Alcanzar los objetivos propuestos requiere la vida de creyentes fieles que comprenden la envergadura de su tarea y que reciben capacitación constante para alcanzarla.
Servir al Señor es un privilegio que recibimos por Gracia. Sin embargo, cuando vamos a la Escritura, vemos que esta gracia no invalida la necesidad de cubrir requisitos bíblicos. Tal y como lo vemos en los ancianos y los diánocos. Un maestro debe ser un miembro de la iglesia local de buen testimonio, cuya vida cumple los requisitos de los diáconos de 1 Tim 3:8-13. Además, debido a la naturaleza y las demandas de este ministerio las siguientes características son necesarias: