, debemos ir con ese sentido. Los domingos, antes de ir a la iglesia, nosotros como familia nos sentamos a almorzar, y en muchas ocasiones yo le decía a los chicos: “No van a escuchar a papi predicar; van a escuchar a Dios hablar. Van a escuchar la voz de Dios. Vamos a ver a Dios.”
Y la pregunta que debemos hacernos es: si Dios habla, ¿qué mensaje debemos escuchar? ¿Qué son las palabras que deben llenar nuestros oídos, nuestra mente, nuestros corazones? Y creo que la respuesta es: debemos escuchar el evangelio de Jesucristo. Así que nuestra adoración, al escuchar el evangelio de Jesucristo, está fundamentada en el evangelio y luego está impulsada por el evangelio. Voy a repetir eso: nuestra adoración está fundamentada en el evangelio. ¿Qué quiere decir eso? La base de nuestra adoración es lo que Cristo hizo por nosotros, y ese es el impulso —eso es lo que nos motiva, eso es lo que nos ayuda el domingo que tú llegas arrastrando los pies—. Todos hemos estado en ese lugar: “¿qué voy a hacer allí? Estoy cansado.” La madre que tiene su tercer bebé y son todos menores de cuatro años: “¿para qué voy a ir?” La persona que tuvo un tiempo de trabajo hasta tarde el sábado: “¿para qué voy a llegar?” Y vamos, porque centrados en el evangelio, fundamentados en el evangelio, somos impulsados por el evangelio a cantar y a escuchar la Palabra del Señor para responder en adoración.
Y Sugel dijo algo de extrema importancia: “Como un pueblo, como un templo, parte de mi adoración es para que otros vean lo que Dios ha hecho en mí, para que otros digan: si lo hizo en él, lo puede hacer en mí.” Si yo sabía de dónde Dios lo sacó, Dios puede hacer algo en mi vida. Es más, cuando estamos en sufrimiento, más todavía debemos ir, y con lágrimas en nuestros ojos, levantar nuestras manos para que otros vean —no falsamente, sino con la realidad— “estoy en mi momento más profundo del dolor, pero yo confío en mi Salvador.” Esa es adoración fundamentada —está como que grounded en inglés— pero también es impulsada. ¿Qué quiere decir? La motivación no es que me vean, no es que la canción esté buena.
Y yo represento en esta conferencia un tipo de pastor: el pastor de la iglesia más pequeña. Y en la iglesia más pequeña no tenemos a Bob Kauflin, no tenemos a Arturo, que sin guitarra como quiera lidera la oración. Tenemos hermanos que están desafinados —una vez estuvimos seis meses y la guitarra no afinaba, hermanos— y tratábamos, y la guitarra no afinaba, y tú prendes y ves la cámara y viene así, y tú estás ahí con el hermano ahí. ¿Cómo puedo adorar en medio de eso? Puedo adorar, hermanos, porque no nace de eso. Nace del fundamento, que es lo que Cristo ha hecho; y lo que me impulsa no es el ambiente, es la realidad de que Cristo me da toda mi motivación.
Así que Sugel nos mostró qué es la iglesia: es este lugar donde Dios habita, donde escuchamos a Dios. Hoy, ahora vamos a ver —no con tanta elocuencia, pero esto fue lo que les tocó a ustedes— cuál es el mensaje, de qué se trata.
Y la adoración cristiana no es el intento del ser humano de ascender hasta Dios: es la respuesta de un pueblo al Dios que descendió a nosotros. Hermanos, no comenzamos cantando para convencer a Dios de que se acerque a nosotros; cantamos porque Él se acercó por medio de la persona de Cristo. No confesamos nuestros pecados para convencerlo de que sea misericordioso; confesamos porque en la cruz ya contemplamos la grandeza de su misericordia. No escuchamos la Palabra simplemente para recibir consejos útiles y saber cómo actuar en momentos; escuchamos porque Dios está hablando, y porque toda su revelación culmina en Cristo crucificado y resucitado.
Deseamos una adoración que esté centrada en el evangelio: una adoración gospel grounded y gospel driven —¿puedo hablar inglés?— está fundamentada en el evangelio y está impulsada por el evangelio. Hermanos, cualquier tipo de técnica, de formas, si al final del día el evangelio no la fundamenta y el evangelio no la impulsa, es simplemente métodos humanos, y Dios detesta eso. El fundamento, lo que nos impulsa, ya ha sido puesto: es Cristo Jesús. Así que estamos siendo impulsados por el evangelio, porque el evangelio nos muestra quién es Dios, el evangelio nos muestra quiénes somos nosotros, el evangelio proclama lo que Cristo hizo, y el evangelio produce nuestra respuesta, que es adoración.
El texto: 1 Corintios 15:1-6
Vamos a ver tres cosas, pero primeramente vamos a leer 1 Corintios 15:1-6. Vamos a ponernos de pie para leer la Palabra de Dios, aquellos que se puedan poner de pie. Hermanos, esta es la Palabra de nuestro Dios:
1 Ahora les hago saber, hermanos, el evangelio que les prediqué, el cual también ustedes recibieron, en el cual también están firmes, 2 por el cual también son salvos, si retienen la palabra que les prediqué, a no ser que hayan creído en vano. 3 Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; 4 que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; 5 que se apareció a Cefas y después a los doce. 6 Luego se apareció a más de 500 hermanos a la vez, la mayoría de los cuales viven aún, pero algunos ya duermen.
Hermanos, hemos escuchado la Palabra de nuestro Dios. Tomemos asiento.
En la carta a los Corintios llegamos al capítulo 15, y Pablo presenta este mensaje del evangelio con claridad. Muchas veces cuando alguien pregunta “¿dónde puedo leer qué es el evangelio?”, 1 Corintios 15 es uno de los primeros pasajes que salen a la mente. Y luego nos va a hablar de la gloria de la resurrección, porque si no hubiese resurrección, no hiciéramos esta conferencia; no habría sentido. Nuestro Salvador está vivo, hermanos. En estos momentos Él está sentado a la diestra del Padre, y esperamos el día en que venga por nosotros. Él está vivo, Él no está muerto.
Y al final del capítulo —uno de los capítulos más largos del Nuevo Testamento— dice:
58 Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes, constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano.
¿Qué está haciendo Pablo? Está diciendo: “por el evangelio, por lo que hemos visto, por lo que Cristo hizo, por su resurrección, adoren al Señor.” El versículo 58 es una expresión de adoración: “ahora vivan de esta manera.” Y miren lo que está haciendo: no está diciendo “canten, aquí, tomen las panderetas” —no toquen las panderetas, o maracas, algunos que llegan; bueno, yo no toco nada— sino que lo que está diciendo es: “por lo que Cristo ha hecho, por la realidad de que Él está vivo, lo que hacemos hace sentido.” Así que adorar al Señor, hermanos, hace sentido, le da sentido a la vida. En esta vida en la que muchos no tienen ningún sentido de por qué vivir —adolescentes que no saben qué va a ser de su vida— el evangelio nos da una esperanza de que nuestra vida tiene sentido, porque lo que hacemos tiene un valor eterno. Y todo lo que hacemos para el Señor es adoración al Señor.
Y llegamos a este glorioso capítulo, ¿de dónde venimos? De catorce capítulos donde Pablo está hablando del pecado de la iglesia de Corinto, abundantemente. En el capítulo 1 los trata como hermanos en la fe, pero luego, del capítulo 13 en adelante, básicamente hasta el capítulo 14, está señalando sus pecados públicamente, hermanos. Está tratando de corregir, y a la misma vez tratando de evitar que otros hermanos caigan en los mismos pecados; está evitando que tengan orgullo. Unos decían: “yo soy de Pablo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo.” Hermanos, no vengan a decir “yo soy de Sugel, yo soy de Miguel, yo soy de MacArthur” —no, hermanos, honramos, pero no tenemos bandos—. Permitían demandas entre ellos, decían “no hay gente aquí que pueda determinar lo sucedido.” Había pecados extremos que ni el mundo hacía, de índole sexual, que permitían dentro de la congregación; abusaban de los dones espirituales; se embriagaban en la Cena del Señor. Hermanos, en Puerto Rico diríamos que había pecado que ni votándolo se acababa.
Pero él no les dice solamente “dejen de hacerlo”; les dice “mira lo que Cristo ha hecho.” Porque no están adorando al Señor, y está tratando de ajustar su adoración para que sea una adoración genuina al Señor. ¿Y cómo la ajusta? Por medio del evangelio. Les dice: “la solución no está en nuestra autosuficiencia, en nuestro sentido de parar o de detenernos; nuestra respuesta está en que nuestra adoración debe ser enfocada hacia lo que Cristo ha hecho.” Así que les presenta lo que Cristo ha hecho. Mira lo que dice comenzando: “ahora os hago saber el evangelio.” Hermanos, podemos hacer de la palabra “evangelio” —en inglés le decimos un buzzword— como una palabra, un estribillo. Cuando yo hago preguntas a la congregación que tengo el privilegio de pastorear, la respuesta siempre es “el evangelio” —pero yo no quiero que digan “el evangelio”, yo quiero que ellos piensen en su mente el evangelio—: Cristo, la segunda persona de la Trinidad, en un momento de la historia se hizo hombre; caminó una vida perfecta; obedeció completamente todos los mandatos de la ley; y en un momento fue a la cruz, y en la cruz hubo un glorioso intercambio —gracias, Jerez, por la canción— donde su justicia, su obediencia perfecta, fue puesta sobre nosotros, y nuestro pecado fue puesto sobre Él, hermanos. Ese es el mejor trato de la historia, y murió por nosotros. Y al tercer día, Jesucristo resucitó, caminó en medio de ellos, ascendió, hermanos; y si los cielos se abrieran en este momento, veríamos a Él reinando en toda gloria, y esperamos su gloriosa venida. Cuando usted escuche el evangelio, piense en todo eso, no lo deje en una palabra. Y lo que debe fundamentar e impulsar el mensaje que predicamos es el evangelio.
Hermanos, yo no tengo nada musical. Sugel decía que debemos cantar de una forma que los instrumentos no apaguen la voz de los hermanos, porque queremos escucharnos los unos a los otros. Realmente ustedes no quieren escucharme a mí, pero la realidad es que debemos escucharnos como una sola voz —hasta de una forma en que los que cantan mal ni se escuchan como que cantan mal— en el sentido de que somos una sola voz, estamos cantando juntos, queremos escucharnos porque estamos adorando al Señor juntos. Y para los pastores que estamos aquí, algo que les quiero animar es que seamos intencionales en escoger canciones que fundamentan el evangelio, y que seamos intencionales en estudiarlas. Que no simplemente digamos “salió el nuevo disco de Sovereign Grace, deben ser buenas, vamos a cantarlas” —no sabemos si a Bob le va a pasar algo y se va a ir al lado de Joel Osteen— entonces queremos saber que las canciones son buenas, no simplemente confiar; queremos estar conscientes: “esta canción es una canción que realmente glorifica al Señor.”
Así que, hermanos, vamos a ver en tres movimientos la adoración fundamentada en el evangelio e impulsada por el evangelio.
I. La adoración fundamentada en el evangelio reconoce nuestra condición pecaminosa
Hermanos, para que el evangelio sea fundamento e impulse nuestra vida de adoración, esta no comienza en el acto de adoración, sino que comienza en el reconocimiento de nuestra condición. Porque cuando entendemos la profundidad de nuestra maldad y nuestro pecado —a pesar, hermanos, de que Dios está trabajando en nosotros, de que no somos lo que éramos antes, de que estamos creciendo en gracia, pero todavía quedan áreas que el Señor quiere trabajar en nosotros—.
Mira, en el verso 3 dice: “Cristo murió por nuestros pecados.” Nuestra adoración tiene que comenzar en ese lugar. No puede comenzar en el sentido de que la música me gusta, el ambiente está correcto, la iluminación está perfecta. Debe comenzar en este sentido de “no soy digno” —como dijo el centurión—:
8 Pero el centurión respondió: «Señor, no soy digno de que Tú entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi criado quedará sano.
Si reducimos el problema del pecado, si hacemos del pecado algo insignificante, si pensamos que no es algo importante que entender, inevitablemente reduciremos la grandeza de la cruz. Voy a repetir eso, hermanos: si decimos que el pecado no es pecado, si son “malas costumbres” o “áreas que simplemente diferenciamos” —estoy hablando de pecado que la Biblia define como pecado— si reducimos eso, si estamos en una situación donde hay un pecado claro y la persona dice “no, es que tenemos diferencias de criterio”… hermanos, en este mundo postmodernista hemos perdido la definición bíblica de lo que es el pecado. Lo que va a suceder con eso, hermanos, si hacemos eso, es que la cruz no va a tener valor.
Así que nuestra adoración está atada, primeramente, a entender nuestra condición de pecadores redimidos, y que todavía el Señor está trabajando con nosotros. Hermanos, nuestra adoración está fundamentada en el evangelio cuando dejamos de presentarnos como personas suficientes, y reconocemos que necesitamos enteramente a nuestro Salvador Jesucristo. Eso es adoración: “no puedo salvarme, Señor, dependo de Ti.” Hermanos, eso es adoración a nuestro Señor.
No debemos minimizar el pecado; somos expertos en minimizar el pecado. Nos comparamos con otros y decimos “no soy tan malo como ese”; medimos nuestras vidas de acuerdo al pecado del mundo; vemos la mundanalidad en ambientes cristianos, y en lugar de ir a las Escrituras, la comparamos con la mundanalidad del mundo. Y quizás utilizamos la iglesia para callar nuestras conciencias y pensar que estamos bien. Pero, hermanos, cuando entendemos realmente el evangelio, el evangelio quita nuestras máscaras, y podemos realmente decir: “yo soy un pecador” —pero este pecador tiene un gran Salvador, y ese Salvador es Cristo Jesús—. Y cuando lo entendemos: “Cristo murió por nuestros pecados”, no solamente por los pecados de la cultura, no por los pecados de los incrédulos, no por los pecados de otras iglesias: Cristo murió por mis pecados y murió por tus pecados.
Así que la adoración fundamentada nos da un lenguaje que nos permite confesar el pecado correctamente. Cuando le hablas de una manera impaciente a tu esposa, no tienes que esconderte —“ay, no seas exagerada, escucha los gritos del vecino”— y puedes decir: “perdóname, mi amor, perdóname por no tratarte como un vaso más frágil.” No tienes que esconderte en excusas, no tienes que decir “si te ofendí…” No, hermano: si te ofendí, es lo peor que puedes hacer; no tienes que decir “si te ofendí, te perdí.”
II. La adoración fundamentada en el evangelio descansa en la provisión de Dios en Cristo
A mí no me gusta decir “textos favoritos”, pero de los textos a los que más voy cuando siento que no quiero adorar —esos días que uno se levanta y, en Puerto Rico decimos, “ni nos huelen las azucenas”— todos hemos tenido días así. Yo no quiero involucrar a nadie en medio, pero Sugel y Miguel han tenido días así, ¿verdad? Aníbal, que me tira los chistes, también ha tenido días así: días en que no parece que nada, que no está pasando nada, hermanos.
En medio de esos días, a mí me encanta ir al libro de Efesios, que dice que yo estoy juntamente con Cristo sentado en lugares celestiales:
6 y con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús,
Entonces yo digo: “me siento mal, estoy apestado, no tengo ánimo” —y eso es verdad, pero hay algo que es más verdad—. Y esa “más verdad” es: yo estoy sentado juntamente con Cristo. Eso es una realidad en mi vida, aunque yo no lo sienta. Y eso es posible por medio del evangelio. Y eso nos hace, en ese momento, a pesar de las circunstancias, genuinamente adorar al Señor. Porque a veces decimos “es que no lo siento, no es genuino” —no, no, no: genuinamente, aunque no lo sintamos, podemos responder a las verdades, y no estamos siendo hipócritas, estamos siendo bíblicos—.
Hermanos, la adoración centrada en el evangelio no desprecia las emociones, pero sabemos que las emociones son una respuesta a la verdad; nuestras emociones no pueden dar vida espiritual. Nuestra tarea no es fabricar una adoración que nos haga sentir; nuestra tarea es presentar, por medio de nuestras vidas que adoran, la gloria de Cristo reflejada en nosotros.
Quizás podemos pensar en una ventana. La función de una ventana no es atraer atención hacia sí misma —la función de una ventana, dependiendo del lugar, es poder ver la belleza que está afuera; es contemplar algo más allá de ella misma, es una puerta para ver algo hermoso. Una buena ventana cumple ese propósito cuando dejamos de mirar el vidrio y el marco, y contemplamos el paisaje. Hermanos, los elementos de la reunión de los que podemos hablar, las cosas que podemos hacer, son ventanas. Las canciones deben ser ventanas hacia la gloria de Dios. La predicación debe ser una ventana hacia la persona y obra de Cristo. Las oraciones deben dirigir nuestros ojos hacia el carácter y las promesas de nuestro Dios. El bautismo y la Cena del Señor deben mostrarnos visiblemente la realidad del evangelio. Hermanos, no somos el paisaje: somos ventanas, para que la gente pueda ver la gloria de nuestro Dios. Los músicos, predicadores y líderes fallamos cuando nos convertimos en el paisaje, en lugar de funcionar como ventanas. La pregunta no debe ser “¿las personas notaron nuestro talento?”; la pregunta debe ser “¿las personas contemplaron la gloria de Cristo?”
Y mira lo que Pablo dice: “que Cristo murió por nuestros pecados.” Eso significa que fue un sustituto: tomó nuestro lugar. El santo ocupó el lugar de los culpables, el justo por los injustos; el Hijo amado recibió la condenación que nosotros merecíamos. Hermanos, en la cruz encontramos la perfecta y completa provisión de nuestro Dios, y eso merece adoración a nuestro Creador. Nuestra culpa encontró perdón, nuestra condenación encontró justificación, nuestra enemistad encontró reconciliación, nuestra esclavitud encontró liberación, y nuestra muerte encontró resurrección. Gloria sea a nuestro Salvador.
Hermanos, la adoración cristiana no está impulsada por una idea vaga de que Dios nos ama; está impulsada por la demostración poderosa de nuestro Redentor en la cruz y en la tumba vacía. Pero Pablo no se detiene en la muerte: nos lleva a que Cristo fue sepultado y resucitó al tercer día. Escucha esto: no adoramos a una deidad muerta, adoramos a un Dios que está vivo. Por eso es que nuestra adoración es fundamentada e impulsada por el evangelio: porque nuestro Redentor está vivo, hermanos. Cuando tú adoras al Señor —sea por cánticos, sea cambiando pañales con gozo, sea sirviendo en la oración, sea compartiendo la Palabra de Dios— lo haces porque Él está vivo.
III. La adoración impulsada por el evangelio responde con una vida de fe, gratitud y entrega
Si alguien va a Starbucks y pide un latte con menos foam, con cuatro pumps de azúcar, caliente a 150 grados Fahrenheit, y sigue poniendo todas las especificaciones, y le fallan en una: “ay, se me dañó el día.” Esto es la crisis, porque has puesto tu esperanza en el “drink” perfecto; tu esperanza no está en un Redentor. Aquí le voy a tirar ahora al otro lado, a los ticos —y a algunos bolivianos, yo me busco enemigos en todos lados, ¿verdad?— pero algunos de ellos llegan y tuvieron vuelos a diferentes horarios: “ay, ese vuelo fue tan complicado, tú estabas sentado, sentado, sentado, en un aparato de metal que se eleva por los cielos” —eso solamente te debe decir “wow”, y te lleva de un lugar a otro en tiempos menores, y lo contamos como si fuera el mayor castigo de la historia—.
A mí me gusta pensar esto: hace 250 años atrás yo hubiese estado cortando caña en Puerto Rico; me hubiesen puesto en un galeón para llegar aquí a Juárez, y con esta nariz sospechosa que yo tengo, yo hubiese estado en la parte de abajo, encadenado. Así que montarme en un avión no es ninguna causa de quejarme; yo sé que es cansado, pero debo tener un asombro: “wow, me voy a montar en un pájaro que vuela, y me va a llevar de un lugar a otro.”
Así que, hermanos, respondemos con fe. Respondemos con gratitud. Respondemos con gozo. Respondemos con confianza de acercarnos al trono de la gracia, con un sentido de que puedo acercarme a Dios. Y eso debe llevarnos al agradecimiento, porque si me puedo acercar a Dios, hermanos, debería ser consumido por su ira; pero en su misericordia Él permite que me acerque y me siente a su mesa. Respondemos con reverencia: el Dios que nos recibe gratuitamente sigue siendo santo, majestuoso y digno de temor. Respondemos con entrega: Cristo no murió para mejorar nuestra vida; Cristo murió para hacernos suyos, cada parte de nuestro ser. Respondemos con misión: “les entregué en primer lugar lo mismo que recibí” — y parte de nuestra adoración es que otros compartamos este mensaje, que la iglesia, de sana doctrina o como quieras llamarle, no crezca simplemente por transferencia, sino que crezcamos proclamando que Cristo salva pecadores. Eso es adoración.
Así que, hermanos, terminando —veo que el tiempo ya se está pasando— antes de preguntarnos “¿qué canciones combinan?, ¿cómo es el flujo del mensaje?”, la pregunta es: ¿cuál es el mensaje? Y el mensaje es: uno, Cristo se hizo hombre; murió por nuestros pecados; vivió una vida perfecta; resucitó luego de morir; y ahora reina, y reina con poder, y un día vendrá con nosotros. Y respondemos en adoración al Dios que nos ha salvado.
Hermanos, la adoración cristiana no comienza con nosotros: comienza con Dios. Nosotros respondemos: respondemos confesando, respondemos creyendo, respondemos cantando, respondemos escuchando la predicación y sometiéndonos a la misma, respondemos en agradecimiento, respondemos en obediencia, respondemos sirviendo, respondemos proclamando.
Cada vez que la iglesia se reúne, se cuenta una historia. Y esa historia que se está contando es la historia de la redención. La pregunta es: ¿qué historia estamos contando nosotros? Nuestra adoración está llamada a que contemos la historia correcta, y esa historia es el evangelio de Jesucristo. Así, para que nuestra adoración sea fundada y sea impulsada por el evangelio, hermanos: que cuando cantemos, Cristo sea exaltado; que cuando prediquemos, Cristo sea proclamado; que cuando confesemos, Cristo sea nuestra esperanza; que cuando celebremos, Cristo sea nuestro gozo; que cuando suframos, Cristo sea nuestro consuelo; y que cuando salgamos, Cristo sea nuestro mensaje.
Conclusión
La adoración cristiana debe estar fundamentada en el evangelio e impulsada por el evangelio: que reconoce la gravedad de nuestro pecado, descansa en la provisión de Dios en Cristo, y responde con una vida de fe, gratitud y entrega. Quizás una de las formas de arrepentimiento principales que pudiéramos tener es en nuestro mensaje, en nuestras canciones: es eso lo que me impulsa a cantar. Hermanos, no vamos a hacerlo perfectamente, pero que podamos, con buena conciencia, decir “sí.” Porque si no es así, Dios nos llama a arrepentirnos, para que realmente la iglesia esté fundamentada en la persona de Cristo. Eso es adoración.
Padre, gracias porque no nos has dejado a nosotros mismos para acercarnos a ti. Gracias porque nuestra adoración no descansa en nuestros méritos, en nuestras emociones, ni en nuestra capacidad de impresionarte, sino en la obra perfecta de Jesucristo. Señor, ayúdanos a nunca perder de vista la gravedad de nuestro pecado. Líbranos de una adoración superficial que habla mucho de ti, pero olvida cuánto necesitamos ser rescatados. Haznos recordar que estábamos lejos, culpables y sin esperanza en nosotros mismos, pero llévanos una y otra vez a Cristo. Gracias porque el evangelio nos anuncia que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día; en Él encontramos perdón, reconciliación, vida y acceso a tu presencia. Te suplicamos que el evangelio no sea simplemente algo que creemos, sino aquello que impulse nuestra vida: que cantemos porque hemos sido perdonados, que oremos porque hemos sido reconciliados contigo, que escuchemos tu Palabra con humildad porque tú nos has hablado en Cristo. Haz de nosotros una iglesia cuya adoración esté verdaderamente fundamentada e impulsada en el evangelio. Que podamos decir, con todo nuestro corazón: no queremos gloriarnos en nosotros mismos, queremos gloriarnos en Jesucristo, en su evangelio. En el nombre de nuestro Señor Jesús. Amén.
Dios les bendiga, iglesia.
Nota sobre esta transcripción
Transcrita del audio de la conferencia Fieles 26 (whisper). El archivo original comienza a mitad de una frase (“Y algo que quiero decir antes de ir al texto…“) — parece que la grabación se cortó antes de capturar la introducción real del predicador (probablemente su propia presentación del título asignado). No se pudo recuperar ese fragmento inicial.
El archivo tenía además dos bucles largos de Whisper (una frase repetida sin parar): “No tienes que decir: ‘Si te ofendí, te perdí’” (~145 veces) y “Cuando tú adoras al Señor, sea por cánticos…” (~360 veces), ambos colapsados a una sola instancia. Cerca del final había también varias frases cortas duplicadas 2-3 veces seguidas (la letanía “Respondemos con…”), unificadas igual a una sola instancia cada una.
Correcciones hechas por contexto (alta confianza):
- “su germicelén” / “su jefe” / “sujel” / “suje” → Sugel (Michelén, el predicador de la charla anterior — coincide con las referencias cruzadas de esa charla, incluido el punto sobre el volumen de la música).
- “gerentor” / “sedentor” / “Gerención” → Redentor / Redención (mishearing recurrente de Whisper).
- “cojejir” → corregir.
- “jereción” → liberación.
- “gerimidos” → redimidos.
- Confirmación cruzada: “Miguel” = Miguel Núñez (charla 02) — coincide con la mención en la charla 03 también.
Corrección con alta probabilidad, pero no 100% verificable:
- “Gustav Wigren” → Gustaf Wingren, teólogo luterano sueco conocido por su tesis de que la predicación es la “voz viva del evangelio” (viva vox evangelii), que coincide con la cita atribuida en el audio.
Dato sin resolver — se dejó tal cual, sin inventar:
- “Ese es el regalo que te dan después de ocho dejames cerebrales” — frase confusa en el audio original, no se pudo reconstruir con confianza; se omitió del cuerpo de la transcripción en vez de adivinar.
- “es como la azafata de esa adoración” — probable mishearing de otra palabra (quizás “la base” o “el cimiento”, dado el contexto de “grounded”), pero no se pudo confirmar; se dejó fuera del cuerpo por la misma razón.