Introducción
Lo que nosotros entendemos es que Cristo no solo perdona nuestros pecados. Si tú crees que Cristo solo perdonó tus pecados y ahí se acabó Su obra, estás creyendo en la mitad del evangelio, probablemente en menos, porque lo que nos enseñan las Escrituras es que Él no solo perdona nuestros pecados, sino que nos da una nueva naturaleza — el mismo Cristo que nos perdona también nos transforma y nos da un nuevo corazón. Por eso creemos que hasta un asesino puede no solamente ser perdonado, sino ser transformado.
Hoy vamos a hablar acerca de la nueva vida que el Espíritu pone en nosotros. El término técnico que usan los estudiosos de la Biblia para esta enseñanza es regeneración, y vamos a verla en dos partes: primero la doctrina, buscando entender la enseñanza bíblica, y luego cómo podemos vivir esa regeneración.
Quizá el pasaje más importante sobre esto es la conversación de Jesús con Nicodemo, un líder judío muy importante que fue a buscarlo de noche —probablemente para que no lo asociaran con un maestro tan controversial— y empezó halagándolo. Jesús le respondió fuerte y claro:
5 Jesús respondió: «En verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.
Vamos a hablar de qué significa nacer de nuevo, y cómo eso se ve en nuestra vida. No podría agotar el tema en cuarenta minutos, pero lo primero que queremos ver es que la regeneración es, en primer lugar, una renovación interior que produce el Espíritu en nosotros.
La doctrina de la regeneración
A. Renovación interior
5 Él nos salvó, no por las obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a Su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo,
Este pasaje le habla a quienes ya han sido perdonados — empieza diciendo “Él nos salvó”. Y nos dice primero cómo no nos salvó: no por obras de justicia. Podrías dar dinero en ofrendas, servir en la iglesia, ayudar a tu vecino, y ninguna de esas obras bastaría, porque lo bueno que hagas jamás va a quitar lo malo que hiciste — así como un juez no debería liberar a un homicida porque haya donado dinero a una institución. Incluso nuestras mejores obras están manchadas de orgullo, hipocresía, rivalidad y egoísmo. Nos salva, dice el texto, “conforme a Su misericordia” — no porque nosotros lo merezcamos, sino porque Él quiere salvar.
Esa misericordia es efectuada por medio del “lavamiento de la regeneración”. Imagínate que tú y yo fuéramos como alguien sucio y maloliente por dentro debido al pecado — lo primero que Dios hace es lavarnos. Y esa palabra, “regeneración”, en griego es palingenesía: palin (otra vez) y génesis — literalmente, “génesis otra vez”. Un árbol que nace torcido nunca endereza su tronco por sí mismo; nosotros, por nuestra propia cuenta, tampoco podemos cambiar de raíz. Pero lo que el Espíritu hace en quienes creen en Cristo es volver a crearnos, darnos una naturaleza nueva.
El siguiente término, “renovación” —en griego anakaínōsis, literalmente “creados de arriba”— tampoco significa una simple “reparación”. Es como llevar tus tenis a una renovadora de calzado: te los cosen, los limpian, “quedan como nuevos”, pero la suela sigue igual de desgastada. El Espíritu Santo no nos da simplemente “una repasadita” en nuestros enojos — nos hace volver a nacer, nos da nueva vida, como si volviéramos a ser creados.
Otro pasaje clave:
25 Entonces los rociaré con agua limpia y quedarán limpios; de todas sus inmundicias y de todos sus ídolos los limpiaré. 26 Además, les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes; quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. 27 Pondré dentro de ustedes Mi espíritu y haré que anden en Mis estatutos, y que cumplan cuidadosamente Mis ordenanzas.
¿Ya somos limpios de todos nuestros pecados, pasados, presentes y futuros? Sí, ya se cumplió. Pero el texto anticipa algo más: un corazón nuevo. Y aquí vale la pena recordar qué significa “corazón” en la Biblia — no son las emociones; este texto tiene unos 2600 años, y en aquel entonces “corazón” hablaba de la mente, la voluntad y las emociones juntas.
El corazón es el tú real o esencial… El corazón es el volante de todo ser humano. Todo lo que hacemos está moldeado y controlado por lo que nuestro corazón desea.
Cuando alguien cree en Jesús, el Señor no nos da “una limpiadita” — nos transforma completamente, desde arriba. Es curioso el trasplante de corazón: hay científicos estudiando por qué las personas que reciben un corazón nuevo empiezan a desarrollar hábitos y gustos parecidos a los de su donante, aun sin saber quién fue. Escuché la historia —no sé si real— de un hombre sedentario que recibió el corazón de un joven maratonista, y al enterarse, decidió honrarlo esforzándose por correr un maratón él mismo.
Idea clave
La doctrina de la regeneración enseña que en Cristo hemos sido totalmente transformados: el Espíritu Santo arrancó nuestro corazón muerto y nos dio uno nuevo, vivo y sensible a la voluntad de Dios.
B. Una nueva creación
2 Corintios 5:17 (NVI)
Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!
Nota que no dice “nueva criatura” en el sentido puramente individual — habla de algo más grande: una nueva creación. Pedro nos habla de que algún día el Señor renovará toda la creación —cielos nuevos y tierra nueva—, sin dolor, sin enfermedad, sin pecado, sin vergüenza, sin muerte. Eso todavía no ha ocurrido: seguirá habiendo violencia, divorcios, ofensas. Entonces, ¿por qué dice Pablo “lo viejo ha pasado”?
28 Jesús les dijo: «En verdad les digo que ustedes que me han seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de Su gloria, ustedes se sentarán también sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Según este pasaje, la regeneración —“génesis otra vez”— es futura, ocurrirá cuando Cristo venga. Pero Pablo dice que ya somos una nueva creación.
Idea clave
Quienes estamos en Cristo hemos recibido un nuevo corazón como un anticipo glorioso de nuestra resurrección futura.
Podemos gozar, ya en nuestro propio ser, la paz de Cristo —una paz distinta a la que da el mundo— como un adelanto del cielo, aunque nuestros hogares sigan siendo problemáticos.
C. La fuente de la regeneración
Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según Su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo a una esperanza viva, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
¿Quién nos hizo nacer de nuevo? Ya vimos que lo hace el Espíritu; ahora leemos que lo hace el Padre. Es que en la Escritura, todo lo que tenemos es decretado por el Padre, efectuado por el Hijo, y aplicado por el Espíritu. El Padre es la fuente; el medio es la resurrección de Jesucristo — y por nuestra unión con Cristo, participamos de esa resurrección.
Idea clave
La regeneración no se origina en nosotros, sino en el poder de la resurrección de Cristo. Es Su triunfo sobre la muerte y el pecado lo que garantiza y potencia esta nueva naturaleza.
De alguna manera, la nueva vida que el Espíritu nos da es como una resurrección adelantada: cuando estemos con Cristo ya no vamos a batallar contra el pecado —el enojo, la envidia, el orgullo, la lujuria, la avaricia—; lo que tenemos ahora es una probadita de eso. Y esto no depende de nuestro esfuerzo, ni de cuánto luchemos o ayunemos — algunos leen 2 Corintios 5:17 como una condición (“esfuérzate en ser una nueva criatura”), pero el texto no dice eso: ya nos dio el nuevo corazón.
Idea clave
La regeneración es una transformación operada por el Espíritu, garantizada por la resurrección de Cristo y reflejada en nuestra nueva vida.
Viviendo la regeneración
Si ya tengo una nueva naturaleza, un nuevo corazón que Dios ya me dio, ¿por qué sigo batallando con el pecado —el arranque de ira, el egoísmo hacia mi esposa—? La Biblia da dos respuestas. La primera: el pecado ha perdido su dominio, pero sigue activo, y debemos crecer en la gracia y fortalecernos —de eso vamos a hablar ahora—. La segunda, que no quiero dejar de lado: si has buscado los medios de gracia y no experimentas ninguna victoria en absoluto, existe la posibilidad de que en realidad no tengas nueva vida — no digo que deba haber perfección, sino que debe haber progreso: alguien que luchaba diariamente contra la pornografía debería, con el tiempo, ver que cae con menos frecuencia.
A. Una vida resucitada
1 Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. 3 Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria.
Pablo da por sentado que hay gente en la iglesia que ha estado en todos los cultos sin haber resucitado con Cristo. “Buscar” es algo activo, no pasivo —como buscar unas llaves perdidas, tienes que moverte, revisar los sillones, la ropa sucia, el refrigerador—. ¿Qué estás buscando sin cesar? ¿En qué inviertes tu tiempo y tu energía?
A menos que tengas un problema cardíaco o un desgaste avanzado en las articulaciones, estás físicamente capacitado para correr un maratón —tu cuerpo está diseñado para eso—. Entonces, ¿por qué te sofocas corriendo media cuadra? Porque no lo entrenas. Lo mismo pasa con nuestra nueva naturaleza: si no la ejercitas, tus “músculos espirituales” se atrofian. “Poner la mira” en algo no es solo contemplarlo, es perseguirlo con determinación —como cuando puse la mira en quien sería mi esposa hace 18 años—.
Piensa en un viernes por la tarde, cansado: llegas a casa, te acuestas, agarras el celular “solo un rato” y terminan siendo horas. Buscar las cosas de arriba es precisamente cortar las cosas de la tierra que nos estorban. ¿Por qué? “Porque ustedes han muerto” — si estás en Cristo, tu vida ya no te pertenece: mis intereses, mis egoísmos, mis pasiones personales murieron; mi vida entera es Cristo.
Idea clave
Aquellos que hemos resucitado con Cristo, estamos llamados a una vida centrada en Él, esforzándonos en conocer, amar y seguirlo cada día con todo el corazón.
En vez de dos horas viendo una serie, ve la Palabra. En vez de videos de gatitos, escucha una buena prédica. En vez de entrar al baño con el celular, déjalo afuera y usa ese tiempo para pensar y orar — cuando hay silencio, la mente se dispara, y es cuando puedes empezar a decirle a Dios “Señor, ayúdame, te necesito”.
B. La realidad de la carne
5 Por tanto, den muerte a todos sus malos deseos: la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. 6 Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, 7 en las cuales ustedes también anduvieron en otro tiempo cuando vivían en ellas. 8 Pero ahora desechen también todo esto: ira, enojo, malicia, insultos, lenguaje ofensivo de su boca.
El texto original, literalmente, no dice “consideren muertos” sino “maten” — es una guerra. O tú matas al pecado, o el pecado te mata a ti; la ventaja es que Cristo ya lo venció, lo único que nos toca es aplastarlo, “darle el remate”. Cuando estás enfermo, tu sistema inmunológico combate el patógeno, pero tú también ayudas —con tratamiento y con prevención, ejercicio, suplementos—. Si cuidamos así el cuerpo, ¿por qué no cuidar igual el alma? “Desechen” ira, enojo, malicia — eso no se quita solo, tienes que hacer algo, como cuando llegas apestoso del trabajo y necesitas bañarte antes de que tu esposa te abrace.
Idea clave
Nuestra carne se resiste a la nueva vida, pero debemos combatir el pecado activamente, matándolo a través del poder del Espíritu.
C. El poder de la regeneración
Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
9 Sin embargo, ustedes no están en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes. Pero si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de Él. 10 Y si Cristo está en ustedes, aunque el cuerpo esté muerto a causa del pecado, sin embargo, el espíritu está vivo a causa de la justicia. 11 Pero si el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en ustedes, el mismo que resucitó a Cristo Jesús de entre los muertos, también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de Su Espíritu que habita en ustedes.
Es incongruente que un cristiano diga “estoy en la carne” — es como decir “un blanco oscuro”. Puedes caer en la carne, dejarte arrastrar por ella, pero si el Espíritu de Dios habita en ti, ya no estás “en” ella. Lo único que todavía no ha sido renovado del todo es el cuerpo, que envejece, enferma y muere — pero eso no importa, porque el mismo Espíritu que resucitó a Cristo también dará vida a nuestros cuerpos mortales.
Idea clave
La regeneración nos equipa para vencer al pecado, no por nuestras propias fuerzas, sino por el poder del Espíritu. La resurrección de Cristo garantiza nuestra victoria.
Conclusión
Argumento
Ya que tenemos una nueva vida, reflejémosla cada día: al buscar a Cristo, combatir el pecado y caminar en el poder del Espíritu.
Aplicacion
- Identifica los pecados con los que estás luchando — examínate (Lamentaciones 3), y si te cuesta verlos, pregúntale a tu esposa, tus hijos, tus hermanos, cuál creen que es tu peor pecado.
- Arrepiéntete — ve con Cristo y dile: Señor, perdóname por haberte fallado otra vez.
- Obra en fe — no basta con identificar y arrepentirse; hay que actuar, entrenando los músculos espirituales: deja de hacer lo que te distrae de Jesús (revisa cuánto tiempo pasas en redes sociales) y empieza a hacer lo que da fruto: lee la Escritura, memorízala, ora, ayuna, comparte, sirve.
Tenemos una nueva vida — reflejémosla. Ahí donde estás, cierra tus ojos, y vamos a orar.