
A. Motivación correcta
i. Ofrendar como respuesta a la salvación de Dios
Todo le pertenece al Señor; Él no necesita nuestro dinero ni nuestros sacrificios. Nuestras ofrendas y diezmos no son un intento de “darle algo que le falte a Dios”, sino una respuesta agradecida a su salvación y a sus misericordias.
En Cristo hemos sido liberados de la condenación y hechos hijos de Dios. Por eso ofrendamos y diezmamos como sacrificio de gratitud, no como pago ni como medio para ganar favor.
Idea Clave:
Ofrendamos y diezmamos como respuesta de adoración a la salvación y a la gracia que Dios nos ha dado en Cristo.
ii. Nuestras ofrendas reflejan nuestra entrega total
El Señor nos llama a ofrecernos por completo a Él: cuerpo, tiempo, dones, recursos, todo lo que somos. Los creyentes que se dieron “primeramente al Señor” también se dieron generosamente para la obra, aun en medio de pobreza y aflicción.
Idea Clave:
La manera en que participamos en ofrendas y diezmos refleja el estado de nuestro corazón y nuestro deseo de entregarnos por completo al Señor.
iii. Dar sacrificialmente
El corazón del creyente, transformado por la gracia, no busca dar lo mínimo posible, sino honrar al Señor con lo mejor. En el evangelio vemos que Dios nos dio lo más precioso, a su propio Hijo; eso nos mueve a dar de forma sacrificial y gozosa, no de lo que nos sobra.
B. ¿Cuándo y dónde debemos ofrendar y diezmar?
Entendemos que nuestras ofrendas y diezmos forman parte de nuestra adoración congregacional. El patrón bíblico muestra al pueblo de Dios llevando sus contribuciones cuando se reúne como asamblea para adorar.
Por ello, damos prioridad a participar de las ofrendas y diezmos durante el culto de adoración dominical, sin excluir otros medios prácticos (como transferencias) cuando sean útiles.
Motivos pastorales y prácticos
En nuestra experiencia, cuando los hermanos “ponen de su bolsa” directamente para ministerios sin pasar por el presupuesto de la iglesia, pueden surgir problemas: desgaste de servidores, confusión en la administración, desigualdades y tentaciones de orgullo o control.
Por eso:
- la norma es que los ministerios sean sostenidos por el presupuesto oficial de la iglesia.
- Animamos a los servidores que participan generosamente en ofrendas y diezmos a no sustituir esa participación con gastos personales ocultos.
- Cuando un ministerio tiene necesidades no previstas, estas deben comunicarse a los líderes correspondientes para que, en oración, se discierna si:
- Se espera la provisión del Señor,
- Se reordena el presupuesto
- Se propone una ofrenda especial legítima.
C. ¿Cuánto debemos ofrendar y diezmar?
i. El diezmo como principio, no como imposición legal
El diezmo (la décima parte) fue regulado bajo la ley para sostener el culto, a los levitas y a los necesitados. En el Nuevo Testamento, Cristo nos libera de la maldición de la ley, de manera que ya no diezmamos por temor al castigo, sino por gracia.
Creemos que en la era de la iglesia el 10% no es una regla legal vinculante, sino un principio útil que apunta a:
- Una generosidad proporcional
- Una justicia superior a la de los fariseos.
- La libertad para dar aún más, movidos por el amor a Cristo.
Nadie (miembro o visitante) está obligado a ofrendar o diezmar; es un privilegio de la gracia. Debido a abusos en nuestra región, queremos evitar lenguaje que insinúe obligación o maldición.
ii. La gracia como motivación
Hemos recibido todo por gracia: vida, salud, trabajo y sobre todo salvación. Esa gracia nos impulsa a un estilo de vida marcado por la generosidad radical para la misión, no por la culpa ni por promesas de prosperidad económica.
Cuando oramos por las ofrendas en el culto, procuramos señalar:
- La gracia de Dios en Cristo como motivación principal,
- La participación en la misión al dar
- La confianza en la provisión del Señor, no la búsqueda de enriquecimiento personal.
iii. Cómo pensamos la cantidad de manera práctica
En la práctica, muchos creyentes encuentran útil usar el 10% como referencia inicial para ordenar sus finanzas, pero no como una obligación rígida. Algunos darán menos en ciertos momentos, otros podrán dar más, pero todos somos llamados a crecer en generosidad, proporcionalidad y sacrificio, conforme Dios provee.
D. ¿Cómo vamos a participar?
i. En casa
La participación comienza antes del culto, en oración y planificación:
- Ora y decide una cantidad, proporcional a tus ingresos, como respuesta a la gracia de Dios.
- Aparta esa cantidad con anticipación (muchos lo hacen al recibir su salario).
- Esfuérzate por mantener el compromiso que hiciste delante del Señor, evitando tomar de lo que ya apartaste para otros fines.
ii. Durante el culto
En el contexto de nuestra reunión dominical:
- Habrá sobres disponibles en la recepción.
- Los sobres estarán rotulados con dos opciones: “Diezmo” y “Ofrenda especial”. Elige la que corresponda.
- Durante el tiempo de adoración, un pastor o hermano designado dirigirá una oración por las ofrendas y diezmos, y luego invitaremos a la iglesia a pasar y dar como acto visible de adoración.
iii. Preguntas frecuentes
- ¿Poner el nombre en el sobre?
La Biblia enfatiza la motivación del corazón más que el método externo. En GSO normalmente no pedimos escribir el nombre en los sobres, para proteger la consciencia y evitar presiones innecesarias, aunque puede hacerse en casos particulares (por ejemplo, para efectos fiscales). - ¿Puedo ofrendar por transferencia u otros medios?
Sí. No hay impedimento bíblico para hacerlo. Sin embargo, animamos, cuando sea posible, a que la participación esté conectada al acto de adoración congregacional, aun si el medio es electrónico.