En el principio Dios hizo todas las cosas muy buenas; creó al hombre según su propia imagen, lleno con todas las perfecciones de su carácter, y libre de todo pecado; pero el hombre no duró mucho en este honor. Satán usó la ingeniosidad de la serpiente para persuadir primero a Eva y luego por medio de ella sedujo también a Adán; quien sin ninguna coerción de nadie, al comer el fruto prohibido, desobedeció el mandamiento de Dios y cayó del estado en el cual fue creado. Por lo tanto, la muerte vino sobre toda su descendencia; quienes ahora son procreados en pecado, y por naturaleza son los hijos de la ira, los siervos del pecado, los súbditos de la muerte, y sufren otras adversidades en este mundo, y esto para siempre a menos que el Señor Jesucristo los libere.

Gén.1:1; Col.1:16; Isa.45:12; 1 Cor.15:45,46; Ecl.7:29; Gén.3:1,4,5; 2 Cor.11:3; 1 Tim.1:14; Gén.3:22; Rom.5:12,18,19; 6:22; Efe.2:3.