La Encarnación y las Dos Naturalezas
En la plenitud del tiempo Dios el Padre envió a su Hijo eterno,1 la segunda persona de la Trinidad,2 a venir a este mundo como Jesús el Cristo. Él fue concebido por el Espíritu Santo3 y nació de la virgen María,4 tomando para sí mismo una naturaleza enteramente humana con todos sus atributos y debilidades, aunque sin pecado.5 En esta unión, dos naturalezas completas, perfectas y distintas fueron inseparablemente unidas en la persona del Hijo divino sin confusión, mezcla o cambio. Nuestro Redentor actuó en y a través de sus dos naturalezas, humana y divina, de maneras apropiadas a cada una, con ambas naturalezas siendo preservadas y ninguna disminuida por la otra.6 Sus dos naturalezas, humana y divina, están unidas y encuentran expresión en la persona del Hijo eterno.7 Así pues, nuestro Señor Jesucristo, Dios el Hijo encarnado, es completamente Dios y completamente hombre, capaz de ser nuestro todo suficiente salvador y el único mediador entre Dios y el hombre.8
Vida Terrenal y Ministerio
Como el Hijo encarnado de Dios, nuestro Señor Jesucristo inauguró el reino de Dios,9 cumpliendo los propósitos salvíficos de Dios10 y todas las profecías del Antiguo Testamento acerca de Aquel que iba a venir:11 Él es la Simiente de la mujer,12 la Simiente de Abraham,13 el profeta como Moisés,14 el Sacerdote según el orden de Melquisedec,15 el Hijo de David,16 el Siervo sufriente,17 y el Mesías designado por Dios.18 Como tal, Él fue ungido por el Espíritu Santo19 y vivió una vida sin pecado20 en completa obediencia a su Padre.21 Jesús entró a una existencia humana completa, soportando las debilidades comunes, las tentaciones, y los sufrimientos de la humanidad. Él reveló perfectamente el carácter de Dios,22 enseñó con autoridad divina y absoluta veracidad,23 difundió el amor y la compasión de Dios,24 y demostró su señorío por medio de obrar milagros25 y del ejercicio de prerrogativas divinas.26
Muerte, Resurrección, y Reinado
Habiendo obedecido completamente a su Padre en vida, nuestro Salvador fue también obediente hasta la muerte.27 Él fue crucificado bajo Poncio Pilato, muriendo una muerte sustitutoria por los pecados de su pueblo.28 Él fue sepultado y se levantó corporalmente de los muertos al tercer día,29 vindicando su identidad y obra salvífica como el Mesías de Dios30 y garantizando la derrota de la muerte, nuestra resurrección futura, y la glorificación de nuestros cuerpos físicos.31 Cuarenta días después, Jesús ascendió corporalmente al cielo,32 donde está ahora entronizado a la diestra de Dios,33 reinando sobre todas las cosas,34 e intercediendo por su pueblo como su Gran Sumo Sacerdote.35 Un día Él regresará para juzgar a todas las personas y a todos los ángeles,36 pues pondrá a todos sus enemigos bajo sus pies y habitará con su pueblo para siempre.37
Footnotes
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Juan 3:16; Gal 4:4. ↩
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Juan 1:1-2; Heb 1:3. ↩
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Luc 1:35. ↩
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Mat 1:23; Luc 1:34. ↩
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Juan 1:14; Heb 2:16-17; 4:15. ↩
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Marcos 4:35-41; 11:12; Luc 2:52; 6:6-10. ↩
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Juan 1:14; Heb 1:1-3. ↩
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Hech 4:12; 1 Tim 2:5. ↩
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Marcos 1:15; Mat 12:28. ↩
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Isa 53; Hech 4:12; Rom 3:21-22; 2 Cor 1:20. ↩
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Luc 24:44; Juan 5:39. ↩
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Gen 3:15; Rom 16:20. ↩
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Gen 15:18; 17:8; Mat 1:1, Gal 3:16 ↩
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Deut 18:15; Hech 3:22-26. ↩
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Sal 110:4; Heb 5:5-6. ↩
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2 Sam 7:16; Mat 1:1; 22:42-45. ↩
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Isa 53:3-6; Marcos 10:45. ↩
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Dan 9:25-26; Mat 16:16. ↩
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Mat 3:16. ↩
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Heb 2:16-17; 4:15. ↩
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Juan 5:19; Fil 2:8. ↩
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Juan 1:14, 18; 14:9-11; Heb 1:1-3. ↩
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Marcos 1:22; Juan 12:49-50; 14:10-11. ↩
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Mat 9:36; Marcos 6:34; Juan 13:1, 34; 14:21. ↩
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Mat 8:1-17; Marcos 2:1-12; Luc 7:11-17; Juan 2:1-11. ↩
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Mat 11:27; Marcos 2:5-12; Juan 9:39; 10:9, 11; 20:28-29. ↩
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Fil 2:6-7. ↩
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Isa 53:5-12; 2 Cor 5:21; Rom 3:24-25; 1 Ped 3:18. ↩
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Mat 28:1-10; Marcos 16:1-18; Luc 24:1-12; Juan 20:1-10; 1 Cor 15:3-4. ↩
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Hech 2:32-33; 4:10; 13:32-39; 17:31; Rom 1:3-4; 4:25. ↩
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1 Cor 15:20-57. ↩
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Luc 24:50-53; Hech 1:9 ↩
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Hech 2:33; 5:31; 7:55-56; Rom 8:34; Efe 1:20; Heb 1:3; 8:1; 10:12. ↩
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Mat 28:18; Juan 17:2; Heb 1:3. ↩
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Heb 4:14; 7:25; 10:21. ↩
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Mat 25:31-32; Rom 2:16; 2 Tim 4:1. ↩
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1 Cor 15:25-27; Heb 2:8. ↩