Introducción
16 Digo, pues: anden por el Espíritu, y no cumplirán el deseo de la carne. 17 Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que ustedes no pueden hacer lo que deseen. 18 Pero si son guiados por el Espíritu, no están bajo la ley.
Hemos estado hablando muchas semanas acerca del Espíritu Santo. Y lo que yo quisiera, por encima de cualquier cosa, es que pudiéramos responder: ¿cómo vivimos guiados por el Espíritu de Dios? En el corazón de los creyentes hay una batalla entre la carne y el Espíritu — la carne es la parte en nosotros que sigue activa y nos incita a pecar: arranques de ira, egoísmo, avaricia, lujuria. El texto nos ordena algo sencillo: anden en el Espíritu — que toda la vida se caracterice por ser guiada por Él. Si eres creyente, seguramente has experimentado victorias en áreas clave de tu vida; pero también hay áreas donde sigues batallando, a veces por años, hasta sentirte fastidiado y desanimado.
¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?
Mientras vivamos en este mundo, en este cuerpo, vamos a batallar con la carne. Ustedes me preguntaron sobre las lenguas y las profecías, y les había dicho que hablaría de eso en el último sermón — pero ya no vamos a hacerlo, porque creo que esto es más importante: podrías tener la doctrina perfecta sobre el don de lenguas, pero si no vives una vida guiada por el Espíritu, estás tronado.
Ilustración: la guerra de Vietnam
En 1954 Vietnam se dividió en dos: el Norte, comunista, y el Sur, capitalista. El 1 de noviembre de 1955 estalló la guerra. Estados Unidos mandó cerca de 3 millones de soldados de élite con el mejor equipo que existía; el ejército rebelde, el Vietcong, apenas tenía 850,000 soldados. Y sin embargo, después de 7 millones de toneladas de bombas, más de un millón de vietnamitas civiles muertos, y 19 años de guerra, el ejército más poderoso del mundo fue derrotado. ¿Cómo? El Vietcong usaba túneles para no ser detectado, ataques relámpago, se mezclaba con la población civil, y fue desgastando la moral estadounidense hasta la derrota.
A pesar de la abrumadora superioridad militar de Estados Unidos, su enemigo aprovechó estratégicamente sus debilidades para finalmente derrotarlos. Exactamente lo mismo ocurre en la batalla entre la carne y el Espíritu. He escuchado la ilustración de los “dos perros” dentro de nosotros, uno negro (el pecado) y uno blanco (el Espíritu), y que “gana el que más alimentes” — pero eso no es lo que enseña la Biblia. Si de verdad eres hijo de Dios, el Espíritu Santo vive en ti, y es muchísimo más poderoso que tus pasiones. Y sin embargo seguimos siendo derrotados — la clásica pelea del domingo antes de salir a la iglesia, por ejemplo. ¿Por qué?
Idea clave
Si estás en Cristo, todos los recursos de Su gracia y poder están a tu disposición para vencer al enemigo. Entonces, ¿por qué caemos tan a menudo en la derrota?
No pretendo tener la última palabra, ni que yo mismo vivo perfectamente todo esto — son cosas en las que todos necesitamos crecer. Vamos a ver tres cosas que necesitamos para caminar guiados por el Espíritu.
Fe
Necesitamos comprender y creer quién es el Espíritu y qué ha hecho por nosotros. Venimos a la iglesia, cantamos, servimos, nos cansamos — pero la parte medular de nuestra vida es la fe. Pablo lo dice en Romanos 1:16: no me avergüenzo del evangelio, porque en él la justicia de Dios se revela por fe, y “el justo por la fe vivirá”.
¿Quién es el Espíritu?
Vayan, pues, y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
Nota que no dice “en los nombres”, como si fueran tres nombres distintos — es un solo nombre. En la Biblia, el nombre representaba la naturaleza de la persona.
Y no serás llamado más Abram; sino que tu nombre será Abraham; porque Yo te haré padre de multitud de naciones.
Cuando Dios le cambia el nombre a Abram (padre reverente) por Abraham (padre de multitud de naciones), no le está poniendo un apodo — le está cambiando su naturaleza. Que el Padre, el Hijo y el Espíritu compartan un mismo nombre significa que comparten la misma naturaleza.
Idea clave
Es Dios, uno con el Padre y el Hijo, igual en naturaleza, gloria, poder y atributos.
El Espíritu Santo simplemente es Dios — a veces pensamos, aunque sea una herejía, que el Padre es “más Dios” que el Hijo, y el Espíritu todavía menos. Es cierto que el Hijo se subordina voluntariamente al Padre, y el Espíritu voluntariamente honra al Hijo, pero son tres personas en un solo Dios, con la misma naturaleza, poder, gloria y deidad.
¿Qué ha hecho el Espíritu?
El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me da vida.
Cada vida humana, animal o vegetal procede del Espíritu de Dios.
Idea clave
Desde la creación, el Espíritu de Dios ha sido el agente divino de vida, revelación y poder, capacitando y santificando al pueblo de Dios a lo largo de la historia, y anticipando la obra de Cristo.
Pero cuando Él, el Espíritu de verdad venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y les hará saber lo que habrá de venir.
El Espíritu produjo la Escritura — Juan, Mateo, Lucas y Marcos no escribieron sus evangelios de memoria impecable, sino guiados por el Espíritu.
Él me glorificará, porque tomará de lo Mío y se lo hará saber a ustedes.
La tarea principal del Espíritu en esta era es que nuestra vida gire alrededor de Jesús, no del dinero, las deudas o el trabajo. Y esto es algo que Él está haciendo, no solo algo que depende de nuestro esfuerzo — como cuando llegábamos a casa después de que el negocio de mi esposa se cerró, y la casa parecía un campo de batalla, sin saber ni por dónde empezar a ordenar. El Espíritu es quien ordena activamente nuestra vida.
Entonces Yo rogaré al Padre, y Él les dará otro Consolador para que esté con ustedes para siempre;
No dice “por un ratito”, ni “mientras se porten bien” — para siempre. Si tú eres creyente, el Espíritu vive en ti siempre. Aunque te hayas sentido solo, nunca has estado solo desde que creíste en Cristo.
Este pasaje (“si alguien me ama, guardará Mi palabra”) no es un chantaje, como si el Señor dijera “si de verdad me amaras, obedecerías” — es una descripción de una realidad producida por el Espíritu: si amas a Cristo, la consecuencia va a ser que guardas Sus mandamientos. No necesitas latigarte por desobedecer; necesitas buscar amarlo más, y es el Espíritu quien nos impulsa a eso. Si tu coche se queda sin gasolina, empujarlo no lo va a hacer arrancar. Nuestra batalla más grande no es la obediencia en sí misma —si te concentras solo en obedecer, olvidando el amor, te vuelves fariseo—; es amar más a Cristo, y para eso necesito depender del Espíritu.
Idea clave
El Espíritu Santo habita en los creyentes, nos une a Cristo y nos capacita para conocerlo y obedecer su palabra con fidelidad.
Dependencia diaria
Necesitamos esforzarnos en rendir cada área de nuestra vida al control del Espíritu. Si alguien te dice “voy a ordenar tu casa” y le cierras un baño diciendo “así me gusta, así me inspiro” — es ilógico. El Espíritu quiere ordenar tu vida; lo que tengo que hacer es permitirle hacerlo.
Búscalo en la Palabra
33 Enséñame, oh Señor, el camino de Tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. 34 Dame entendimiento para que guarde Tu ley y la cumpla de todo corazón. 35 Hazme andar por la senda de Tus mandamientos, porque en ella me deleito. 36 Inclina mi corazón a Tus testimonios y no a la ganancia deshonesta. 37 Aparta mis ojos de mirar la vanidad, y vivifícame en Tus caminos. 38 Confirma a Tu siervo Tu palabra, que inspira reverencia por Ti. 39 Quita de mí el oprobio que me causa temor, porque Tus juicios son buenos. 40 Yo anhelo Tus preceptos; vivifícame por Tu justicia.
Antes de leer la Escritura, el salmista busca a Dios y le pide ayuda activamente — no es leer un versículo del día mientras te bañas o vas manejando (aunque gracias a Dios por esas apps, si no fuera por eso muchas veces ni aparecería la Escritura en nuestro día). “En ella me deleito” — igual que yo me deleito en una carne asada, el salmista se deleita en la Escritura. Nuestra meta no es “leerla cinco minutos”, sino que sea nuestro deleite, porque nos muestra a Cristo. Las redes sociales, diseñadas para robarnos ese deleite con tonterías, compiten directamente con eso. “Inclina mi corazón” —como estirar el pie para alcanzar el apagador de luz que está lejos— es decirle a Dios: quiero, pero no puedo, ayúdame a llegar.
Idea clave
Así como el Espíritu Santo obró al inspirar las Escrituras, hoy obra en nosotros al abrir nuestros ojos para ver la gloria de Cristo en ellas y ser transformados por su poder.
Centrado en Cristo
Sobre las “manifestaciones del Espíritu”: el Espíritu jamás puede decir algo contrario a Su propia Palabra. Hace unas semanas alguien me contó que en su iglesia, en una reunión de oración, “el Espíritu les reveló” que debían nombrar pastora a una hermana — y tuve que decirle que eso no pudo venir del Espíritu, porque la Escritura es clara en que el liderazgo de la iglesia recae en hombres (a mí también me costó mucho aceptar esto, formado como fui en ambientes que enfatizaban la igualdad total). Si crees que “el Espíritu te dice” algo contrario a la Palabra, o tu corazón te engaña, o es un espíritu que no es de Dios. Y todo lo que el Espíritu hace glorifica a Cristo — si algo no glorifica a Cristo, no viene de Él. Eso también debe aplicarse a mi vida diaria.
Entonces, ya sea que coman, que beban, o que hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.
Incluso al tomar un café, pensar “¿cómo glorifica esto a Cristo?”, con una actitud de gratitud — sabiendo que un día ya no podré tomarlo.
Buscar Su presencia
Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.
No hablamos mucho de “buscar la presencia manifiesta de Dios” porque tememos que suene a nuestros hermanos pentecostales — pero es bíblico. Es cierto que Dios está en todas partes, pero los teólogos distinguen esa presencia general de Su presencia manifiesta: para bendecir, hablar, sorprender, transformar.
¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras! Si los montes se estremecieran ante Tu presencia (como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua), para dar a conocer Tu nombre a Tus adversarios, para que ante Tu presencia tiemblen las naciones!
Como Moisés ante la zarza ardiente, que le pide a Dios “muéstrame tu gloria” — necesitamos buscar activamente conocer más a Dios, contemplar Su gloria en las Escrituras, y vivir en santidad.
Obrar en fe y poder
Supongamos que luchas con la ira, uno de los pecados más comunes. Primero necesitas creer quién es el Espíritu y qué ha hecho; segundo, depender diariamente de Él. Pero si te quedas ahí, no va a pasar nada — es como tener el dinero en la cartera para pagar una deuda, y no moverte a depositarlo o transferirlo.
4 Por tanto, hermanos míos, también a ustedes se les hizo morir a la ley por medio del cuerpo de Cristo, para que sean unidos a otro, a Aquel que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. 5 Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas despertadas por la ley, actuaban en los miembros de nuestro cuerpo a fin de llevar fruto para muerte. 6 Pero ahora hemos quedado libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos ataba, de modo que sirvamos en la novedad del Espíritu y no en el arcaísmo de la letra.
Así como decirle a un niño “no te tomes este jugo” puede despertarle el antojo que ni tenía, la ley le daba poder al pecado señalándolo. Ya no tenemos ese dominio sobre nosotros — pero eso no significa pasividad; significa “servir en la novedad de vida”, un estilo de vida que implica esfuerzo, como Cristo lavando los pies sucios y callosos de los discípulos.
Idea clave
Somos llamados a esforzarnos al obrar dando pasos que demuestren nuestra fe y dependencia del Espíritu.
“No obres en tus fuerzas” no significa “no hagas nada” — significa empezar creyendo, y después actuar. Si luchas con la ira porque siempre van tarde a la iglesia los domingos, quizás lo que tienes que hacer es dejar de ver series hasta la una de la mañana la noche anterior. Igual que activamente piensas cómo pagar una deuda, piensa activamente qué puedes hacer, en el nombre del Señor, para vencer el pecado — cambiar horarios, hábitos, lo que haga falta. El problema es que no queremos salir de la zona de confort. Si luchas con la pornografía, pon reglas para el uso del celular: no lo uses solo, no lo metas al baño en la noche, hazlo en el nombre del Señor. Porque te van a dar ganas de meterlo, y dirás: “Señor…”