
Taller de Entrenamiento en Adoración y Ministerio
Una visión clara del
Dios todoglorioso
(08 Principios para el ministerio de adoración)
La verdad bíblica
Éxodo 3:2–6 (NBLA)
2Y el ángel del SEÑOR se le apareció en una llama de fuego, en medio de una zarza. Al fijarse Moisés, vio que la zarza ardía en fuego, pero la zarza no se consumía. 3Entonces Moisés dijo: «Me acercaré ahora para ver esta maravilla, por qué la zarza no se quema»
4Cuando el SEÑOR vio que Moisés se acercaba para mirar, Dios lo llamó de en medio de la zarza, y dijo: «¡Moisés, Moisés!». Y él respondió: «Aquí estoy». 5Entonces Dios le dijo: «No te acerques aquí. Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa»
6Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob». Entonces Moisés se cubrió el rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.
1. Lee con cuidado el v. 5 ¿Qué le pidió Dios a Moisés? ¿Por qué?
¿Por qué Moisés reaccionó de tal manera? (v. 6)
Y Moisés dijo al Señor: «El pueblo no puede subir al monte Sinaí, porque Tú nos advertiste: “Pon límites alrededor del monte y santifícalo”». 24Entonces el SEÑOR le dijo: «Ve, desciende, y vuelve a subir, tú y Aarón contigo; pero que los sacerdotes y el pueblo no traspasen los límites para subir al SEÑOR, no sea que Él se lance contra ellos». (Éxodo 19:23-24)
1. ¿Por qué el Señor hace advertencias tan severas?
2. ¿Qué te dice esto de la gloria y santidad de Dios?
18 Entonces Moisés dijo: «Te ruego que me muestres Tu gloria» 19 Y el SEÑOR respondió: «Yo haré pasar toda Mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del SEÑOR delante de ti. Tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión». 20 Y añadió: «No puedes ver Mi rostro; porque nadie me puede ver, y vivir» (Éxodo 33:18–20)
¿Qué dice el v. 20 de la santidad y la gloria de Dios? ¿Por qué?
Éxodo 34:6–9
6 Entonces pasó el SEÑOR por delante de él y proclamó: «El SEÑOR, el SEÑOR, Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad (fidelidad);
7 que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación»
8 Moisés se apresuró a inclinarse a tierra y adoró, 9 y dijo: «Si ahora, Señor, he hallado gracia ante Tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros, aunque el pueblo sea terco. Perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por posesión Tuya»
¿Cómo reaccionó Moisés al ver una pizca de la gloria de Dios?
34Entonces la nube cubrió la tienda de reunión y la gloria del SEÑOR llenó el tabernáculo. 35 Moisés no podía entrar en la tienda de reunión porque la nube estaba sobre ella y la gloria del SEÑOR llenaba el tabernáculo (Éx 40:34–35.)
¿Qué impidió la entrada de Moisés al Tabernáculo?
Para pensar
¿Qué te dicen todos estos pasajes de la gloriosa santidad de Dios?
¿Cómo deberíamos acercarnos a Él?
¿Cómo debería esta visión afectar nuestra vida cotidiana?
CORAM DEO
¿Cómo debería esto afectar nuestro tiempo de adoración personal?
¿Cómo debería esto afectar nuestro tiempo de adoración congregacional?
La gloria de Dios y nuestra adoración
Aclamad a Dios con alegría, toda la tierra. 2 Cantad la gloria de su nombre; Poned gloria en su alabanza. 3 Decid a Dios: ¡Cuán asombrosas son tus obras! Por la grandeza de tu poder se someterán a ti tus enemigos. 4 Toda la tierra te adorará, Y cantará a ti; Cantarán a tu nombre. Salmo 66:1–4 (RV60)
¿Por qué debemos aclamar y cantar al Señor?
¿Quiénes le adorarán?
¡Cuán preciosa es, oh Dios, Tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se refugian a la sombra de Tus alas. 8 Se sacian de la abundancia de Tu casa, Y les das a beber del río de Tus delicias. 9 Porque en Ti está la fuente de la vida; En Tu luz vemos la luz. (Salmo 36:7–9)
¿Cómo conciliamos este Salmo con los pasajes en Éxodo?
El principio:
Nuestra prioridad durante el tiempo de adoración corporativa es mostrar a Dios como el todoglorioso Rey y Señor para que la Iglesia pueda contemplarlo por la fe y así el Espíritu encienda nuestros corazones a adorarlo con convicción y pasión.