Introducción
18 Hijitos, es la última hora, y así como oyeron que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora. 19 Ellos salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros. 20 Pero ustedes tienen la unción del Santo, y todos ustedes lo saben. 21 No les he escrito porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira procede de la verdad. 22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre. 24 En cuanto a ustedes, que permanezca en ustedes lo que oyeron desde el principio. Si en ustedes permanece lo que oyeron desde el principio, ustedes también permanecerán en el Hijo y en el Padre. 25 Y esta es la promesa que Él mismo nos hizo: la vida eterna. 26 Les he escrito estas cosas respecto a los que están tratando de engañarlos. 27 En cuanto a ustedes, la unción que recibieron de Él permanece en ustedes, y no tienen necesidad de que nadie les enseñe. Pero así como Su unción les enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como les ha enseñado, ustedes permanecen en Él. 28 Y ahora, hijos, permanezcan en Él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y no nos apartemos de Él avergonzados en Su venida.
Señor, qué fiel y bueno eres con tu iglesia. Nos has demostrado otra vez que eres bueno, Señor; podemos estar otro domingo aquí, reunidos, cantando de tu gracia. Te rogamos, Señor, que así como dice mi hermano, no veas mi debilidad: como un hombre débil, incapaz de una tarea tan gloriosa como es comunicar tu palabra, lo único que me queda es rogar que tu Espíritu Santo me use a pesar de mi debilidad, para el bien de tu pueblo. Te lo ruego en el nombre de Jesús. Amén.
Hermano, acabamos de hacer esta lectura bíblica, y aparece una palabra que normalmente, cuando la escuchamos, genera cierta sensación: me refiero al anticristo. Y mira, cuando nosotros pensamos en el anticristo —es más, cuando nuestra sociedad piensa en el anticristo— inevitablemente viene a la mente una película de 1976, antes de que yo naciera, aunque no lo creas: la de un pequeño niño que se llamaba Damian. Y empezamos a imaginarnos marcas en la cabeza de alguien, situaciones sobrenaturales y macabras. Pero, ¿sabes cuál es el problema? El problema es que muchos cristianos siguen esperando a un monstruo así, como el que presenta esa película, o seguimos esperando a un tirano global, y le prestamos mucha atención a lo que está ocurriendo en Europa, en Ucrania, en China, y visualizamos una amenaza que es puramente externa. Pero lo que estamos leyendo ahorita, hermano, es una perspectiva radicalmente diferente. El peligro de estar esperando algo así, algo sensacional, algo que digas «anticristo» —como estas historias que usamos para contar a los niños en la noche para que se espanten, de la Llorona, de la bruja, del anticristo— es que lo que nosotros tenemos aquí delante es algo lamentablemente ignorado y sumamente peligroso. ¿Por qué, hermano? Porque si nosotros simplemente nos enfocamos en buscar señales globales en las noticias y en la política, vamos a bajar la guardia acerca de lo que nos está advirtiendo el texto que acabamos de leer en Primera de Juan, capítulo 2. Mi querido hermano, en Primera de Juan vamos a ver que el método de este personaje, el anticristo, es muy diferente: él actúa de una manera mucho más sutil y más mortífera de lo que nos puede presentar cualquier película de Hollywood. Y en contraste con lo que vemos en las películas, las Escrituras no nos enseñan a temer al anticristo; es más, todo lo contrario: nos enseñan que nosotros tenemos desde ya lo que necesitamos para vencerlo.
Así que, hermano, este sermón lo he titulado La unción que vence al engaño, y vamos a ver tres puntitos: en primer lugar, una gran amenaza, el engaño del anticristo; vamos a hablar también acerca de una provisión suficiente, la unción del Santo; y de una respuesta necesaria. Hermano amado, lo que queremos es ver qué es lo que la Escritura nos está diciendo acerca de este tema, así que, sin más ni más, vamos a entrar al primer punto: la gran amenaza, el engaño del anticristo.
I. Una gran amenaza: El engaño del Anticristo
18 Hijitos, es la última hora, y así como oyeron que el anticristo viene, también ahora han surgido muchos anticristos. Por eso sabemos que es la última hora.
Quiero que observes, por favor, con mucha atención. Lo primero que nos dice Juan es que la llegada del anticristo es una señal de la última hora. Ustedes oyeron —básicamente lo que nos está diciendo Juan— que ya sabían que una de las señales de los últimos tiempos vendría; o Juan lo pone todavía más tenso, porque cuando tú oyes «tiempos» puedes pensar que te quedan varios días, meses o años, pero Juan está diciendo que no, que es la última hora. Y hermano, yo no sé cómo te pones tú cuando te falta una hora para completar un proyecto; lo que está haciendo aquí Juan es ponernos tensión. Cristo nos anticipó de antemano que una de las señales de la última hora sería la llegada de este personaje a quien llama el anticristo —y, por si no lo sabes, anticristo significa, creo que de manera muy obvia, alguien que está en contra de Cristo.
9 »Entonces los entregarán a tribulación, y los matarán, y serán odiados de todas las naciones por causa de mi nombre. 10 Muchos se apartarán de la fe entonces, y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. 11 Se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán.
Lo que nos está diciendo el Señor mismo, otra vez, es que una de las señales de los últimos tiempos es que vendrían anticristos que se opondrían a Cristo, y que lo iban a negar. Así que, número uno, hermano: deja de buscar videos en YouTube acerca de si ya nació el anticristo. Lo que la Escritura nos dice desde la época de Juan es: señores, el anticristo ya está aquí, y esa es una evidencia de que ya estamos en la última hora. Como que no nos gusta pensar eso, ¿sabes por qué? Porque nos encanta vivir en la comodidad, y creo que como iglesia, lamentablemente, hemos perdido la tensión que genera saber que Cristo puede volver en cualquier momento. Estamos viviendo los últimos tiempos, y estos últimos tiempos ya han durado dos mil años, porque empezaron con la venida, el ministerio, la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo, pero eso no significa que podamos ponernos cómodos: estamos en la última etapa de la historia de la humanidad, antes de que el Señor empiece a completar los planes que Él anticipó. Y si observas lo que Juan nos está diciendo con mucha claridad, es que ya hay anticristos activos; es más, él dice que sabemos que es la última hora porque se han levantado muchos anticristos. Desde la época de Juan había personas que negaban a Cristo, y mira, no estamos hablando de los científicos de hoy que dicen que eso de Jesús es mentira; estamos hablando de personas que estaban dentro de la iglesia, que se comportaban como creyentes, pero cuya enseñanza iba en contra de lo que las Escrituras enseñan acerca de la persona de Jesús. En la época de Juan, a esa negación se le llama —voy a usar una palabra técnica— docetismo, de una palabra griega que significa «apariencia». Los falsos maestros enseñaban: «no, Cristo sí es Dios, por supuesto que sí; Cristo sí vino, por supuesto que sí, pero Cristo no tuvo cuerpo humano, Cristo tenía apariencia de un cuerpo humano». Y a lo largo de la historia se han levantado muchísimos movimientos que atacan la doctrina más importante de la iglesia. Algunos han dicho que la doctrina de la justificación por la fe sola es la más importante, y es cierto que es fundamental, pero más importante que la doctrina de la salvación por la sola fe es la doctrina de Cristo. El diablo, desde el inicio de la historia, ha buscado la manera de sacudir esa enseñanza, porque si tú no sabes quién es Jesús —si tú piensas que conoces a Jesús, pero en realidad el Jesús en el que tú crees no es el Jesús de la Biblia— ¿será que realmente lo conoces?
Te voy a poner un ejemplo: imagínate que te pregunto si conozco a un hermano de la iglesia, y alguien me describe que es un hombre chaparrito, güerito, delgadito, de ojos claros. ¿Lo conozco o no lo conozco? No lo conozco. Hermano, necesitamos asegurarnos de que el Jesús al que nosotros conocemos es el Jesús del que habla la Escritura, porque llevamos dos mil años donde este anticristo se ha manifestado de muchísimas maneras, en muchísimos lugares —no como un niño que nace en medio de una tormenta un día cualquiera—. No es eso lo que tenemos que estar buscando. Donde debemos prestar atención es que dentro de la iglesia, dentro de grupos religiosos que, si tú asistes, parecen una iglesia saludable, hay enseñanzas que niegan la enseñanza bíblica de Cristo, y eso está ocurriendo desde hace dos mil años.
Resumen
La aparición de muchos anticristos confirma que la última hora no es un evento futuro, sino una realidad que comenzó hace dos mil años y seguimos viviendo.
Ahora, ¿qué es lo que enseña este anticristo? ¿Cuál es su característica? Observa el versículo 22:
22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. 23 Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre.
Hermano, así que pon atención: cuando hablamos del anticristo en Primera de Juan, no estamos hablando de un personaje futuro —sácate eso de la mente, Juan no está hablando de eso—. Juan va a hablar, más adelante, del espíritu del anticristo, de un movimiento espiritual que está presente en la iglesia, buscando negar activamente quién es Jesús, y buscando, como lo vamos a ver en un momento, engañar y dividir a la iglesia sobre ese tema en específico. Y se ha manifestado de muchas maneras a lo largo de la historia de la iglesia. Mira, la característica del anticristo es que niega quién es Jesús; así de sencillo: niega lo que la Biblia dice sobre Jesús, niega lo que Cristo hizo por nosotros. Y te voy a contar algo: una vez quise comprar una pluma fuente, y la que compré es una imitación —no es pirata, es imitación— de una pluma legendaria; costó baratísimo, mientras que la original cuesta más de cien mil pesos. Si tú no sabes de plumas fuentes eres, como quien dice, un lapicero; si sabes un poquito, a lo mejor has oído hablar de la legendaria Montblanc 149 y de pronto te la presto, y puedes decir «ah, el pastor, ¿cuánta lana tiene?». Pero si se la doy a alguien que sabe de plumas fuentes de verdad, ¿qué crees? No necesita ni siquiera agarrarla para darse cuenta de que es una imitación. Si me estoy explicando, hermano: el anticristo lo que hace es negar lo que la Escritura dice acerca de Jesús, negar lo que Cristo hizo. ¿Y qué necesitas tú para darte cuenta de eso? Conocer lo que la Escritura dice acerca de Jesús. Y las consecuencias son tremendas: todo aquel que niega al Hijo, como dice el texto, tampoco tiene al Padre. Para poder conocer a Dios, para poder tener salvación, no basta con una pluma falsificada; necesitas tener al Cristo de a de veras, al Cristo del que habla la Escritura, y necesitas conocerlo. Porque si el Cristo en el que tú crees no es el Cristo de la Biblia, ¿cómo dice el texto? Que al que niega al Hijo tampoco tiene al Padre.
6 Jesús le dijo: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí.
Cristo dijo esto con mucha claridad. ¿Pero qué ocurriría si el Cristo en el que crees es diferente al Cristo de la Escritura? Significa que has tomado el camino equivocado. Así que, hermano, lo que el anticristo está atacando es quién es Jesús, no cosas secundarias, porque negar a Cristo significa, inevitablemente, no tener al Padre.
Resumen
El anticristo ataca quién es Jesús, no cosas secundarias, y negar al Hijo significa, inevitablemente, no tener al Padre.
Y quiero que veamos algo más en el verso 26.
26 Les he escrito estas cosas respecto a los que están tratando de engañarlos.
Otra vez te repito: la tarea de este espíritu del anticristo es confundir, es corromper la comprensión de Cristo que tenemos. Y déjame decirte algo peligroso: siempre ha habido en las iglesias creyentes que de verdad creen en Jesús, pero —no sé cómo decirte— son un poco ingenuos. Son personas que han creído en Cristo, pero cuya fe no está bien afirmada. Cuando alguien está en Cristo, Cristo mismo compara a quien escucha Sus palabras y las vive con alguien que tiene un cimiento sólido, que está edificado sobre la roca, como dice Mateo 7. Hermanos, si estamos en Cristo, necesitamos tener nuestro cimiento en Él, en Su Palabra; necesitamos conocerlo. Pero siempre va a haber personas a quienes, por cualquier motivo, les gana este engaño —y perdóname por lo que voy a decir, mi intención no es votar pedrada, pero tengo que decirlo—: personas que escuchan una frase bonita, o la ven en internet porque se escucha muy bonito, y dicen «amén» o la empiezan a compartir. Y lo más tremendo es que hay veces que esas frases, aunque muchas no tienen nada de malo, otras veces andan circulando mensajes que se escuchan muy bonitos pero que van en contra de lo que la Escritura enseña. Mi hermano, la tarea de estos anticristos es engañar. ¿Cómo crees que va a venir el anticristo para engañarte? No va a venir a decirte «hola, qué tal, buenas tardes, soy el anticristo que vengo a negar a Cristo»; claro que no. Va a llegar con mensajes convincentes. El anticristo tiene la tarea de engañar, y probablemente los creyentes que no están firmes en la Escritura sean los más fáciles de engañar. Hermano, la doctrina no es un lujo, la lectura de las Escrituras no es algo solo para los cristianos superespirituales: todos los creyentes necesitamos estar creciendo en nuestra comprensión de quién es Jesús, porque hay un agente espiritual activo con la tarea específica de negar a Cristo y engañarnos.
Pero no solamente busca engañarnos. Volvamos al verso 19, por favor.
19 Ellos salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros.
El proceso siempre es el mismo: llega una falsa enseñanza, algo que se escucha muy bonito pero que no está de acuerdo con la Escritura; el engaño llega a un lugar, empieza a germinar, y hay creyentes que empiezan a escucharlo y se dejan engañar, y ese grupito empieza a crecer. Inevitablemente lo que va a ocurrir es una división, porque la verdad de la Escritura no puede tener comunión con la mentira del anticristo. Una iglesia, cuando se divide, siempre hay tristeza —hay otros motivos de división, el más común es el pecado, pero cuando una iglesia se divide, no hay otra manera de sentirlo, porque va en contra de lo que es una iglesia; una iglesia existe para creer en Cristo y para reflejar el amor de Cristo, y una división siempre va en contra del amor de Cristo—. Pero cuando se debe a error, es decir, a herejía, inequívocamente va a haber una división. Lo que Juan está diciendo, hermanos, es: miren, salieron de nosotros porque nunca fueron parte. Se veían como cristianos, cantaban como cristianos, servían como cristianos, pero ¿qué crees? Nunca fueron cristianos, y el hecho de que ellos salieran es evidencia de que nunca lo fueron —vamos a ver en un momento que una de las características de los creyentes es que permanecen hasta el final—. Así que esto es lo que está buscando hacer el anticristo: está buscando engañar deliberadamente, está buscando dividir para apartar de Cristo. Y es precisamente al apartarse que se manifiesta quién no era de Cristo.
Resumen
El anticristo engaña deliberadamente; la división resultante no significa triunfo del error, sino la manera en que Dios manifiesta quién es realmente de Cristo.
Idea clave punto I
El engaño de los anticristos busca que neguemos a Cristo, y es precisamente al apartarse que se manifiesta quién no era de Cristo.
Porque el espíritu del anticristo ya estaba operando en el siglo primero, negando a Cristo, negando su encarnación, negando que Jesús fuera el Hijo de Dios, negando el evangelio. Pero a lo largo de los siglos ha seguido operando de la misma manera: no es la misma mentira, pero es la misma lógica. Lo que el espíritu del anticristo busca es negar a Cristo y su evangelio, y lo vemos en movimientos donde Cristo ya no es el único Redentor, sino que dicen que hay otros redentores; lo encontramos en el liberalismo teológico que, hace cien años, hizo que muchísimas iglesias —y qué tremendo, iglesias cristianas— empezaran a decir que eso de que Jesús nació de la Virgen es una leyenda. Sigue operando: operó hace cien años, hace quinientos, hace mil, y sigue operando hoy. Y, para hablarte con mucha claridad: lamentablemente, lo que la mayoría de las personas no creyentes conocen de los cristianos es el evangelio de la prosperidad, una falsa enseñanza que ofrece prosperidad y bendición sin cruz ni arrepentimiento. Tiene muchas variantes: hay quienes te van a decir que tú tienes dentro de ti todo lo que necesitas para ser un campeón, porque eres hijo de Dios —eso es mentira; dentro de ti lo único que hay es una llaga podrida desde la planta de los pies hasta la coronilla—. O te van a decir que quieres que Dios te bendiga —y nunca se me va a olvidar un sujeto a quien una vez estaba discipulando, que me dijo: «mire, en la antigüedad el Señor pedía sacrificios de animales, pero ahora es diferente; mi pastor, de la iglesia donde yo vengo, ya me lo enseñó: ahora, en lugar de sacrificios de animales, debemos traer dinero»—. Perdón, pero eso es una aberración; el Señor nunca te va a salvar por lo que tú puedas hacer, eso es negar a Cristo. Y tengo que ser muy claro en un punto, porque uno de los movimientos que está creciendo más es este judaísmo mesiánico, que también suena muy bonito: llegan y te dicen que las bases hebreas del Nuevo Testamento significan algo distinto de lo que tú siempre has creído. Déjame decirte algo, hermano: cuando escuches que alguien te empieza a hablar de palabras en hebreo y que las cosas no significan lo que tú siempre has creído, sal corriendo de allí —esa es una herejía—; los pastores que de verdad saben hebreo o griego muy pocas veces lo usan así. Hermano, vivimos expuestos en este mundo caído; hay un engaño en todas partes que busca hacer que niegues a Cristo. ¿Y qué crees? Pablo también nos lo advirtió.
3 Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, 4 y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos.
Cuando alguien tiene comezón, ¿cómo está? Inquieto; sus oídos están inquietos, quieren seguir escuchando, no les basta lo que siempre han oído. Y observa conforme a qué: conforme a sus propios deseos, porque lamentablemente solo hay un Señor, y ese Señor no eres ni tú ni yo, y es difícil seguir a un Cristo que tiene demandas para nosotros. ¿Sabes qué es más fácil? Hacer un Cristo a mi gusto. Acumulan para sí maestros, apartan sus oídos de la verdad y se vuelven a los mitos —historias fantásticas—, y lamentablemente hay muchos que, se manifestará si son cristianos débiles o nunca fueron cristianos, le ponen más atención a los mitos de los predicadores sensacionales de las redes sociales que a la sana doctrina. Así que vamos a pasar al punto dos: ¿cómo podemos asegurarnos de no caer en esto? Porque tenemos una provisión suficiente, la unción del Santo.
II. Una provisión suficiente: La unción del Santo
20 Pero ustedes tienen la unción del Santo, y todos ustedes lo saben.
Unción es una palabra que hoy en día se usa mucho sin entender qué significa. Hay ciertos grupos cristianos, hermanos nuestros, y otros que no son nuestros hermanos, que utilizan esa expresión: dicen, por ejemplo, que los de la alabanza vinieron ungidos, como si tuvieran algo especial, una bendición de Dios aparte; o cuando un mensaje llegó al corazón de alguien, dicen que el pastor vino ungido. ¿Qué crees, hermano? Eso no es unción bíblica. Se escucha como si pudiéramos obtener algo por mérito, o como si fuera algo reservado para unos cuantos escogidos, y no, hermano, no es así. ¿Qué es la unción? Lo primero que tienes que recordar: ¿sabes qué significa Cristo? Mesías. ¿Y qué significa Mesías? Ungido. Cristo significa ungido. En la antigüedad, a quienes se ungía eran a los reyes, a los sacerdotes y a los profetas, y Cristo fue rey, sacerdote y profeta. ¿Con qué fue ungido el Señor?
17 Le dieron el libro del profeta Isaías, y abriendo el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18 «El Espíritu del Señor está sobre Mí, Porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres…
Esa unción con la que Cristo fue ungido es el Espíritu de Dios: el Espíritu que le dio poder para hablar, que lo sostuvo hasta el final y que lo resucitó. Y aquellos que estamos en Cristo hemos recibido sobre nosotros esa misma unción del Espíritu de parte del Padre, por medio de Cristo. Si tú has creído en Cristo, el Espíritu de Dios ya vive en ti; no necesitas hacer cosas especiales para recibirlo, ya lo tienes.
Resumen
La unción que Cristo recibió del Padre por el Espíritu es la misma unción que el Padre, por causa de Cristo, nos ha concedido a cada creyente.
21 No les he escrito porque ignoren la verdad, sino porque la conocen y porque ninguna mentira procede de la verdad.
Mira lo que dice Cristo acerca de qué hace el Espíritu de Dios.
26 Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en Mi nombre, Él les enseñará todas las cosas, y les recordará todo lo que les he dicho.
Una de las primeras tareas del Espíritu de Dios fue inspirar a los apóstoles para que escribieran el Nuevo Testamento, y este texto se cumplió ahí. ¿Pero qué crees, hermano? También se cumple en algo que llamamos la iluminación: cuando cada creyente se acerca a la Escritura en dependencia, pidiéndole al Señor que le muestre Su voluntad, el Espíritu Santo utiliza la Palabra que Él mismo inspiró para iluminar el entendimiento de cada uno, para que cuando estés leyendo la Escritura no solo aprendas información intelectual, sino que te apropies espiritualmente de la verdad.
17 Ahora bien, el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. 18 Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu.
Pablo viene hablando de que los judíos que leen a Moisés tienen un velo, y que los no creyentes pueden leer la Escritura pero no ven a Cristo por ese velo. Pero mira lo que sigue diciendo: todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen, de gloria en gloria, por el Espíritu del Señor. Hermano, cuando leemos las Escrituras, Dios, el Espíritu Santo, ilumina nuestra mente para que, mientras estás leyendo la Palabra, puedas contemplar la gloria de Dios en Cristo. ¿Te acuerdas de lo que Moisés le pedía al Señor en Éxodo 34? «Te ruego que me muestres tu gloria». Moisés no pudo; pero cuando tú lees las Escrituras con fe, puedes contemplar la gloria de Dios. Para nosotros el Espíritu de Dios la hace accesible, y esa es la unción, hermano: la presencia poderosa del Espíritu de Dios en la vida de Sus hijos, para que podamos contemplarlo en las Escrituras.
Resumen
El Espíritu no solo nos guía a la verdad: nos permite contemplar en las Escrituras la gloria del Señor.
Y mira lo que ocurre, porque el que confiesa al Hijo, ¿cómo dice el texto?
23 Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre; el que confiesa al Hijo tiene también al Padre.
Tiene al Padre. Pregunta de examen: ¿te acuerdas qué significa confesar? Es decir públicamente, pero en el contexto original es decir públicamente que tú estás de acuerdo con otra persona. Te lo voy a decir de una manera más sencilla: es proclamar con tu boca y con tu corazón que Cristo es lo que Dios dice que es. Así de sencillo: no solo es creer correctamente en Cristo, es amarlo correctamente. ¿Y qué dice Dios de Cristo? Tres veces el cielo se abrió y se escuchó la misma frase, como si Dios no tuviera nada más urgente que decir:
«Este es Mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mat. 3:17).
«Este es Mi Hijo amado en quien estoy complacido; óiganlo a Él» (Mat. 17:5).
«Este es Mi Hijo amado en quien me he complacido» (2 Ped. 1:17).
Y una vez más, camino a la cruz, cuando el Hijo pide: «Padre, glorifica Tu nombre», el cielo responde: «Y lo he glorificado, y de nuevo lo glorificaré» (Jn. 12:28). Antes de que el cielo se abriera, ya lo había dicho por boca de los profetas y los salmistas:
«Mi Hijo eres Tú, Yo te he engendrado hoy» (Sal. 2:7).
«Dice el SEÑOR a mi Señor: “Siéntate a Mi diestra, hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies”» (Sal. 110:1).
«Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre… Dios, Tu Dios, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros» (Sal. 45:6-7).
«Este es Mi Siervo, a quien Yo sostengo, Mi escogido, en quien Mi alma se complace» (Isa. 42:1).
Hebreos junta estas mismas voces y hace la pregunta que cierra el caso: «¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: “Hijo Mío eres Tú”…? ¿A cuál de los ángeles jamás ha dicho Dios: “Siéntate a Mi diestra”…?» (Heb. 1:5,13). A ninguno; solo al Hijo. Y lo que Dios dijo, Dios mismo lo hizo: «Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor» (Fil. 2:9-11); «Agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud» (Col. 1:19). Mi querido hermano: ¿qué es Cristo para mí? ¿Sabes qué diría Dios? «Me deleito en Él». Si Dios lo dijera, diría: «yo veo a Cristo, Mi Hijo, y mi alma se llena de la más profunda alegría». No solo es conocer la verdad de Cristo, es amar a Cristo. ¿Lo conoces así? ¿Lo amas así? Y te voy a ser honesto: nadie ama a Cristo como Él debe ser amado; por eso combatimos el pecado, que nos distrae y nos hace miopes espiritualmente, pero estamos creciendo, y por eso oramos para que el Señor nos quite las escamas de ceguera de nuestros ojos y nos permita verlo como realmente es. Por eso vamos cada día a Su Palabra, para poder conocerlo como Dios dice que es.
Y observa el resultado: el que confiesa al Hijo, ¿cómo dice? Que tiene al Padre. ¿A qué se refiere? Yo puedo tener algo y decir «es mío, de mi propiedad», pero no se refiere a eso. Déjame ponerte un ejemplo muy simple, pero creo que ilustrativo: yo puedo decir de mi esposa que ella es mía y que yo soy de ella, no porque tenga un título de propiedad, no porque pueda decir «la voy a vender»; es que hay un tipo de amor donde ella es mía y yo soy de ella, y el reflejo imperfecto de eso es el matrimonio. En ese sentido podemos decir que Dios es mío, que el que confiesa al Hijo tiene al Padre, porque Él me ama, porque me ama tanto que jamás me dejará, porque estoy seguro en Él, porque sé que jamás hará nada en contra mía, pues toda la ira que tenía contra mí ya la cargó sobre Su Hijo, y ahora puedo estar siempre seguro.
Resumen
Confesar al Hijo es entrar en comunión con el Padre: no lo poseemos, lo tenemos por Su inmenso amor.
Idea clave punto II
Quien tiene al Espíritu de Cristo puede conocer a Dios como Él es, y tener con Él una comunión real, sostenida solo por Su amor.
Amado, para cerrar este punto: quien tiene el Espíritu de Cristo puede conocer a Dios como Él es, y tener con Él una comunión que se sostiene por Su amor. Déjame pasar al último punto, la respuesta necesaria.
III. Una respuesta necesaria: Permanecer en Cristo
24 En cuanto a ustedes, que permanezca en ustedes lo que oyeron desde el principio. Si en ustedes permanece lo que oyeron desde el principio, ustedes también permanecerán en el Hijo y en el Padre. 25 Y esta es la promesa que Él mismo nos hizo: la vida eterna.
Quiero que observes los versos 24 y 25, porque aquí hay una palabrita que se va a repetir mucho: permanecer. Lo primero que nos va a decir es que debemos permanecer en lo que escuchamos desde el principio. ¿De cuál principio? ¿Mi propio principio, cuando yo empecé a venir a la iglesia? No, tampoco creo que se refiera al Génesis. Juan se refiere al principio de la predicación: la misma verdad que Cristo predicó, que los apóstoles establecieron y que luego la iglesia ha creído durante dos mil años. Tenemos que entender algo: las iglesias bíblicas siempre van a predicar lo mismo. No hay otro mensaje; es más, una buena manera de saber si un mensaje es bíblico es tomar el mensaje de una iglesia y, a lo mejor cambiando los modismos y las ilustraciones, pasarlo al año 200, y los hermanos de hace mil ochocientos años tendrán que decir «amén». Por eso aquí cantamos cantos de más de mil años y podemos decir amén. Lo que puede cambiar son las formas: hace ratito que fallaban las pantallas, alguien nos dijo muy sabiamente que Pablo no tenía pantallas —Pablo no tenía pantallas, ni ventiladores, ni bocinas—, pero el mensaje, ¿qué crees? Era el mismo. Los reformadores predicaron el mismo mensaje; Agustín de Hipona predicaba lo mismo que nosotros. Por eso, hermano, no hay enseñanzas nuevas: si alguien viene y te dice que tiene una enseñanza nueva, desconfía, porque nosotros tenemos que permanecer en lo que oímos desde el principio. A veces hay hermanos que me dicen: «¿por qué no ponemos cantos más viejitos?» —cantos más viejitos no podemos poner; cantamos cantos del año 800—. Cuando alguien pide «cantos viejitos» en realidad se refiere a los cantos de cuando se convirtió, a los que se oían en su iglesia; esos no son cantos viejitos, son cantos nuevos. Los cantos viejitos son los de hace mil, mil quinientos años, y aquí cantamos algunos de esos y otros nuevos, porque la verdad es la misma. Un requisito para permanecer en el Hijo y en el Padre es permanecer en la vieja verdad. ¿Y qué significa permanecer? Escucha esto: permanecer es crecer durante toda la vida en la manera en que comprendo el evangelio y lo vivo. Y eso lo produce el Espíritu de Dios.
Resumen
Permanecer es crecer toda la vida en la misma vieja verdad del evangelio — no una novedad que perseguir, sino una verdad en la que madurar.
Ahora, hay otra característica en el verso 26.
26 Les he escrito estas cosas respecto a los que están tratando de engañarlos. 27 En cuanto a ustedes, la unción que recibieron de Él permanece en ustedes, y no tienen necesidad de que nadie les enseñe.
Ojo, hermanos: cuando dice que no necesitan que nadie les enseñe, si lo lees completo, lo dice con respecto a los que los quieren engañar. Como ustedes ya tienen el Espíritu de Dios, no necesitan que este anticristo les enseñe. En la época de Juan había maestros itinerantes que negaban a Cristo; hoy tenemos reels, videos de YouTube, libros, imágenes bonitas —no digo que no vayamos a escuchar buena doctrina ahí también—, pero dentro de eso te aseguro que mucho está negando a Cristo. Aquellos que tienen el Espíritu de Dios, que conocen el evangelio, lo detectan. ¿Nunca te ha pasado que ves algo y, aunque no sepas ponerle el nombre técnico al error, dices «no, esto no cuadra, este no es el Cristo del que habla la Escritura»? Si nunca te ha pasado, es porque no escuchas nada de otras partes, o porque necesitas crecer. Hermano, hay algo que nos indica que eso está raro, y ya tenemos la capacidad de detectarlo —vuelvo al mismo ejemplo de la pluma fuente: si no conoces la original, no vas a reconocer la falsificación—. Lo que necesitas para detectarlo ya lo tienes, el Espíritu de Dios; lo que necesitas es venir a la Escritura.
Resumen
Ese crecimiento nos capacita para notar cuando algo no concuerda con el evangelio que ya conocemos, y rechazarlo.
Y fíjate lo que dice en el verso 27.
Pero así como Su unción les enseña acerca de todas las cosas, y es verdadera y no mentira, y así como les ha enseñado, ustedes permanecen en Él. 28 Y ahora, hijos, permanezcan en Él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza y no nos apartemos de Él avergonzados en Su venida.
¿Sabes qué produce el Espíritu de Dios en los creyentes verdaderos? Que permanecen en Cristo.
5 Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer.
¿Qué significa permanecer en Cristo? Muy sencillo: es crecer durante toda la vida en la manera en que lo conozco y lo amo. Eso es permanecer en Cristo toda la vida —no un ratito, no cuando estás emocionado, no cuando tuviste un problema, sino toda la vida, hasta tu último aliento—: permanecer conociendo más a Cristo y amándolo más. ¿Por qué? Porque Cristo va a volver, y cuando Él se manifieste, dice, tengamos confianza y no nos apartemos de Él. No puedo usar mejor ejemplo que el que pone el texto: imagínate que te dejan encargado de un negocio, te dicen que vas a ser el referente, que vas a administrar todo, que el dueño va a salir de viaje y va a regresar en unos meses. Si tú te quedas encargado y sabes que el dueño se fue, ¿qué haces? ¿Vendes todo y te vas? Hermano, ¿vas a despilfarrar lo que Cristo te ha dado, o lo vas a administrar? Nosotros estamos esperando Su venida, y nuestro llamado es conocerlo y amarlo más cada día. Observa que no nos llama a hacer obras: no está diciendo «pórtense bien para que cuando Él venga no estén avergonzados», no está diciendo «ofrenden más porque Cristo ya va a venir»; lo que dice es: permanece en Él, conócelo más, ámalo más, para que no nos apartemos de Él avergonzados.
22 Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?“. 23 Entonces les declararé: “Jamás los conocí; apártense de Mí, los que practican la iniquidad”.
Podríamos añadir: «en Tu nombre prediqué el evangelio, en Tu nombre me congregué en una iglesia, toqué en el grupo de alabanza o serví en el ministerio de niños». ¿Sabes qué responde Cristo? Y es interesante lo que no responde: no dice «sí, sí serviste, pero te faltó un diez más». ¿Qué responde? «Nunca los conocí, apártense de mí, hacedores de maldad». ¿Te das cuenta de que no se trata de hacer? Lo más importante no es lo que hagas, lo que des, cómo te portes; lo más importante es conocer a Cristo cada día y amarlo más. Y sé que alguien va a decir que las obras son importantes —sí, las obras son una consecuencia—: cuando tú convives con alguien, cuando estás conociendo a alguien, te vas pareciendo a esa persona, y cuando conoces cada día más a Cristo, cada día te vas a parecer más a Él.
Resumen
Esperamos la venida de Cristo administrando fielmente, por amor y no por obras, lo que Él nos ha encargado, para no apartarnos de Él avergonzados.
Idea clave punto III
Nuestra esperanza en la venida de Cristo se vive hoy permaneciendo fielmente en Su evangelio, creciendo en Él y administrando con amor lo que se nos ha confiado.
Conclusión
Hermano, vimos tres puntos. Primero dijimos que el engaño de los anticristos busca que neguemos a Cristo. Después, que ya tenemos el Espíritu de Dios para poder conocerlo y tener comunión con Él. Y finalmente, que nuestra esperanza en Su venida nos impulsa a ser fieles y a permanecer unidos a Él. ¿Sabes cuál es el problema, hermano? Que vivimos expuestos en este mundo caído a un engaño que busca hacer que neguemos a Cristo, y va a usar todo lo que tenga; pero ya tenemos el Espíritu que nos da lo que necesitamos para conocer la verdad y permanecer en ella. Aunque el anticristo busca negar a Cristo y engañar, el pueblo de Cristo ha sido ungido para discernir la verdad y permanecer en Él.
Así que déjame cerrar con unas ideas, hermano. En primer lugar, necesitas asegurarte de que realmente conoces a Cristo y Su evangelio; el peligro es demasiado alto, el que niega a Cristo no tiene al Padre. Pregúntate si tu fe está bien afirmada, si realmente lo estás conociendo y amando más cada día, o si solo vienes a la iglesia porque hablan bonito o porque se siente bien cantar —no digo que eso sea malo, pero no es suficiente—; asegúrate de que el Cristo en el que crees es el Cristo de la Biblia, y no un engaño fabricado a tu imagen. Y si estás seguro de que has creído en el Cristo de la Biblia, confía en que el Espíritu ya te dio lo que necesitas para conocerlo. Hay creyentes que dicen que no entienden, que les cuesta trabajo leer la Escritura; no te falta inteligencia, te falta fe, porque el Señor nos dijo que si a alguien le falta sabiduría, Santiago no dice «ve y tómate un curso primero»; dice que se la pida a Dios, y Él la da abundantemente y sin reproche. Si te cuesta trabajo entender las Escrituras, cree que ya tienes al Espíritu de Dios, pídele con fe que te permita entender, conocer a Cristo y amarlo; y cree también que ya te dio una iglesia —no me refiero solo al pastor que te puede enseñar, sino a los hermanos a quienes le puedes decir: «oye, fíjate que no entiendo este pasaje, ¿me puedes ayudar?»—. En tercer lugar, esfuérzate en permanecer en la Escritura; leemos la Escritura porque ahí conocemos a Cristo. Imagínate que un día voy a comprarle un regalo a mi esposa en la tienda de un amigo, y le digo que busco un regalo para ella, y él me pregunta qué edad tiene, y le digo «híjoles, no me acuerdo», y me pregunta qué le gusta, y le digo «no sé qué le gusta», y me pregunta cuándo es su aniversario, y tampoco sé. ¿Qué pensarías de mí? O tengo un problema, o no amo a mi esposa, no me importa. ¿Cuál es el problema? Que decimos que amamos a Cristo y no lo conocemos. Hermano, puedes contemplar la gloria de Dios en las Escrituras: permanece, esfuérzate por permanecer en ellas, dedica tiempo, cambia tus horarios si es necesario. Y finalmente, identifica y rechaza el error, porque el internet está lleno de anticristos y necesitas crecer en tu capacidad de detectarlo.
Y si tú nos estás visitando el día de hoy y todavía no has confesado a Cristo, tengo que decirte algo: si no confiesas al Hijo, no tienes al Padre. Mientras sigas sin Cristo, sigues expuesto en este mundo caído al engaño que está teniendo éxito en hacer que niegues a Cristo, porque la única manera de conocer a Dios es por medio de Cristo. Lo que necesitas hacer es confesar que Él es Dios hecho hombre, que padeció la ira de Dios para que tú puedas ser salvo.
Hermanos, si ya tenemos el Espíritu, si ya tenemos todo lo que necesitamos para conocer la verdad, para permanecer en Cristo y para rechazar la mentira, entonces permanezcamos en Él, para que cuando Cristo se manifieste tengamos confianza y no nos apartemos de Él avergonzados en Su venida.
Señor, concédenos que cada día conozcamos más a Cristo y amemos más. Concédenos arraigarnos en Cristo para amarlo, permanecer toda la vida, detectar el error y rechazarlo. Te lo ruego, Señor, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Nota sobre la grabación: la transcripción cubre el sermón completo (00:00:00–01:05:41 del audio del culto). Después del cierre quedan, sin transcribir aquí a propósito, los anuncios de la iglesia (aseo de jóvenes, reunión de hombres del 31 de octubre, cumpleañeros de octubre, ~01:05:43–01:17) y, tras eso, conversación informal post-culto ajena al sermón — ninguno de los dos es contenido del mensaje.