
Adora al Señor
Toma unos momentos para leer el Salmo 51:10-13
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de Tu presencia,
Y no quites de mí Tu Santo Espíritu.
12 Restitúyeme el gozo de Tu salvación,
Y sostenme con un espíritu de poder.
13 Entonces enseñaré a los transgresores Tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a Ti.
- ¿Qué te dice este pasaje del carácter y la naturaleza de Dios?
- ¿Cómo te mueve esto a la adoración?
Busca Isaías 64
Toma un tiempo para leer pausadamente Isaías 64 1 ¡Oh, si rasgaras los cielos y descendieras!
Si los montes se estremecieran ante Tu presencia
2 (Como el fuego enciende el matorral, como el fuego hace hervir el agua),
Para dar a conocer Tu nombre a Tus adversarios,
Para que ante Tu presencia tiemblen las naciones!
3 Cuando hiciste cosas terribles que no esperábamos,
Y descendiste, los montes se estremecieron ante Tu presencia.
4 Desde la antigüedad no habían escuchado ni puesto atención,
Ni el ojo había visto a un Dios fuera de Ti
Que obrara a favor del que esperaba en Él.
5 Sales al encuentro del que se regocija en practicar la justicia,
De los que se acuerdan de Ti en Tus caminos.
Pero te enojaste porque pecamos;
Continuamos en los pecados por mucho tiempo,
¿Y seremos salvos?
6 Todos nosotros somos como el inmundo,
Y como trapo de inmundicia todas nuestras obras justas. Todos nos marchitamos como una hoja,
Y nuestras iniquidades, como el viento, nos arrastran.
7 Y no hay quien invoque Tu nombre,
Quien se despierte para agarrarse de Ti.
Porque has escondido Tu rostro de nosotros
Y nos has entregado al poder de nuestras iniquidades. 8 Pero ahora, oh Señor, Tú eres nuestro Padre,
Nosotros el barro, y Tú nuestro alfarero;
Obra de Tus manos somos todos nosotros.
9 No te enojes en exceso, oh Señor,
Ni para siempre te acuerdes de la iniquidad.
Mira, te rogamos, todos nosotros somos Tu pueblo.
10 Tus ciudades santas se han vuelto un desierto;
Sión se ha convertido en un desierto,
Jerusalén en una desolación.
11 Nuestra casa santa y hermosa
Donde te alababan nuestros padres,
Ha sido quemada por el fuego
Y todas nuestras cosas preciosas se han convertido en ruinas.
12 ¿Te detendrás ante estas cosas, oh Señor?
¿Guardarás silencio y nos afligirás sin medida?
Contesta
En esta oración Isaías 64 mira la devastación el dolor y la muerte que vivía, pero su pone sus ojos en la fidelidad y el amor de Dios.
- ¿Cómo puedes aprender a mirar de frente el mal y, al mismo tiempo, seguir esperando en la gracia de Dios?
- ¿Qué te enseña el clamor “¡Oh, si rompieras los cielos y descendieras!” sobre la sed que debe tener el pueblo de Dios por Su presencia y Su intervención hoy?
- ¿Cómo conecta este clamor por que Dios “descienda” con la encarnación de Cristo en la primera venida y con la esperanza de Su regreso?
- Isaías reconoce que el pueblo está manchado y marchito “como hoja”, y que sus pecados los han separado de Dios. ¿En qué ves reflejada ahí la realidad de tu propio corazón?
- Aun después de confesar el pecado, el pueblo se atreve a decir: “Tú, Señor, eres nuestro Padre; nosotros barro, tú el alfarero.” ¿Qué nos enseña esto sobre la base de nuestra esperanza cuando hemos fallado?
Decisiones
¿Qué cambio concreto te está llamando el Señor a hacer en respuesta a Isaías 64 durante este Adviento?
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