Creemos que toda la posteridad de Adán está en esclavitud al pecado original, el cual es un mal hereditario, y no una mera imitación, como declararon los pelagianos, a quienes detestamos en sus errores. Y consideramos que no es necesario indagar cómo el pecado se transmitió de un hombre a otro, pues lo que Dios dio a Adán no era para él solo, sino para toda su posteridad; y así, en su persona, hemos sido privados de todos los bienes, y hemos caído con él en un estado de pecado y de miseria.