Introducción
Esta es nuestra quinta sesión hablando de la persona del Espíritu Santo. La semana pasada, varios hermanos se me acercaron con preguntas válidas — hay muchas maneras de entender la obra del Espíritu, algunas legítimas y bíblicas, otras no. Personalmente, yo mismo crecí durante años con mucha confusión sobre este tema. Si vienes de otra iglesia, probablemente conoces prácticas que aquí no hacemos. No queremos que este tema genere divisiones, ni tampoco un sentimiento de superioridad —“nosotros sí tenemos la sana doctrina, no como los otros”— porque eso sería una actitud pecaminosa.
La controversia sobre el bautismo del Espíritu
Hay un desacuerdo real, entre denominaciones genuinas y amadas, sobre la doctrina del bautismo del Espíritu. Cuando yo era adolescente, de unos 15 o 16 años, visitaba frecuentemente una iglesia donde, en medio de muchos problemas personales, alguien oró por mí de una manera que sentí genuinamente poderosa — recibí mucha consolación. Pero cuando le pregunté al anciano de mi propia iglesia qué había sido eso, simplemente me regañaron: “eso te pasa por ir a otras iglesias que no tienen la sana doctrina”. Como cualquier adolescente al que regañan por algo que sintió genuino, seguí yendo a esa otra iglesia, hasta que me llevaron a un curso donde nos dijeron que, para recibir al Espíritu, teníamos que aprender a hablar en lenguas — “pon tu mente en blanco, repite la primera sílaba que te venga”. Esa postura enseña que el bautismo del Espíritu es una experiencia personal que se manifiesta hablando en lenguas, y que si no hablas en lenguas, no has recibido al Espíritu.
El problema de esa postura, primero, es que no hay pasajes bíblicos que la apoyen. Y segundo, que termina concentrando la atención en algo —hablar en lenguas, en mi caso, algo que nunca me ocurrió— y haciendo perder de vista lo más importante.
I. Bautismo vs. llenura
El bautismo y el anticipo de Juan
16 Juan les habló a todos: «Yo los bautizo con agua; pero viene Uno que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de Sus sandalias. Él los bautizará con el Espíritu Santo y fuego.
Juan predicaba arrepentimiento al pueblo de Israel, y como señal de ese arrepentimiento los bautizaba. “Bautizar”, en griego, simplemente significa sumergir —se usaba para lavar verduras, no era una palabra exclusivamente religiosa—; y ese acto de sumergirse en agua venía de los lavamientos rituales de purificación del Antiguo Testamento (Levítico 15). Cuando Juan anticipa que vendrá alguien que bautizará “con el Espíritu Santo y fuego” —y ya vimos la semana pasada que ese fuego habla de la presencia de Dios, no de juicio—, la idea es que así como el agua te rodea por completo cuando te sumerges, Cristo nos sumergiría por completo en la presencia del Espíritu.
Idea clave
Según Juan, Cristo bautizaría a Su pueblo sumergiéndolo en una nueva realidad de la presencia de Dios por medio del Espíritu.
La promesa de Jesús
4 Y reuniéndolos, les mandó que no salieran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre: «La cual», les dijo, «oyeron de Mí; 5 porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos días».
Momentos antes de ascender, Cristo retoma la promesa de Juan: Él mismo los bautizaría con el Espíritu, y ocurriría en pocos días.
El cumplimiento en Hechos
2 y de repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse.
La semana pasada vimos que se trató de un Babel invertido: por medio de la promesa a Abraham —“por medio de tu descendencia serán benditas todas las familias de la tierra”— ahora la Iglesia recibe la capacidad de hablar en otros idiomas para que el evangelio llegue a todas las naciones.
Idea clave
El Pentecostés inauguró una nueva era donde el Espíritu Santo ha bautizado a la iglesia, inundándola de Su presencia.
La verificación
Nosotros entendemos que el bautismo del Espíritu fue un evento único. Pero hay algo que puede parecer incómodo: no ocurrió solo una vez en Hechos. Está la historia de Cornelio — Pedro, judío, termina en la casa de un centurión romano (algo impensable para un judío) predicando el evangelio.
Hechos 10:44-46
Mientras Pedro aún hablaba estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que escuchaban el mensaje. 45 Todos los creyentes que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, se quedaron asombrados, porque el don del Espíritu Santo había sido derramado también sobre los gentiles, 46 pues los oían hablar en lenguas y exaltar a Dios.
Cuando la iglesia de Jerusalén se entera, cuestionan a Pedro:
Hechos 11:15-17
15 Cuando comencé a hablar, el Espíritu Santo descendió sobre ellos, tal como lo hizo sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé de las palabras del Señor, cuando dijo: «Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo». 17 Por tanto, si Dios les dio a ellos el mismo don que también nos dio a nosotros después de creer en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poder impedírselo a Dios?
Hay dos maneras de entender esto: creer, como nuestros hermanos carismáticos, que el bautismo del Espíritu es algo que debe repetirse en cada creyente después de su conversión; o entender, como nosotros, que lo que ocurre aquí es que Dios confirma, ante los primeros creyentes judíos, que los gentiles son incluidos exactamente igual en el mismo pacto —lo mismo que ocurrió en Hechos 2 ocurre otra vez en Hechos 10 porque hubo un cambio de era, no porque el bautismo del Espíritu deba repetirse individualmente. Pedro mismo dice que lo recibieron al creer.
Todos fuimos bautizados
13 Pues por un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo cuerpo, ya judíos o griegos, ya esclavos o libres. A todos se nos dio a beber del mismo Espíritu.
“Fuimos” — algo ya ocurrido, para todos los creyentes.
Idea clave
El bautismo del Espíritu fue un evento histórico, donde el Espíritu de Dios descendió sobre la iglesia para hacer real la presencia de Dios en cada creyente y llenarla de poder para la vida y el servicio cristiano.
¿Qué tiene que ver conmigo?
Si tú has creído en Cristo, ya estás rodeado del Espíritu, saturado de Su presencia, y el Espíritu te ha dado una nueva naturaleza.
14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios.
Si eres hijo de Dios, eres guiado por Su Espíritu — es así de sencillo.
II. Lleno del Espíritu
Definición
12 Estando Jesús en una de las ciudades, había allí un hombre lleno de lepra, y cuando vio a Jesús, cayó sobre su rostro y le rogó: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.
“Lleno de lepra” habla de un estado permanente — en aquel entonces la lepra era incurable, algo que definía a la persona por completo.
36 Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita, que traducido al griego es Dorcas; esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente.
La NBLA anota que literalmente dice “llena de buenas obras” — no que tuviera chispazos de generosidad, sino que era una característica permanente de ella; en lo que pensaba, hasta en lo que soñaba.
Idea clave
Lleno nos habla de una característica permanente de una persona. Un estado que afecta todo su ser: sus pensamientos, sus deseos y su comportamiento.
Es la misma palabra griega que el Nuevo Testamento usa para hablar de la llenura del Espíritu.
Bernabé
22 La noticia de esto llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén y enviaron a Bernabé a Antioquía, 23 el cual, cuando vino y vio la gracia de Dios, se regocijó y animaba a todos para que con corazón firme permanecieran fieles al Señor; 24 porque era un hombre bueno, y lleno del Espíritu Santo y de fe. Y una gran multitud fue agregada al Señor.
“Bernabé” era un apodo —su nombre era José— que significa “hijo de consolación”. La iglesia de Jerusalén, algo instalada en su comodidad, manda a alguien a investigar qué pasaba en la nueva iglesia de Antioquía; si hubieran mandado a alguien competitivo y rivalizador, habría sido un desastre. Pero Bernabé ve la gracia de Dios ahí y se regocija en vez de sentir envidia — y anima a los hermanos a permanecer fieles. En Antioquía no hubo un milagro como el del cojo que se levanta en Jerusalén; hubo un Bernabé, lleno del Espíritu, animando a la iglesia — y la iglesia creció.
Esteban
3 Por tanto, hermanos, escojan de entre ustedes siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes podamos encargar esta tarea.
5 Lo propuesto tuvo la aprobación de toda la congregación, y escogieron a Esteban, un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo…
No hubo examen, ni requisitos formales — era una característica que se notaba, así como en la antigüedad ungir a alguien con litros de aceite de oliva lo hacía “oler diferente” sin que tuvieras que voltear a verlo.
Cristo
1 Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu en el desierto
Ser lleno del Espíritu significa ser guiados por Él, estar rendidos a Su dirección — como cuando te metes a un río caudaloso y, sin resistir, la corriente te lleva a donde ella quiere.
Idea clave
La llenura del Espíritu es un estado de rendición a la guía y voluntad del Espíritu que afecta todas las áreas de la vida y que debemos buscar.
¿Te acuerdas de tu conversión? Yo era un joven muy broncudo en la secundaria, de los que hacían bullying; cuando creí en Cristo, al día siguiente dejé de pelearme, llegué a casa gozoso a leer la Biblia. Algunos le llaman a eso “el primer amor” — no en el sentido de “el primero en el tiempo”, sino “el primero en importancia”: Cristo, siempre. Esa es la llenura del Espíritu. El problema es que todos somos vasijas rotas, por donde se filtra — por eso tenemos que buscarla.
¿Cómo buscarla?
18 Y no se embriaguen con vino, en lo cual hay disolución, sino sean llenos del Espíritu. 19 Hablen entre ustedes con salmos, himnos y cantos espirituales, cantando y alabando con su corazón al Señor.
Necesitamos buscar intencionalmente esa presencia del Espíritu, decirle “Señor, aquí estoy, me rindo a ti” — algo que nuestra sociedad, criada con la frase “tú eres tú, yo soy yo”, resiste profundamente. Necesitamos la alabanza congregacional, cantarle juntos al Señor.
16 Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones.
Nota que este pasaje dice casi lo mismo que Efesios 5, pero en vez de “sean llenos del Espíritu” dice “que la Palabra de Cristo habite en ustedes” — si quieres ser lleno del Espíritu, necesitas la Palabra que el Espíritu mismo reveló. Es cierto que a veces el Espíritu nos da dirección de otras maneras, pero la regla es que habla por Su Palabra.
La llenura del Espíritu es el resultado de una vida rendida a nuestro Dios y de una vida inmersa en la Palabra.
16 Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen. 18 Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley. 19 Ahora bien, las obras de la carne son evidentes… 22 Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, 23 mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley.
“Ya no le voy a gritar a mi esposa” — y sales de la iglesia, se te atraviesa alguien en la calle, y le gritas. No podemos hacer lo que queremos por nuestra cuenta, porque hay otra fuerza, la carne, oponiéndose. Necesitamos ser guiados por el Espíritu para que Él produzca en nosotros ese fruto, que no es otra cosa que el carácter de Cristo.
Y la otra manera de buscarlo es la oración — un acto de humildad, no de necesidad estricta (Dios puede bendecir el trabajo de alguien que no oró, si se esforzó), sino de reconocer: “Señor, reconozco que eres tú, y no yo”.
Conclusión
Aplicacion
Ser llenos del Espíritu debería ser nuestra meta — que si alguien pregunta “¿y Enrique, qué onda con él?”, puedan responder no solo “es distraído” o “está gordito”, sino “es un hombre lleno del Espíritu”.
Cierra tus ojos, vamos a terminar orando.
Señor, necesitamos la guía de tu Espíritu, porque todos los que estamos aquí seguimos viviendo con nuestra naturaleza caída. Todos los que estamos aquí seguimos cayendo en pecado, somos débiles, te ofendemos, y en el sufrimiento no siempre respondemos como tú quisieras, Señor. Es por eso, Señor, que yo te suplico y te ruego que nos ayudes a rendirnos a la dirección del Espíritu. Queremos experimentar lo que pasó en la iglesia de Antioquía — hombres y mujeres como Bernabé que se someten a la guía de tu Espíritu, y que eso transforme sus vidas, sus familias, su iglesia, su sociedad. Concédenoslo, te lo ruego, en el nombre de Jesús.
Pónganse de pie, vamos a cantar nuevamente este canto — Señor, queremos obedecer tu Palabra, y ser guiados por tu Espíritu.