
A. Ofrendas y diezmos regulares
Desde el Antiguo Testamento vemos que Dios llama a su pueblo a dar voluntariamente para el sostenimiento de su casa y de quienes sirven en ella. A lo largo de la historia bíblica, la iglesia de Dios ha sido sostenida principalmente por la provisión sobrenatural de Dios, y el acto igualmente milagroso de Dios moviendo el corazón de su pueblo a dar generosamente.
En GSO recibimos nuestros recursos principalmente por medio de las ofrendas y diezmos voluntarios de nuestros miembros, como respuesta a la gracia de Dios y como participación en la misión de la iglesia.
En este documento usaremos “ofrendas y diezmos” para referirnos a la ofrenda regular, voluntaria y proporcional que cada miembro aparta de sus ingresos como adoración al Señor, y “ofrendas especiales” para referirnos a aportes adicionales, en momentos específicos, para necesidades o proyectos particulares.
B. Ofrendas especiales
Las ofrendas especiales son expresiones adicionales de generosidad para necesidades concretas.
1. Ofrendas para creyentes en necesidad
El Nuevo Testamento presenta el ejemplo de ofrendas especiales para hermanos en necesidad (por ejemplo, los creyentes pobres en Jerusalén). Entendemos que es legítimo, e incluso deseable, que ocasionalmente levantemos ofrendas especiales para suplir necesidades extraordinarias de creyentes cuya fidelidad y reputación han sido comprobadas, procurando no fomentar actitudes de dependencia pecaminosa.
Estas ayudas deben ser dirigidas bajo la supervisión pastoral, pues los pastores son responsables de velar por la salud espiritual del cuerpo.
2. Ofrendas para la misión y la plantación
También vemos a iglesias participando en la misión por medio de ofrendas para sostener a plantadores y obreros del evangelio. Como iglesia local que forma parte de Gracia Soberana Churches, consideramos un privilegio participar financieramente en:
- plantación de iglesias,
- proyectos de evangelismo local.
- otros esfuerzos misioneros de nuestra familia de iglesias
Estas ofrendas especiales se verán como oportunidades de gracia, no como cargas.
C. Ventas, rifas y otras colectas
1. Nuestra realidad
En nuestra región existen tradiciones como ventas de alimentos, rifas, cuotas de recuperación, monetización de materiales, e incluso pequeños negocios e iniciativas informales de recaudación. En nuestra propia historia hemos recurrido a algunas de estas prácticas, a veces con buenos resultados económicos, pero también con tensiones y conflictos.
Al mirar la Escritura no vemos a la iglesia generando fondos por vías comerciales recurrentes, sino dependiendo de la provisión de Dios y de la generosidad de su pueblo. Reconocemos, sin embargo, la tensión real entre el deseo de avanzar en la misión y los límites del presupuesto.
2. Principios para evaluar iniciativas de recaudación
Dado que no todo está legislado explícitamente, nos regimos por algunos principios bíblicos:
- Oración antes que planificación
Planificar es necesario, pero debemos hacerlo en humilde dependencia del Señor, expresada en oración constante. No vemos las finanzas como un área “técnica” separada de la vida espiritual, sino como parte integral de nuestra adoración y dependencia del Espíritu. - Fe en la provisión y sabiduría de Dios
Creemos que Dios provee para su iglesia cuando busca primero su reino, y que a veces la falta de recursos es una invitación a esperar o a replantear prioridades. No queremos tomar decisiones dominadas por la ansiedad financiera. - No descuidar la misión por buscar recursos
Recaudar fondos nunca debe desplazar nuestra misión de hacer discípulos ni afectar la participación en la vida congregacional (reuniones, discipulados, comunión, etc.). Tampoco haremos actividades que dañen nuestro testimonio o transmitan que “servimos al dinero”. - Proteger amor y unidad
Ninguna iniciativa de recaudación debe fracturar la unidad, producir resentimiento o promover favoritismos. Procuraremos involucrar a creyentes maduros, resolver conflictos a la luz del evangelio y aplicar principios de disciplina y reconciliación bíblica cuando sea necesario. - Reflejar la generosidad de Dios
Todo lo que somos y tenemos procede de la gracia de Dios. Por eso queremos que nuestras decisiones financieras y nuestras actividades de recaudación muestren una generosidad visible hacia miembros, visitantes y necesitados, especialmente evitando una cultura de “cobros por todo”. - Basar decisiones en la Palabra, no en los resultados
No todo lo que “funciona” económicamente es legítimo bíblicamente. Priorizamos la obediencia a la Palabra sobre los resultados visibles, reconociendo que habrá áreas grises que exigen oración, consejo y prudencia. - Respeto a la autoridad pastoral
Dios pedirá cuentas a los pastores por la dirección de la iglesia, lo que incluye decisiones financieras. Los pastores deben liderar con humildad y consulta, pero asumen delante del Señor la responsabilidad última. La iglesia, por su parte, está llamada a orar por ellos y seguir su liderazgo.
3. Lineamientos prácticos sobre ventas, rifas y colectas
Con base en lo anterior, y buscando honrar a Dios y cuidar a la iglesia, seguimos estos lineamientos (revisables periódicamente):
- No realizaremos rifas o sorteos para recaudar fondos, para evitar confusiones con juegos de azar y motivaciones centradas en la ganancia.
- En general evitaremos hacer de la venta de alimentos o productos una práctica regular de recaudación después del culto; en lugar de ello, fomentaremos comidas comunitarias y espacios de comunión voluntarios.
- Cualquier colecta adicional a las ofrendas regulares debe ser conocida y aprobada por el pastor; no habrá colectas “por fuera” del liderazgo, ni siquiera con propósitos aparentemente nobles.